Culto
Hunter S. Thompson se tira un ácido: se publica la biografía del creador del periodismo Gonzo

Hunter S. Thompson se tira un ácido: se publica la biografía del creador del periodismo Gonzo

Hunter retrata fragmentariamente al autor kamikaze estadounidense. Publicado por Tusquets, el libro de E. Jean Carroll muestra al creador del periodismo Gonzo en sus días geniales, decadentes y aquellos todavía aun más decadentes. "Soy el único ciudadano estadounidense que no tiene nada que ocultar", como dijo Thompson, alguna vez, medio broma y medio en serio. "Soy el presidente que Estados Unidos necesita".

¿Qué es el periodismo Gonzo?

Nadie lo ha definido muy bien, ni (la verdad) vale la pena clarificarlo.

Solo una cosa: Hunter Thompson es el periodismo Gonzo y el periodismo Gonzo es Hunter Thompson. Y por lo tanto ambos murieron el 2005 cuando el autor estadounidense se quitó la vida de un disparo en la cabeza.

Y mejor que haya sido así, ya que al leer la biografía de E. Jean Carroll, Hunter (Tusquets), queda claro que Thompson demostró que el American Dream es una pesadilla de la que nadie quería despertar. Sí. Aunque al parecer nunca se dio cuenta que también que él y su periodismo Gozo eran partes integrales de aquella pesadilla.

O como lo puso Norman Mailer: “Nunca he visto a nadie que pueda meterse tanta basura en el sistema a un ritmo tan febril y no morir en el intento”, dijo el novelista y asimismo periodista. “Creo que está hecho de una sustancia que aún no ha sido estudiada. De todos los escritores que conozco, Hunter es el que menos comprendo, por su prodigiosa capacidad para la autodestrucción y la supervivencia al mismo tiempo”.

*

Y mucha razón tenía Mailer.

Es cosa de ver la rutina diaria de Hunter Thompson que E. Jean Carroll incluye en Hunter:

3:00 p.m. Despertar
03:05 Chivas Regal con los periódicos de la mañana, Dunhills
03:45 Cocaína
03:50 Otro vaso de Chivas, Dunhill
04:05 Primera taza de café, Dunhill
04:15 Cocaína
04:16 jugo de naranja, Dunhill
04:30 Cocaína
04:54 Cocaína
05:05 Cocaína
05:11 Café, Dunhills
05:30 Más hielo en el Chivas
05:45 Cocaína
06:00 Tirado al césped para tomar el ocaso del día
07:05 Woody Creek Tavern para el almuerzo, Heineken, dos margaritas, ensalada de col, un taco, una doble orden de aros de cebolla fritos, pastel de zanahoria, helado, una fritura de frijol, Dunhills, otra Heineken, cocaína y de vuelta a casa, un cono de nieve (un vaso de hielo triturado en donde se sirvió tres o cuatro vasitos de Chivas.)
09:00 Comienza a inhalar cocaína en serio
10:00 Gotas de ácido
11:00 Chartreuse, cocaína, hierba
11:30 Cocaína,
12:00 de la noche, Hunter S. Thompson está listo para escribir
12:05-06 a.m. Chartreuse, cocaína, hierba, Chivas, café, Heineken, cigarrillos de clavo, vino, Dunhills, jugo de naranja, ginebra, películas pornográficas.
06:00 La bañera-champaña, baño caliente, fettuccini Alfredo
08:00 Halcyon
08:20 Dormir de nuevo

(Los Dunhills, claro, son cigarros: ¿qué esperaban?, ¿jugo de pomelo?, ¿vitaminas?)

*

Nacido en Louisville, Kentucky, Thompson tuvo una, digamos, infancia quebrada: temprana muerte de su padre y posterior alcoholismo de su madre. Su reacción fue por supuesto rebelarse: ya durante el colegio Thompson tenía bastantes razones para ir a la cárcel. “Era como Charles Manson: tenía seguidores. Era una fuerza de la naturaleza”, dice un vecino de la infancia. “Reinaba a través del terror. Temblábamos de solo verlo”.

Como casi todo escritor de esos años tuvo un pasado militar. O pseudo-militar.

Thompson pasó por la Fuerza Aérea, donde trabajó escribiendo reportajes deportivos. Ahí comenzó su carrera periodística, la cual incluyó una revista de bolos, El Sportivo, en Puerto Rico. Todos esos años, en su tiempo libre (es decir: durante su escaso tiempo libre en que no estaba tomando o de juerga) intentó escribir novelas.

O a veces calcarlas: solía transcribir secciones de El Gran Gatsby en su máquina de escribir solo para tener la sensación de ser Fitzgerald (y El Gran Gatsby, dijo, estaba continuamente en su mente mientras trabajaba en Miedo y asco Las Vegas, en 1972).

Hunter S. Thompson. Foto: Michael Ochs Archives/Getty Images.

Ya a sus treinta y pocos Thompson se dio cuenta de algo: su magnética personalidad.

“Hunter era como una compañía de teatro itinerante él solo. No era un escritor, era un actor. Un actor creando su propio material”, dice Peter Flanders en Hunter. “Siempre tuvo mucha conciencia del efecto que producía en las personas”.

En 1965 escribió para una revista sobre pandillas de motocicletas, los famosos Ángeles del infierno o “Hell’s Angels” y así escribió su primer famoso libro, el cual termina con Thompson demolido por los pandilleros.

Eso lo convirtió en un referente.

Y con eso nació el periodismo Gonzo, ese subgénero dentro del periodismo en que el autor es parte activa (cuando no sobre-activa) del reportaje.

“Las personas inteligentes en los medios de comunicación sabían que era una exageración extraña. Los tontos se lo tomaron en serio y advirtieron a sus hijos que se mantuvieran alejados de mí a toda costa”, dijo Thompson sobre este tipo de periodismo. “Los realmente inteligentes entendieron que solo era un tipo de niño censurado y tonificado”.

El gran éxito Gonzo sería Miedo y asco en Las Vegas.

Aquel libro (publicado primero por entregas en Rolling Stone) nace porque lo envían a hacer un reportaje sobre el campeonato de motocross para la revista Sports Illustrated en 1971. Al mismo tiempo, Rolling Stone le pide cubrir una convención policial sobre narcóticos en Las Vegas. A eso hay que sumarle que lo acompaña su “abogado” Oscar Zeta Acosta (bajo el alias Dr. Gonzo).

Y una cosa más: llevaban una maleta llena de drogas.

“Mi idea era comprar un cuaderno bien grueso, registrar todo tal como iba sucediendo y luego mandar aquel cuaderno para que lo publicaran sin edición de ningún tipo”, asegura Thompson en Hunter.

Y años más tarde, en un nuevo prefacio a su libro, diría sobre el periodismo Gonzo “que este es un estilo basado en la idea de William Faulkner de que la mejor ficción es mucho más verdad que cualquier tipo de periodismo”. Aunque entonces, en base a eso, confiesa que Miedo y asco en Las Vegas le parece un experimento fallido.

*

Hunter no es un libro; es un pavo real literario. Por una parte es una biografía oral; es decir, es un relato en que otra gente habla y recuerda al personaje que está siendo retratado.

Pero Hunter es una biografía oral que palidece al lado de otros libros como Por favor, mátame: la historia oral del punk y hasta el reciente Nos vemos en el baño: renacimiento y rock and roll en Nueva York, 2001-2011.

Y no solo eso: Hunter, al igual que el reciente documental de Bob Dylan (en el cual Scorsese inventa personajes), tiene testimonios falsos que interactúan con los verdaderos. La periodista E. Jean Carroll (quien, a todo esto, hace poco se unió a la larga lista de mujeres que han acusado a Trump de abuso sexual) crea una ornitóloga virginal llamada Miss Laetitia Snap que visita a Thompson en su granja cerca de Aspen, Colorado, por su interés en su colección de pavos reales.

E. Jean Carroll. Foto: Astrid Stawiarz/Getty Images for ELLE.

Y si bien el uso de este personaje no convence del todo, es verdad que no se puede escribir de Thompson de otra manera. Porque a estas alturas leer sobre la vida de Thompson es, como siempre, un viaje a Las Vegas. Esto ya que cuesta disociarlo de Johnny Deep y su compinche Oscar Z. Acosta interpretado por el sudoroso y gordo Benicio del Toro.

Y ese es el problema: para explicar la vida y las intenciones de Thompson tras muchas de las decisiones que tomó sirve más la ficción que la no-ficción.

Eso sí: algo que queda claro, luego de leer este libro, es que Thompson sí sabía quien era Thompson. Por si bien no era un gran escritor (“El mejor estilista en el idioma inglés desde Jane Austen”, dice Carroll en un momento, ¿en serio?); este sí supo controlar lo que se escribía sobre él.

“He llegado al punto en que mi persona estorba al mito. El mito manda”, dijo.

Y el mito, a veces, no era más que un eufemismo para decir: exceso.

“Recuerdo otra vez que vació una bolsita de un gramo, dos, o cinco, de cocaína, ya no recuerdo, pero lo suficiente para dibujar una enorme esvástica de cocaína sobre u espejo que había descolgado de la pared. Y después aspiró toda la esvástica de una esnifada”. (Otro testimonio que aparece en esta biografía.)

*

Hunter sufre, por momentos, del síndrome de osmosis literaria: eso de lo que sufren los biógrafos al obsesionarse como un autor. En otras palabras, E. Jean Carroll suena como Thompson. Escribe como él. Y distorsiona la realidad (¿la maquilla?, ¿droga la realidad?) de la misma forma en que Thompson lo hizo en sus libros.

“He escuchado a los biógrafos de Harry S. Truman, Catalina la Grande, etc., etc., decir que darían cualquier cosa si sus sujetos de investigación estuvieran vivos para poder hacerles algunas preguntas”, apunta Carroll. “Yo, por otra parte, daría cualquier cosa si el mío estuviera muerto”.

Hunter S. Thompson. Foto: Michael Ochs Archives/GettyImages.

Uno lee Hunter y por entre los intersticios de libro, en esas grietas en que se asoma la vida de la biógrafa en vez del biografiado, dan ganas de enterarse más de esta autora que nació en Detroit en 1943 y quien fue elegida Miss Indiana y Porrista del Año en 1964 y escribió para las revistas Rolling Stone, Playboy, así como guiones para Saturday Night Live.

Pero claro: el problema de escribir sobre Thompson es que este absorbe todo a su alrededor.

*

Una posible definición de los que alcanzan el American Dream, de aquellos que –como se dice en inglés– la “hacen”, es que estos van por la vida sin preocuparse de mucho mientras, además, al mismo tiempo le escupen a la vida. Y contra todo pronóstico se salen con la suya.

Ese fue Thompson, de quien no queda claro dónde estaría en esos momentos en que en la Casa Blanca hay un presidente quien, digamos, llegó ahí gracias a la política Gonzo. No por nada el autor de Miedo y asco en Las Vegas dijo: “Soy el único ciudadano estadounidense que no tiene nada que ocultar. Soy el presidente que Estados Unidos necesita”.

A lo cual, claro, le preguntaron: ¿se puede ser presidente luego de haberse metido tantas drogas en el cuerpo?

Y esta fue su respuesta: “No hay otro ciudadano de este país que haya experimentado semejante combinación de sustancias. La sabiduría obtenida en el proceso es también única. Y me capacita en forma única para la tarea de presidir Estados Unidos”.

*

¿Qué quedará de Thompson de acá a un tiempo?

El relato de una vida salvaje y descontrolada. Pero el relato de una vida que, asimismo, sobrepasó su cima.

Porque como dijo Neil Young “es mejor quemarse que desvanecerse”.

Y Thompson, quien las tenía todas de morir, siguió con vida luego de los 60, 70 y 80 y se desvaneció.

Cuando debería haberse quemado.

Él lo sabía:

“Estoy solo. No queda nadie como yo. Soy El Último Drogadicto. Se me hace difícil encontrar a la gente adecuada para una fiesta”.

Hacia los noventa, cuando los tiempos cambiaron demasiado, el creador del periodismo Gonzo parecía un penoso reflejo de lo que fue.

“Veintitrés más que los que necesitaba”, como lo dijo él mismo antes de suicidarse el 2005, a punto de cumplir sesenta y siete años. “Veintitrés putos años de parodia”.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo