Culto
Primero nos tomamos Manhattan: la exposición que celebra la vida y obra de Leonard Cohen

Primero nos tomamos Manhattan: la exposición que celebra la vida y obra de Leonard Cohen

Inaugurada en Montreal, y actualmente en Nueva York, “Leonard Cohen: a crack in everything” retrata al cantautor canadiense muerto el 2016, lo que incluye testimonios íntimos que revelan su oscuro y a la vez jocoso sentido existencialista: “Hay una grieta, una grieta en todo. Así es como entra la luz”.

Fue en 1957 cuando por primera vez Leonard Cohen, el futuro cantautor y poeta y novelista, pisó Nueva York.

El canadiense venía con la idea de cursar estudios de posgrado en la Universidad de Columbia y vivir en la International House, el famoso dormitorio/edificio para estudiantes extranjeros ubicado en Riverside Drive, cerca del río Hudson.

Sin embargo, su estancia fue breve.

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Aburrido de la universidad y la élite intelectual académica, Cohen regresó a su natal Montreal. Nueva York estaría siempre en su recuerdo, dijo, pero en aquel momento la gran ciudad le pareció una “pasión sin carne, un amor sin clímax”.

Leonard Cohen. Foto: Michael Putland / Getty Images.

En cualquier caso, en 2011, mientras quien escribe y firma este texto llegaba a Nueva York para también vivir en la International House, uno de los porteros de esta –uno de esos seres avejentados neoyorquinos que nacen y mueren en la misma ciudad–, preguntó lo siguiente:

“¿A qué habitación va?”.

Frente a lo cual quien escribe respondió un número ubicado en el sexto piso.

“Ah, la habitación del poeta”.

“¿Qué poeta?”.

El portero hizo memoria, pero su edad (ya estaba en sus setenta) se lo impidió y alzó sus hombros.

“Uno canadiense”, dijo entonces.

“¿Poeta canadiense?”.

“Sí, aunque no recuerdo mucho más”.

Pasaría un año entero hasta que el mismo portero detuvo a quien escribe esto.

“Este”, dijo. “El poeta canadiense”.

Y mostró una página del New York Times con una foto del autor de “Hallelujah”.

“¿Leonard Cohen?”, fue la atragantada respuesta/pregunta.

“Ese mismo”, dijo, “Leo Cohen”, y luego, ante un bombardeo de preguntas al respecto, agregó que con suerte el canadiense dormía en la International House, que se la pasaba en el Village con los otros cantantes folk y poetas, “y que a veces llegaba tarde, pero en vez de irse a la cama salía acá al parquecito a escribir”.

Luego de lo cual el portero dijo:

“Bueno, los poetas, los poetas de verdad, no duermen, ¿no? Escriben lo que sueñan”.

Y de ahí, con una sonrisa levemente picaresca, un poco de hecho á la Leonard Cohen en sus últimos años, remató:

“Por eso a mí me da sueño cuando leo poesía”.

*

Décadas luego de su primera visita a NYC, para esa estancia en la International House, Leonard Cohen regresa a Manhattan.

Ya no en vida, claro, porque el canadiense murió el 2016; sino en forma de exposición: “Leonard Cohen: a crack in everything” se llama la muestra que se inauguró en Montreal y que luego sigue en Nueva York, antes de seguir con paradas en San Francisco y Dinamarca.

El lugar escogido para la exposición –no podía ser otro– es el Museo Judío, ubicado en el Upper East Side, el lujoso barrio de Nueva York, a casi nada de distancia del Central Park.

Y se nota: la gente que entra al museo es una mezcla entre familias judías que probablemente llevan un tiempo en la ciudad, junto con turistas que entran y salen rápidamente rumbo a otro museo, así como uno que otro hípster que de seguro tomó el metro desde Brooklyn.

Dividida en tres pisos, “Leonard Cohen: a crack in everything” es una exposición interactiva. Muchos de las piezas le piden algo al visitante; que toque, que se acueste, incluso que cante.

El primer piso es el menos activo. Más que nada hay videos. Ahí está el tríptico visual de George Fok (Passing Through), una mezcla de conciertos, entrevistas y discursos como el Príncipe de Asturias. Es una espaciosa sala llena de turistas, en parte porque es sábado y es gratis, así que me paso a otra sala: este video es más interesante, también con breves clips de entrevistas. Dura veinte minutos y funciona como un collage biográfico. Cohen cuenta sobre infancia en Canadá, sus años en que intentó ser poeta y novelista, cuando se fue de viaje a Grecia ya que quería un lugar barato para escribir, y asimismo algunas cosas que no se asocian por lo general con Cohen, como que quiso ser militar y su madre se lo quitó de la cabeza. O que para la revolución cubana viajó a la isla para unirse al Che y a Fidel, aunque su romance revolucionario, como suele suceder con Cuba y los artistas, no prosperó. Y que Cohen, igualmente, se ofreció al ejército israelí durante la guerra del Yom Kippur, (y fue rechazado).

Algo se ahonda, en los videos, en su tardío comienzo musical: solo a los 33 años Leonard Cohen se decidió por la música. Sucedió luego de publicar El juego favorito y Hermosos perdedores, sus dos novelas, además de cuatro libros de poemas. Solo entonces, dice, se convirtió en cantautor. Y fue un golpe de suerte: John Hammond (el mismo que había descubierto a un tal Robert Allen Zimmerman o también llamado Bob Dylan) lo vio y decidió convertirse en su mánager.

*

La mayor cantidad de risas surge al verlo vestido con una túnica y sandalias. No porque sea gracioso per se, sino porque incluso en su versión zen Cohen se las ingenia para hacer reír: “Nos levantamos a las 2.30 o 3.00 de la mañana y nos asignan las tareas del día”, recuerda en uno de los videos sobre su rutina durante su reclusión de cinco años un centro zen cerca de Los Ángeles. El canadiense cuenta que limpió baños, podó bambús y fue chofer y cocinero.

Al lado de este video, en otra habitación, hay una galería multimedia que destaca portadas de canciones de Cohen con bandas como The National, Moby y Sufjan Stevens de fondo. Pero vale advertir que esta parte bien puede ser omitida sin alterar la experiencia de la exposición (y en cuanto a covers, mejor revisar el disco I’m your fan que incluye la siguiente canción de los Pixies).

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Si el primero es más que nada sobre su vida, el segundo y tercero están destinados a que su música hable por él.

Ahí está Cámara de depresión, lo más cercano a estar envuelto en una canción.

Al recostarse sobre una plataforma acolchada una proyección de uno mismo aparece en el techo de arriba; y acto seguido aparece el abrigo azul (de la canción “Famous Blue Raincoat”). Hay letras en las paredes, formas variadas e iconos (una estrella judía, pez, el cuerpo de una mujer) y, al final, aquellas imágenes cubren todo el cuerpo en el techo.

*

En el mismo piso hay una habitación con trece micrófonos que cuelgan del techo. Varias bancas de madera para que los visitantes se sienten y canten la canción -sin duda– más manoseada del canadiense. Así es: todos cantamos “Hallelujah” y las voces, como rizomas, brotan hasta llenar la acústica con un loop de Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah y más Hallelujah.

*

Pero puede que La máquina de poesía sea lo mejor de esta exposición. En medio de una habitación reciben al visitante un piano de madera con varios parlantes y un viejo Wurlitzer. De esa forma, luego de sentarme sucede lo obvio: se aprieta una tecla. Y de uno de los parlantes se ore esa voz que parece de franela; Leonard Cohen recita versos de su Libro de la nostalgia. Acto seguido pulso varias teclas al mismo tiempo para escuchar Cohens superpuestos que llenan la habitación con frases como: “Hay una grieta, una grieta en todo. Así es como entra la luz”.

*

Sucedió el 2014.

Lorca, la hija de Cohen (llamada así por García Lorca), recibe una llamada. Es un aviso anónimo: le recomienda que su padre revise sus cuentas.

Al principio Leonard Cohen no hace nada. Pero frente la insistencia de su hija vuela a Los Ángeles y lo comprueba: sus finanzas habían sido malversadas, incluyendo su plan de pensiones, así como los derechos de autor de la mayoría de sus canciones.

Leonard Cohen tenía casi 70 años.

Y tuvo que volver a trabajar.

No estaba en sus planes volver a subirse a un escenario.

Esto en parte porque –y aquí se nota su pesimismo nuevamente– siempre creyó que “tocar en vivo es permitir que te sucedan miles de humillaciones a la vez”.

*

“Leonard Cohen: a crack in everything” podría dividirse entre el hombre antes de Leonard Cohen, el Leonard Cohen que se hace famoso a los 33 años y el Leonard Cohen que, luego de muchos años de silencio, regresa a la música …por penurias económica.

Lo cual confirmó que su pesimismo, después de todo, no era tan gratuito.

“No me considero un pesimista. Para nada”, dijo alguna vez. “Un pesimista es alguien que está esperando que llueva. Y por lo menos yo me siento completamente empapado”.

*

Y para el final la portada del New York Times del 11 de noviembre, 2016.

Aquella con una foto de Leonard Cohen ya viejo y, como siempre, vestido con un traje elegante. Es como si esperara el apocalipsis, el cual, de alguna forma, llegaría un día después de su muerte; es decir, el día en que Trump obtuvo la presidencia.

Muere el autor de “Hallelujah”, cuyas letras cautivaron generaciones, dice el titular.

Y arriba, en esa icónica foto en la que un expresidente le da de mal gusto la mano al nuevo presidente, se lee: Trump y Obama se reúnen para intentar romper el hielo.

Y si bien Leonard Cohen murió, por lo menos este murió con la frente en alto.

O bueno: no en alto, porque siempre fue un melancólico con preciso sentido del humor. Es cosa de ver sus últimos discos. Esa trilogía que dejó al morir: Old Ideas (2012), Popular Problems (2014) y You Want It Darker (2016). Nada de mal para un cantautor en sus ochentas entendió que no hay nada más creativo que flirtear con el fin de la existencia de uno mismo.

O como le dijo a The New Yorker en una entrevista: “Estoy listo para morir”. Y ante los comentarios de la gente (esa gente que le teme a la muerte cuando, según la filosofía coheniana, uno debería reírsele en la cara) tuvo que aclarar: “Hace poco dije que estaba listo para morir. Y me parece que exageré. Siempre he tenido tendencia a dramatizar. En realidad, me propongo vivir para siempre”.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo