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1994: la tormenta perfecta

1994: la tormenta perfecta

Un candidato reformista a la presidencia es asesinado, se conjura un alzamiento guerrillero y se desata una feroz crisis económica tras el tratado de libre comercio que prometía boleto al Primer Mundo. Ni el guión más imaginativo podría superar la durísima travesía de México hace un cuarto de siglo narrada en el documental 1994 disponible en Netflix.

“Colosio era un boy scout, era el muchacho que quiere hacer cosas buenas o su obra buena del día (…). Y la clase política no iba a permitir que un boy scout gobernara”. Esta opinión proviene del subcomandante Galeano. ¿No les suena? Hasta 2014 fue conocido como subcomandante Marcos, el popular vocero y uno de los líderes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, que se alzó en armas el 1 de enero de 1994 en el estado de Chiapas, como voz de protesta a la situación de los indígenas y planteando reformas radicales al sistema mexicano.

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La fecha podría ser el punto de partida de este documental disponible en Netflix pero 1994 arranca cronológicamente antes, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari iniciado en 1988, enésimo mandatario representante del Partido Institucional Revolucionario, PRI, que durante 70 años gobernó México. Una dinámica de poder implacable que en el primero de cinco capítulos de esta contundente investigación, es definida como una “dictadura perfecta” por Mario Vargas Llosa, cuando describe cómo la colectividad de centroderecha fundada hace 90 años se eternizó en el poder simulando una democracia.

Carlos Salinas de Gortari.

Salinas de Gortari quiso pasar a la historia con un mando marcado por la modernización del país. Fue el periodo en que México creyó en la posibilidad cierta de superar el subdesarrollo mediante el tratado de libre comercio firmado por toda América del norte en diciembre de 1992. El ex presidente es uno de los principales entrevistados del documental y si bien aborda las consecuencias de ese pacto que derivaron en una catástrofe financiera hacia el final de su mandato, Salinas es una de las voces que contribuye a describir al personaje que funciona como eje en la serie, Luis Donaldo Colosio, el candidato a sucederle en la presidencia como dictaba la tradición, designado por el mandatario en ejercicio.

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Colosio era joven —43 años cuando asumió la designación— y particularmente carismático. Tenía estudios superiores en EE.UU. y Austria, y mediáticamente aprovechó cuanto pudo el cargo de Secretario de Desarrollo social. No hubo mayores sorpresas al ser designado como el candidato del PRI a fines de noviembre de 1993. Pero su nominación dejó, como siempre, heridos en el camino con sed de venganza.

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La campaña se vio eclipsada casi de inmediato cuando estalló el conflicto en Chiapas y es aquí donde comienzan las maniobras que dejan chicas las tramas de House of cards. El gobierno de Salinas puso como mediador en el conflicto a uno de los competidores por la presidencia, Manuel Camacho Solís, que había criticado públicamente no ser el designado, algo que nadie había hecho hasta entonces. Camacho sacó todo el partido posible al puesto y durante los primeros meses de 1994 acaparó la atención de los medios al conseguir un pre acuerdo de paz con el EZLN que había seducido mediáticamente al mundo, mientras en México las élites exigían acciones inmediatas.

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Salinas no da el nombre pero habla de un magnate de la televisión que le exigió aniquilar a la fuerza guerrillera. Según cuenta Agustín Basave, amigo de Colosio, “fueron meses sórdidos enero, febrero y marzo, muy complicados. Me contaba Diana (esposa de Colosio) que (…) en febrero de 1994, le dijo: ‘Me quieren fregar’ con otra palabra. ‘Me quieren fregar, me quieren quitar la candidatura, pero no me voy a dejar’”.

El 6 de marzo Colosio da un discurso en el monumento a la revolución en el DF interpretado como una señal de quiebre hacia el gobierno y las tradiciones del PRI. “Expreso mi compromiso”, proclamó, “de reformar el poder para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo”.

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En el documental Salinas de Gortari no lo ve así. Aún más. Asegura ante la cámara que conocía el contenido del discurso porque Colosio le envió el texto y que sólo le aconsejó no rechazar facultades del mando “que después vas a poder necesitar en el ejercicio de la presidencia’”.

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El video tomado desde cierta altura es lo suficientemente nítido para ver que Luis Donaldo Colosio camina en medio de una multitud apretujado avanzando apenas en un mar de cabezas arremolinadas, y de pronto irrumpe un revólver por detrás de la oreja derecha y suelta un disparo mientras otro tiro, que no se advierte en cámara, le da en el abdomen. Se desata el caos en la humilde localidad de Lomas Taurinas en Tijuana. El candidato que prometía acabar con el autoritarismo en un partido que gobernaba sin interrupción, muere casi dos horas más tarde en el hospital.

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De inmediato es atrapado Mario Aburto Martínez. Casi lo linchan. Tiene 22 años y ya en manos de la policía se niega a responder. Luego dice que todo está en un libro que escribió donde expresa caóticamente y con faltas de ortografía una especie de proclama desorbitada en favor del pueblo. Aburto se manifiesta muy interesado en llamar la atención y su comportamiento sugiere cierto desequilibrio mental. La ciudadanía se confunde entre las primeras imágenes con su rostro sangrante, el pelo y la ropa revuelta, y luego la persona presentada a los medios tras rejas. El tipo parece más grande y su mirada desafía a las cámaras.

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“El gobierno que siguió al mío y que derivó su oportunidad de la tragedia de la muerte de Donaldo Colosio, sin duda tenía una obligación moral de hacer una investigación objetiva y no lo hizo los dos primeros años”. Salinas de Gortari pronuncia estas palabras en alusión de Ernesto Zedillo, su sucesor en el mando. Sin pestañear agrega, “y debió haberlo parado en el primer momento en que empezaron con las fabricaciones”.

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Salinas no es explícito, pero las “fabricaciones” aluden a la creencia popular en México de su responsabilidad tras la muerte de Colosio. Los más cercanos al asesinado candidato siguen creyendo que es imposible que Mario Aburto Martínez sea el único responsable, y cómo la presidencia de Zedillo hizo muy poco por resolver definitivamente las suspicacias en torno al crimen, considerando la férrea amistad que le unía a Colosio. Parece el argumento de una serie de intrigas cortesía de Televisa, pero en medio de todo este drama estaba el pueblo de México, que hasta el día de hoy no sabe a ciencia cierta si la muerte del hombre que prometía reformas fue obra de un solo tipo.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras