Culto
Jaime Pinos: “El poeta también es un personaje secundario”

Jaime Pinos: “El poeta también es un personaje secundario”

El autor de los poemarios Criminal y Almanaque ahora regresa con Documental, volumen donde registra los efectos en la sociedad del Chile postdictadura. Gestor cultural, fundador de la mítica revista La Calabaza del Diablo, hoy es socio de la librería Concreto azul, ubicada en Valparaíso.

Se vendió en kioscos, pero también en fiestas y ferias alternativas. La revista La Calabaza del Diablo fue un hito cultural desde su aparición en noviembre de 1998 hasta el año que dejó de circular, en 2003. Creada por el editor Marcelo Montecinos y el poeta Jaime Pinos, en la publicación colaboraron escritores y periodistas como Rodrigo Hidalgo, Álvaro Bisama, Isolda Montecinos, Ramón Díaz Eterovic, José Ángel Cuevas y Elisa Montesinos.

Paralelamente, en el sello editorial La Calabaza del Diablo, el autor y gestor cultural Jaime Pinos (49) publicó su primera novela en 1997, Los bigotes de Mustafá, reeditada por Lom en 2016. Pinos, quien estudió Literatura en la Universidad de Chile, después publicó el poemario Criminal (2003), que recorre la vida marginal de Roberto Martínez Vásquez, “El Tila”, también conocido como “El psicópata de La Dehesa”.

Su segundo poemario fue Almanaque (2007), donde Pinos plasma su pasado y la sociedad en la que creció, en los 70, a través de la crónica roja, los registros de prensa y la historia no oficial, siempre dialogando con la tradición de la poesía chilena. En 2015 publicó el conjunto de ensayos Visión periférica (Das Kapital).

Ahora publica Documental por ediciones Alquimia. Allí registra los nombres de los centros de detención y tortura en el régimen de Augusto Pinochet como rememora el pasado en provincia formado en “la pedagogía del miedo y del silencio”.

Instalado hace casi una década en Valparaíso, Jaime Pinos es director de La Sebastiana, casa Museo de la Fundación Neruda. Desde ahí realiza labores culturales. Además, es socio fundador de la librería y centro cultural Concreto azul, ubicada en Cumming 94, Valparaíso.

El sueño de la realidad

La fotografía escolar incluida en Documental, ¿eres tú?

Soy yo. Estoy en la plaza de la ciudad provinciana donde crecí. Es 21 de mayo. En la foto debo tener 14 o 15 años. No encabezo nada. Marcho como se obligaba a marchar a los escolares de este país en los años setentas y ochentas. Como se les obligaba a escuchar, formados militarmente, en estricto silencio, el discurso patriótico de cada lunes. Eso, entre otras tantas cosas, fue la escuela del rigor. La dura pedagogía en que mi generación fue formada.

“Narras lo que ves”, escribes. ¿Crees que te podría limitar esa intención de describir “lo que ven tus ojos” o el deseo es justamente ahondar en ese registro?

“Me limito a narrar lo que veo” es un verso de Nicanor Parra. El hecho es que vivimos en una sociedad donde las imágenes son omnipresentes y proliferan hasta la saturación. Donde las relaciones entre las personas están mediadas por ellas. Más que una limitante, identifico ahí un problema que es necesario investigar. La mirada, sus formas personales y políticas. La relación que construimos entre las palabras y las imágenes, inmersos como vivimos en su flujo inabarcable. En ese contexto confuso, la poesía puede aportar sentido y claridad.

El desenfado, la crítica social, deriva en un retrato de lo marginal con personajes como El Tila, Hans Pozo, los detenidos desaparecidos, Carmen Gloria Quintana, Rodrigo Rojas… ¿Por qué fijarse en ellos?

El poeta también es un marginal, un personaje secundario. Habita un espacio invisible y extremadamente precarizado. En el mundo de la utilidad, la poesía no sirve para nada. Ese es su pecado capital. Por eso no hay poder ni dinero en la poesía. Pero es cierto que tampoco hay poesía en el poder ni en el dinero. Jorge Teillier dijo que escribía para todos, menos para los que se creyeran santos, profetas o poderosos. Que la poesía debía ser una moneda cotidiana. Creo en eso. La poesía verdadera es la antimateria de todo poder. Mientras el poder es impunidad y olvido, la poesía es resistencia y memoria.

Hay guiños a frases y versos en Documental de Teillier, Roberto Bolaño y Enrique Lihn… Pero con Lihn creo que tu poesía establece un diálogo. ¿Qué ha significado Lihn en tu trayecto?

Lihn ha sido siempre un referente fundamental para mí. Su comprensión de la poesía como una forma de indagación y crítica de la realidad. La realidad es la única película que nos quita el sueño, escribió alguna vez. Comparto el mismo insomnio. Admiro su versatilidad creativa, su práctica de una literatura expandida. Lihn fue poeta, narrador, crítico, performer, productor. Pero, sobre todo, admiro su coherencia ética sin concesiones, su radicalidad. Otra influencia clave sobre mi trabajo es la de Gonzalo Millán. Los dos muertos prematuramente para desgracia de la poesía chilena.

¿Cómo ha sido el desarrollo del proyecto Concreto azul?

Concreto azul es una librería ubicada en el plan de Valparaíso cuyo fuerte es la edición independiente, una revista digital de cultura e investigación poética y un espacio donde se desarrollan talleres, presentaciones y lecturas. Más allá de lo difícil que es sostener cualquier espacio cultural fuera de Santiago, creo que es parte, junto a otros trabajos e iniciativas, de un momento de gran vitalidad cultural en el puerto.

¿Qué rescatas de aquellos años de la publicación de La Calabaza del Diablo?

Con 33 números publicados y su circulación en kioscos por algo más de un año, creo que La Calabaza del Diablo fue una de las revistas contraculturales más importantes de la postdictadura. Basta revisar la lista de quienes colaboraron en ella. Muchos ocupan hoy posiciones relevantes en nuestro panorama cultural. Rescato el esfuerzo por practicar la autogestión y la independencia como línea editorial y el slogan que ocupábamos en esos años y, me parece, sigue siendo válido: cultura y realidad.

¿Preparas algún nuevo trabajo?

Trabajo en dos proyectos. El primero es un libro de poesía titulado Show. Explora cómo el sistema de vida imperante nos ha convertido a todos en algo parecido a los competidores de un concurso televisivo. El otro se llama El poema definitivo. Es un libro de ensayos sobre poesía documental o de investigación. Su nombre viene de un poema de Wallace Stevens que dice: “El poema definitivo será aquel que sea escrito en el lenguaje de los hechos”. De alguna forma, desde mis primeros libros, esa es la premisa que subyace a todo mi trabajo.

Libro Documental.
El libro de Jaime Pinos Documental (Alquimia).

Foto: Antonio Lagos.

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