Culto
Chancho en Piedra: “Los 90 fue la mejor época. Las mejores bandas, los mejores discos, el mejor sonido”

Chancho en Piedra: “Los 90 fue la mejor época. Las mejores bandas, los mejores discos, el mejor sonido”

Los hermanos marranos están de fiesta. Enfrentaron la peor crisis de su carrera —la salida de K.V.Zón— de la mejor manera y hoy, con C-Funk afiatado en la alineación titular, preparan la celebración de su primer cuarto de siglo —porque, dicen, quieren ir por más—. “Toño”, histórico baterista de la banda, se refiere a estos cambios y repasa la trayectoria de los pioneros del funk-rock nacional en Culto.

Es el último jueves de julio. El reloj señala las 13.05 pe eme: acaso para la mayoría, por costumbre, hora de comer. Pero no para Leonardo Corvalán: al menos, no los últimos días. Para el “Toño”, el nombre postizo con el que lo rebautizaron hace ya más de cuatro décadas, es apenas uno de los pocos espacios en los que puede atender el llamado de Culto. ¿Motivos? Una agenda repleta de ensayos de Chancho en Piedra… o los 25 años de Chancho en Piedra.

—¿25 años? Cuando erai un pendejo de veinte…, era difícil —reflexiona el baterista, justo antes de comenzar la reconstrucción de un viaje soñado, que comenzaría un buen día de 1994.

Verano de 1994, para ser más exactos: se parece a un siglo, a toda una vida. Fue allí cuando Pablo Ilabaca —K.V.Zón— y Eduardo Ibeas —Lalo—, a quienes conocía del Liceo Manuel Arriarán Barros, Don Bosco, se presentaron en su casa para hacerle una oferta. El dúo lo invitaba a participar de un proyecto aún en pañales: Pig in stone, su banda. “Toño”, que tocaba batería desde hace unos años, pasó una suerte de prueba que consistía, según recuerda, en tocar algunos hits de los Red Hot Chili Peppers —fundamentales en acercar a los integrantes— y otro puñado de composiciones propias. Fue el punto de partida: luego se sumaría Felipe, hermano de Pablo, y vendrían las primeras tocatas con amigos haciéndoles el aguante; la chilenización del nombre; esa aleación de funk y rock tan propia que en tan sólo un año les valió la oferta de un sello; los Juanitos y los vestuarios; la irreverencia y la constante crítica, otra marca registrada; acaso una esencia siempre adolescente; Peor es mascar lauchas, La dieta del lagarto, Ríndanse terrícolas, Marca Chancho; un sinfín de proyectos y “gustitos”: el éxito. Y los años, por supuesto.

—¿Cómo recordái el inicio de la banda, esas primeras tocatas?

—Me acuerdo de tocar mucho Nirvana y los Rage Against the Machine. Nos gustaba toda esa corriente y fue lo que nos unió en realidad, porque yo igual venía de un mundo más metalero. Pero igual era el metalero un poquito más abierto, que podía escuchar otras cosas. Porque en esa época cuando, no sé poh, uno se iba a juntar al paseo Las Palmas con los thrasher, había locos que eran súper cerrados y que no escuchaban otra música, que no aceptaban otro tipo de música. Yo ahí descubrí los Red Hot Chili Peppers o Mordred, una banda gringa que mezclaba funk con metal en los años noventa. Después, cuando conocí a los chiquillos, empecé a cachar a Living Colour, los Rage Against the Machine, Primus y todas esas bandas que nos influenciaron. Cuando nos juntábamos a ensayar en mi casa, salían ideas, riffs, ritmos que igual se asemejaban mucho a esas bandas que nos gustaban, poh. Aparte que al Lalo le gustaba también esa parte más funk y al Felipe, no sé, le gustaba harto Rush…, entonces como que se mezclaban muchas cosas, muchos gustos musicales, y ahí se armaba. Ese fue como el mortero: de ahí salió Chancho en Piedra.

—¿Cuándo fue que decidieron lanzarse con todo como banda?

—Personalmente no tenía mucho que perder, porque ya había estudiado Administración de empresas sin éxito y un poco Dibujo, también me gustaba ese mundo, pero tampoco como que me llenaba. Y ya cuando cachamos que la música y que la banda estaba bien, porque al año de estar juntos nos habían ofrecido un contrato, fue como ¡guau! démosle pa’ adelante. Y ahí empezamos y fuimos parte del nuevo rock chileno de los noventa. Sentimos que era algo importante y que, para lograr todo lo que queríamos, teníamos que dedicarnos solamente a eso, ensayar harto, juntarse harto con la gente del sello, planear qué hacer, cómo hacerlo. Así fue como nuestros primeros años fueron bien prolíficos, porque más o menos en cinco años de trayectoria ya teníamos tres discos prácticamente. Entonces, trabajamos muy bien y con las cosas claras desde el inicio.

Lo más difícil de esos primeros años, dirá “Toño”, estuvo relacionado al ámbito familiar: aún recuerda haberse perdido el casamiento de su hermana por andar de gira y, también, los malabares que hicieron sus compañeros buscando un reemplazo para algún show para poder asistir al nacimiento de sus hijos. “Si estabai pololeando también era complicado, porque era ‘me voy por dos semanas’ y pa’ una relación no era lo mejor, así que muchos ahí estuvimos harto tiempo solteros por lo mismo, jajajá. Era disponer del tiempo de todo para Chancho en Piedra, porque al final yo veía más a los chicos que a mi propia familia”, explica.

—En esos primeros años me acuerdo que se los comparaba harto con los Red Hot, por el sonido y el estilo. ¿Cómo se tomaban ese tema?

—La cosa es que cuando sale una banda, siempre dicen ‘ah, estos son iguales a estos’ o ‘esto suena como esto’. Hasta el día de hoy hay bandas y gente que compara cierta música o ciertos estilos de bandas con otra. Ha pasado siempre. Nosotros aceptamos e igual, puta, bacán, porque Red Hot Chili Peppers es una banda de culto dentro de lo que es Chancho en Piedra, un ejemplo a seguir por su historia, por todo lo que han logrado. Así como también pasa con otras bandas, como Faith no More.

—Algo que caracterizó el estilo de Chancho en Piedra fue el tema de sus letras, con un cierto tono humorístico, acentuando también harto la chilenidad e incluyendo harta crítica social. ¿Cómo llegaron a eso?

—Sí, siempre el sarcasmo y la ironía han sido nuestra carta de presentación, la irreverencia. Nos gustaba mucho el humor, por ejemplo, no sé poh, crecimos con la televisión: mucho Jappening con Ja…, o con lo popular, con Condorito, con Mampato. Y del extranjero nos gustaban grupos artísticos como Monty Python, que eran súper irreverentes también y hasta ridículos, nos encantaba eso. Musicalmente también harto Parliament, Earth Wind and Fire, los mismos Red Hot, que salían con cada cosa. Y también, no olvidar, Florcita Motuda, que fue un gran pilar pa’ nosotros. Lo conocimos súper jóvenes y nos habló bastante, nos contó de su historia, de su forma de ser y eso nos contagió bastante.

—Me hablaste de la irreverencia. ¿Cómo la tratan de mantener hoy, después de tanto tiempo?

—Yo creo que es porque estamos en contacto con lo que pasa acá en Chile, con la contingencia. Tú me hablabai hace un ratito de las letras también, que son muchas cosas, temas que siguen siendo actuales. Por ejemplo, “Guach perry”, que habla un poco de un perro guacho, que si lo llevái a la escala humana también es una persona que está sola, que lo pasa mal, que tiene problemas. Cosas que son actuales: hoy todavía hay gente que vive en la calle y es difícil. Para hablar de esos temas, nosotros le buscamos la vuelta a, por ejemplo, hablar de animales para criticar algo, como en “Animales disfrazados”, que también trata un poco de eso: cuando en ciertos locales se reserva el derecho de admisión y esas cosas. Muchos de esos temas nos preocupan y los tratamos de plasmar en las letras. Hoy, Chancho en Piedra tiene una trayectoria y seguimos trabajando con las mismas ganas. Ahora con la inclusión de C-Funk en el grupo, también hemos girado y él nos ha motivado, nos ha dado su pensamiento sobre ciertas cosas. Eso nos motiva harto a seguir escribiendo y siempre pensando en la contingencia y en las cosas que están pasando en Chile.

Mucho más que funk

Con su debut discográfico en 1995 —Peor es mascar lauchas— Chancho en Piedra irrumpió en la escena del nuevo rock chileno cultivando un llamativo y potente sonido que fundía principalmente el funk y el rock. Sin ir más lejos, “Guach perry”, seguramente su primer gran éxito, encuentra su inspiración en “One nation under a groove” de Funkadelic. Con el pasar de los años y de los discos, sin embargo, la banda apuntó a una renovación: esos primeros riffs empapados de funk fueron progresivamente cediendo el rol alguna vez protagónico a nuevos y variados estilos. “Toño” lo explica:

—Chancho en Piedra se fue transformando y abarcando no solamente ese funk rock que nos caracterizó, sino que también el folclore, ritmos latinos y otros estilos que también daban cabida a lo que era la banda. Es que nos concebimos siempre como una plasticina que se podía amoldar de diferentes formas.

—Claro, fueron experimentando con el tiempo…

—Uno de nuestros discos más experimentales fue el Tinto elemento: ahí viene una tonada rock que se llama “El impostor”, un tema, hasta el día de hoy, que tiene una parte súper protagónica dentro de los setlist que hacemos en los shows. Y vienen temas como “Porque el chileno es así” también, que tiene un ritmo medio africano. O sea, nosotros estábamos claros que quizás no iba a pasar nada con ese disco, o que mucha gente no lo iba a pescar o se iba a quedar pegado en lo del funk que nos caracterizó. Pero creo que supimos arriesgarnos y mostrar nuevas propuestas en nuestra música. A mucha gente le gustó, a otra no le gustó tanto. Pero creo que eso es lo rico de la música: como dice la letra de una canción de nosotros: “Tienes miles de grupos que escuchar” (“Chancho” – Peor es mascar lauchas). Y si a uno no le gusta un grupo, ya sea por su evolución… pucha, a todos les pasa: a Metallica, a caleta de bandas que empezaron a cambiar su estilo y al final perdieron muchos seguidores pero, por otro lado, ganaron otros.

—¿Pero salir un poquito del funk fue algo que buscaron o se dio naturalmente?

—Creo que quizás inconscientemente pensamos un poco, porque no sé, no somos un grupo para hacer siempre lo mismo. Hay bandas a las que les resultó… no sé poh, AC/DC, que repite la fórmula muchas veces, Los Ramones igual un poco. Pero nosotros igual queríamos algo más, y creo que nos hace crecer como músicos. Poder tocar un ritmo nortino, una cueca, poder identificarte con el lugar donde vives, donde naciste, creo que eso es re importante para la cultura.

—También se han preocupado de incursionar en lo más chileno, desde el nombre Chancho en Piedra hasta, como dices, meter ritmos nortinos, cuecas. ¿Cuál es la importancia que le dai a esto?

—Tiene un valor increíble. El folclore es parte importante de la cultura musical chilena y conocerla de sus creadores, del Flor Motuda, de los Quila, de Tommy Rey, de Joe Vasconcellos, Los Jaivas…, es mucha gente que nos traspasa un poco su bandera. Y creo que nosotros también, para los que vienen más abajo, esperamos ser lo mismo: queremos transformarnos en un estandarte y darle a ellos todos esos elementos, todos esos rasgos musicales a los nuevos músicos, para que salgan adelante y también luchen por la música chilena y su identidad, que también es como nuestro fin. Ojalá la gente puede valorarla mucho más siempre.

Volver a empezar

Faltaba nada: 24 años juntos, nueve discos de estudio, otra importante cantidad de himnos insertos en el imaginario del rock nacional, referentes en la escena. Un palmarés apetecido por cualquier banda en los tiempos que corren. Pero los golpes más duros suelen ser así: llegan en un momento inesperado, y así pasó con Chancho en Piedra. Fue a fines de abril de 2018 cuando la banda comunicó a toda su fanaticada, los hermanos marranos, la que supuso la mayor crisis de su historia: Pablo Ilabaca, K.V.Zón, uno de los miembros fundadores, ese que conoció a Lalo en kinder y que sumó tiempo después a su hermano a la ecuación, daba un paso al costado, empujado por otros proyectos (Pillanes, por ejemplo).

—Tras la salida de Pablo, en Culto precisamente mencionaron que la banda pasó por distintas etapas: angustia, inseguridad, aceptación. ¿Cómo recordái tú todo lo que pasó?

—Cuando él dijo que ya no quería seguir en el proyecto, que iba a tocar unos meses, en los shows que faltaban, igual fue como ¿y qué hacemos? ¿Vamos a seguir? ¿No vamos a seguir? ¿Qué pasa con Chancho? Y bueno, no sé si fue eso de inseguridad, de susto o lo que fuera, pero sabíamos que había que hacer un mea culpa, porque pasó justo en un momento en que estábamos un poco con el piloto automático. No nos fijamos muchas metas ambiciosas y eso fue como haciendo casi rutinaria la cosa. Estuvimos conscientes, en ese momento cuando Pablo nos dijo que no seguía, que teníamos que hacer un remezón y motivarnos para ponernos metas mucho más ambiciosas dentro de la banda. Está claro que la industria y muchas cosas han cambiado desde los noventa… y también sabíamos que no iba a ser fácil después de ser independientes, porque después dejamos Sony. Pero cuando Pablo se despide en Lollapalooza, cuando en diciembre pasado nos dijo que haría los últimos shows, un par de meses después, de manera espontánea, Cristian se acercó a nosotros y a modo, no de broma, pero así como tirándola, dijo “si quieren los puedo apañar por ahora”. Y después el apañe se transformó en que es parte del grupo. Ahora estamos componiendo música nueva y está todo bien, estamos súper motivados y estamos con muchas ganas de mostrar esto a la gente.

—¿Y cómo se ha integrado C-Funk a la banda? ¿Cuál es su aporte y cómo ha cambiado la mécanica?

—El Cristian llegó con todo un nombre, por lo que es él, lo que significa para la música y para el funk, porque cuando salimos las dos bandas, Los Tetas y los Chancho, éramos una institución y andábamos siempre juntos: compartíamos desde los técnicos hasta los sonidistas, y fue una linda época. Después cada uno tomó su camino, Cristian hizo otras cosas, sacó otros proyectos, y nosotros nos fuimos en la experimentación con otros estilos, pero siempre estábamos pendientes el uno del otro. Y ya desde hace unos años que jugábamos a la pelota con el Cristian todos los miércoles en la mañana, nos veíamos siempre, y justo a raíz de esto fue cuando empezamos a hablar de que él podía tocar. Él tiene una forma de trabajar, nosotros otra, y tuvimos que sentarnos y conversar, llegar a un consenso, y en eso estamos. Nosotros confiamos harto en lo que hace él con la producción, porque ha trabajado con bastantes músicos, y hemos llegado a acuerdos en ciertas cosas. Y como te digo, queremos puro que salgan los temas para que la gente los escuche y nos dé su veredicto.

—Me hablaste de un mea culpa y la falta de metas ambiciosas. Hoy, ¿cuáles son sus motivaciones?

—Qué mejor motivación que tener 25 años y estar activos todavía. Tener una gran fanaticada también es motivante. Y que tenemos todas las armas para poder seguir haciendo música: tenemos las ganas, tenemos la infraestructura, una rica sala de ensayo, tenemos la gente, hemos ido a tocar a distintas partes de Chile, todavía seguimos viajando. Todas esas son ultra motivaciones para seguir, poh. Para seguir con los Chancho y sacar música por muchos años más.

Felipe dijo que 25 años más

—O sea, uno ve y hay hartos ejemplos… los mismos Jaivas o los Rolling Stones, los Iron Maiden, bandas que traspasaron los treinta años de carrera, cuarenta años. Tú los ves y te motivái el doble.

—También me dijiste que la escena cambió. Los Chancho nacieron en un Chile acaso más rockero. Hoy pareciera que se ha dejado un poco de lado el rock y se ha abierto más a otros estilos, como el trap. ¿Es un desafío mantenerse arriba contra esta ola?

—Sí, pero no es como una cosa de ponerse en contra…, creo que hay que aceptar un poco los estilos. Nosotros cuando salimos, también poh, había gente que en los conciertos salía tapándose los oídos, porque creían que éramos pura bulla. La prensa también alguna vez nos criticó harto, bastante -se ríe-. Uno tiene que aceptar ciertas cosas que están pasando, ciertos cambios que están habiendo en la sociedad, en la cultura, y siempre hemos pensado que la música es solo una, que puede ser el estilo que sea: si tiene un buen mensaje y está hecha de corazón, creo que es válida.

—¿Extrañái un poquito más de rock tú?

—O sea, sí poh, porque para mí los noventa, que es cuando salimos, donde uno tuvo su adolescencia, fue la mejor época. Las mejores bandas, los mejores discos, el mejor sonido. Pero todo cambia, poh ¿cachái? Y alguien menor que yo te va a decir que los 2000 fueron los mejores, y así poh. Pero el rock, yo sé que es una marca registrada y no va a pasar de moda: se instaló en el mundo, y así como el hip-hop y el punk se instalaron, siempre va a salir alguien que va a gustar de esos estilos.

— Pasó un cuarto de siglo. ¿Pensaron en algún momento lograr todo esto?

—Noooo, poh. Pa’ nada. A ver… cuando decidimos, como te contaba hace un rato, dedicarnos a la música, sabíamos que no iba a ser fácil. Si bien estábamos metidos en toda una corriente nueva del rock chileno y todo, había que sacrificarse harto y había muchas otras bandas también, entonces había harta competencia. Lo que quizá sumó a favor nuestro fue que empezamos a experimentar con el funk y con otros estilos y otra música. Eso creo que a la gente le gustó, lo encontró original y, también con todo esto de la cultura popular, creo que se sintieron bien identificados con lo que hacíamos.

—Se viene la celebración con todo. ¿Qué podemos esperar?

—Esperamos un sonido pero como nunca, a la banda súper afiatada, apretada, para poder mostrar los temas nuevos también. Un recorrido por los temas que conocen los más fanáticos y los no tan fanáticos también. Vamos a revisitar ciertas melodías que la gente nos pide y también tienen que estar los temas para bailar y pasarlo bien. También tenemos la idea de tener algunos invitados, estamos trabajando en eso, así que esperamos tener otros maestros musicales y un show largo. La gente está acostumbrada a los shows que entrega Chancho en Piedra, que son bastante intensos y bastante largos, así que eso queremos: un Caupolicán repleto hasta las masas. Los esperamos a todos para pasarlo increíble.

Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de Reportajes de La Tercera.