Culto
Stanley Kubrick: la prehistoria de Ojos Bien Cerrados

Stanley Kubrick: la prehistoria de Ojos Bien Cerrados

Tres guiones incompletos del cineasta hallados en Londres describen su amarga visión de la institución matrimonial, anticipando su último filme, que hoy cumple 20 años.

Se podría decir que Stanley Kubrick (1928-1999) tardó 45 años en completar el camino iniciado con los tres guiones inconclusos encontrados la semana pasada en Londres. Los tres hablan de la institución matrimonial en una manera casi terminal, como si se tratara de vivir en prisión. Fueron escritos entre 1954 y 1956, y rápidamente saltan a la vista las imágenes de Ojos bien cerrados, la película de Kubrick estrenada el 16 de julio de 1999 en Estados Unidos, apenas cuatro meses después de su muerte.

Aquel filme con Nicole Kidman y Tom Cruise, basado en la novela corta Relato soñado (1926) del escritor austríaco Arthur Schnitzler (1862-1931), fue un viaje imposible al territorio de la infidelidad y los celos, algo que de una manera u otra Stanley Kubrick bosquejó en los recién descubiertos The married man (El hombre casado), The perfecte marriage (El matrimonio perfecto) y Jeaolusy (Celos). En Ojos bien cerrados, el respetable matrimonio formado por el doctor Harford y su esposa caería tarde o temprano en el precipicio de la desconfianza, la rutina y el desamor. Alguien fundamentalmente pesimista como Kubrick lo pensó así desde que tenía 26 años.

Así se desprende del tono amargo, cínico y, hay que reconocerlo, bastante misógino de los escritos hallados en el Archivo Kubrick de la Universidad de las Artes de Londres. El más extenso es The married man, consistente en 35 páginas escritas a máquina, más una no despreciable cantidad de hojas con anotaciones manuscritas. Le sigue The perfect marriage, compuesto de notas a mano y siete páginas de escenas. Finalmente está Jealousy, 13 hojas mecanografiadas y manuscritas sobre un matrimonio agobiado por las recriminaciones mutuas.

Las líneas iniciales de The married man son explícitas: “El matrimonio es como una larga comida cuyo postre se sirve al principio”. En esa época Kubrick andaba entre los 26 y 28 años, y ya iba en su segunda relación conyugal, esta vez con la bailarina Ruth Sobotka, de la que se separó en 1957, un año después de escribir en The married man reflexiones como ésta:

“¿Puedes imaginar el horror de vivir con una mujer que se aferra a ti como una ventosa y cuya vida entera gira en torno a ti, mañana, tarde y noche? Es como ahogarse en un mar de plumas. Y hundirse más y más en las suaves y sofocantes profundidades de la costumbre y la familiaridad. Si tan solo ella se decidiera a combatirlo. Enfadarse, o ponerse celosa, aunque solo fuera por una vez. Mira, anoche salí para dar un paseo. Justo después de la cena. Llegué a casa a las dos de la mañana. No me preguntó dónde estaba”.

El profesor británico Nathan Abrams, en conversación con el diario The Guardian, concede que los hallazgos “son tratamientos de guión e ideas en desarrollo”, pero al mismo tiempo les da un valor único. “Los años 50 son probablemente el período menos conocido en la vida de Kubrick. Estos guiones muestran que estaba trabajando en muchas más cosas de lo que creíamos. Era muy productivo. Estaba probando su mano como escritor, aunque después de su primer largometraje, El beso del asesino (1955), nunca más hizo una película basada en una idea original. Las haría con alguien y a partir de algo ya existente”, afirmó Abrams al periódico inglés.

Precisamente hace un mes Abrams publicó su nuevo libro Eyes wide shut: Stanley Kubrick and the making of his final film, que se refiere a la cinta final del director de 2001: Odisea del espacio (1968).

Navidad, alcohol, engaño

Los dos borradores de guiones en que se pueden adivinar mayores paralelos con Ojos bien cerrados, son Jealousy y The perfect marriage. En el primero un hombre es confrontado por su esposa después de que llega ebrio a casa, una escena que se repite en el filme con Kidman y Cruise.

En The perfect marriage la Navidad es la época del año que arropa una relación marchita, tal como en Ojos bien cerrados. Los apuntes de Kubrick, muy lacónicos, dicen: “Navidad. Esposa se prepara para la fiesta de vísperas de Navidad en la noche. Alboroto. Esposo deprimido. Historia sobre fidelidad, matrimonio, engaño”.

Por esta época Kubrick dirigió dos grandes películas que no aludían a ninguna crisis conyugal (Casta de malditos, del 56, era cine negro, mientras La patrulla infernal, del 57, era bélica) e incluso el experto Nathan Abrams ha dicho que su segunda esposa, la mencionada Ruth Sobotka, “tuvo una experiencia formativa” sobre el cineasta. También agregó a The Guardian que no mucho más se supo de aquella relación, añadiendo un dato crucial: “Las cosas no iban bien con ella en Los Angeles. Un día Kubrick partió a Alemania a filmar La patrulla infernal, donde conoció a Christiane Harlan, actriz que sería su tercera y última esposa”.

Aquel matrimonio con Ruth Sobotka, quien murió con sólo 41 años en 1967, se transformó en una anécdota frente a las tres décadas que el cineasta estuvo junto a Christiane. Una anécdota no menor que lo persiguió hasta su última película.

 

Sobre el autor:

Rodrigo González |
Sub-editor de Cultura de La Tercera.