Culto
Clave cultural: el magnetismo de Cuánto vale el Show

Clave cultural: el magnetismo de Cuánto vale el Show

Con un jurado de personajes y concursantes con más o menos gracias, el espacio funcionaba como un gran circo de la cultura pop en los años en que el país se acomodaba a la democracia.

Una fórmula simple. Se trata de que cualquier hijo de vecino va a la televisión a mostrar sus habilidades sea en el canto, baile, o lo que sea que se pudiera ofrecer. Un jurado les evalúa y les entrega un monto de dinero de acuerdo al nivel de desempeño. Así, antes de Rojo, American Idol y Yo Soy, la televisión de los ochenta levantó un programa ineludible en la cultura pop chilena: Cuánto Vale el Show.

El secreto del espacio era juntar personas que aparentemente no tenían mucho en común. En ello el jurado era clave. Porque en sus roles fungían como personajes tan relevantes como los esforzados, y a veces, poco atractivos participantes. En la encarnación noventera de 1994-1995, la actriz Marcela Osorio, en su momento el símbolo sexual de la transición, jugaba con su natural encanto. El crítico Ítalo Passalacqua era el juez severo y técnico. El escritor Erick Pohlhammer desconcertaba con sus comentarios y salidas ingeniosos. La periodista Yolanda Montecinos a menudo contrastaba el humor del espacio con sus comentarios que rayaban en la siutiquería. Enrique Lafourcade disfrutaba hacer preguntas de cultura general a los concursantes y lanzar observaciones ácidas (“gánese este libro” era su frase de rigor). Todo por entregar libros.

Por el selecto jurado del espacio también pasaron otros nombres como la Dra. María Luisa Cordero, el “Marqués del Arrayán” Emeterio Ureta, la modelo Marlén Olivarí, el estilista Gonzalo Cáceres, la folklorista Paz Undurraga, el músico Willy Bascuñán, el integrante del grupo Pujillay Carlos “El chico” Núñez, e incluso el ex director técnico de la selección chilena, Luis Santibáñez.

Pero no todo era generar situaciones jocosas. También había tiempo para el reconocimiento. Famosa es la anécdota de la participación del humorista Stefan Kramer, quien descolló con su talento para las imitaciones. Lafourcade, en su estilo, no dudó. “Este cabro tiene ángel. Le doy 50 lucas”, lo que desconcertó a Leo Caprile.

Los músicos de la orquesta, en que destacaron enormes talentos como el baterista Patricio Salazar, el guitarrista Carlos Corales y el fallecido Héctor “Parquímetro” Briceño, -quienes eran habitués en otros programas de la pantalla chica y el Festival de Viña- a menudo robaban cámara con sus muecas y diferentes marcas sonoras para los momentos del programa. Y no se puede olvidar que Los Prisioneros, antes de ser la voz de los 80’, quisieron concursar en el espacio. González, con su afinado olfato para leer su tiempo, compuso temas ad-hoc como “La gran oportunidad” o “Cuánto Vale el Show”. Es que de alguna forma, el espacio funcionaba como un gran circo de la cultura pop en los años en que el país se acomodaba lentamente a la democracia y se abría al mundo.

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