Culto
¿Puedes ver mi yo real? Las memorias de Pete Townshend

¿Puedes ver mi yo real? Las memorias de Pete Townshend

En Who I am (Malpaso) el guitarrista de The Who relata lo mejor de los salvajes, lisérgicos, orgiásticos y primerizos años del rock and roll. “Puede que el rock no resuelva tus problemas”, escribe, “pero por lo menos te permite bailar sobre ellos”.

¿Quién soy realmente?

Aquella es la duda que persigue a Peter Dennis Blandford Townshend.

O a solas: Pete Townshend.

Porque el guitarrista y líder no solo le puso ese nombre a su banda, The Who; sino que siempre ha usado aquella duda existencial en los títulos de sus canciones: “Who’s Next?” (¿quién es el próximo?) “Who Are You” (¿quién eres?) “Who Came First” (¿quién llegó primero?).

Y ahora repite con su libro: en Who I am (Malpaso, traducción de Miquel Izquierdo, 569 páginas) Townshend, nacido en Londres en 1945, hace el ejercicio favorito de los viejos rockstar: recordar. Recordar quién era antes de volverse el guitarrista de The Who. Y recordar qué sucedió después de convertirse en el guitarrista de The Who.

Who I am (Malpaso), de Pete Townshend.

Así, por ejemplo, cuenta sobre el momento en que sus fanáticos se volvieron viejos y acomodados. Era 1981 Pete Townshend comenzó a sentir el paso del tiempo.

“Cuando los Who iniciamos nuestra andadura, enseguida supimos para quién trabajábamos y por qué. Ahora, nuestra audiencia de jóvenes de clase trabajadora se había dispersado”, escribe en Who I am. “Muchos de sus integrantes estaban tan perdidos como nosotros, perplejos ante la celeridad con que el caótico vendaval punk había cedido ante los nuevos románticos y el glamour de la heroína”.

Keith Moon, Pete Townshend, John Entwhistle y Roger Daltrey: The Who en 1965. Foto: Cyrus Andrews.

Sin duda es un de los mejores capítulos de Who I am, una biografía rica en material, pero acaso un poco correcta en su forma. Es el momento en que las bandas de los años 60 y el mensaje y música de The Who entran en crisis frente a los 70 y el punk, la new wave y los 80 (Madonna: “Porque vivimos en un mundo material y yo soy una chica material”).

“Como artista, intérprete y compositor ya no podía aspirar a que los jóvenes conformaran mis fans”, escribe Townshend sobre ese momento clave. “Mi generación se iba instalando ya en la cuarentena, aposentada en el bienestar de la clase media o penosamente relegada entre cajas de cartón en torno a Waterloo, a menos de un kilómetro del pudiente West En”.

Claro: la respuesta a eso fue su segunda ópera rock, ahora revisitada como película: Quadrophenia, de 1979 basada en la ópera rock de 1973 con ese mismo nombre. Quadrophenia es una obra tan sinfónica como existencialista que comienza con “The Real Me”, en la cual, en la misma senda de ¿quién soy?, se pregunta: ¿Puedes ver mi yo real?

Pete Townshend. Foto: David Redfern / Redferns.

De alguna forma, para Townshend la música siempre tuvo que ver con una búsqueda interior a esa pregunta: ¿quién soy realmente?

“No estaba tratando de tocar una música que fuera hermosa, sino que confrontara a mi audiencia con el sonido visceral, atroz, de lo que sabía que era la única verdad absoluta de nuestra vulnerable existencia: un día un avión soltaría una bomba que nos iba a liquidar en un abrir y cerrar de ojos”, escribe. “Podía suceder en cualquier momento. Así lo había demostrado la crisis de los misiles cubanos de dos años atrás”.

*

Townshend recuerda un cumpleaños de Keith Moon, durante una gira por Estados Unidos, en un Holiday Inn. Recuerda un letrero que había en la puerta del hotel, “felices veintiuno Keith Monn”, aunque en realidad cumplía 20, y también recuerda un montón de chicas, el pastel embarrado por el suelo y las paredes, y un Lincoln Continental balanceándose en la orilla de la piscina, a punto de irse al fondo. “Se nos prohibió volver a un Holiday Inn. De por vida”, escribe.

Townshend recuerda a un amigo: “Mick”, dice, “es el único hombre al que de verdad quise follarme”.

Y Townshend se refiere, por supuesto, al Mick de las piedras rodantes: Jagger.

También esto dice de Roger Waters: “Nosotros llegamos un poco antes pero sí, me sentía bastante en sintonía con Roger. Él perdió a su padre en la guerra; yo perdí el mío al mundo musical de la posguerra. Ambos nos enfrentábamos a los pros y los contras de esa herencia”.

The Who. Foto: RB / Redferns.

Hay mucho material sabroso en Who I am.

Como toda memoria de un viejo roquero, por las páginas de este libro hay cameos que sorprenden, así como mucho detalle musical que se vuelve onanista al pasar las páginas.

Ahí está el momento en que Pete Townshend se pierde en un espiral de alcohol y drogas dentro del cual, sin embargo, sigue escribiendo canciones y haciendo conciertos. Es un espiral que lo lleva a desplomarse gracias a una sobredosis en el baño de un sucucho. El guitarrista queda cerca de la muerte, aunque, más tarde, revive “en un hospital de Chelsea, con una inyección de adrenalina de 15 centímetros clavada en el pecho”.

O cuando se obsesiona con todos los escritos que pudo encontrar de Meher Baba, un gurú (maestro espiritual) indio que, entre muchas otras cosas, influenció uno de los mejores temas de la banda: “Baba O’Riley”.

“Con todo, me sigo preguntando quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy”, dice Townshend. “Todavía soy seguidor de Meher Baba y mantengo los dedos cruzados a mi espalda”.

Pero la gran línea narrativa que recorre estas páginas es la oscilante relación entre Daltrey y Townshend. Todos sabemos qué sucede con Keith Moon (muere de una sobredosis en 1978); y las páginas de este libro no hacen más que confirmar que Moon nació para cumplir la famosa línea de “My Generation”: “Prefiero morir antes que envejecer”.

The Who en Wembley Studios. Foto: CA / Redferns.

El otro miembro de la banda, el bajista John Entwistle, tampoco se quedó atrás: murió el 2002 en Las Vegas, de un ataque al corazón inducido por el consumo de cocaína, con una stripper a su lado.

Townshend no menciona mucho a Moon y Entwistle, pero cuando lo hace queda claro que, si Moon era el payaso de la banda, Entwistle era el payaso tímido.

Es por eso que en las últimas páginas lo aclara: si hoy The Who sigue tocando solo se debe a que Daltrey y Townshend han encontrado un equilibrio profesional.

*

En 2005 fue Bob Dylan. El 2010 el turno de Keith Richards y Patti Smith. Tres años más tarde Neil Young. Y, en 2016, Bruce Springsteen, entre muchos y muchas más.

Sí: hace unos diez años que los baby boomers (es decir, esos que nacieron en el período contemporáneo y posterior a la Segunda Guerra Mundial, entre los años 1946 y 1964.) han visto como sus rockstar publican libros de memorias.

Es otra manifestación de la eterna duda de cómo envejecen (y eventualmente mueren) los rockstars emblemáticos. Y en este caso, además, de cómo recuerdan y escriben sus vidas.

Y en cuanto a su escritura, Townshend no sorprende. Su prosa es directa. Lo mismo la secuencia de eventos. Comienza en su nacimiento y termina en el “ahora”. O en el ayer reciente.

“A medida que me hago viejo, y feliz”, dice, “me entra pánico”.

The Who. Foto: Michael Ochs Archives / Getty Images.

El guitarrista de The Who escribe bajo la careta que siempre le ha quedado mejor: la del viejo un poco gruñón que hace air guitar agresivamente y que, la verdad, no lo pasa tan bien sobre el escenario.

“La única ventaja de ser viejo es que puedes pasar por sabio. Y presumo de saber todo sobre cualquier tema. ¡Excepto fútbol! Cuanto más veo, menos entiendo”.

Esa misma careta de viejo gruñón es la que por momentos lo hace ver pedante. Como si Townshend buscara aleccionar sobre la fama (“Todo poder trae consigo una gran responsabilidad”); o sobre lo que hoy lo diferencia de Dylan, los Stones y McCartney (“Nunca me gustó el directo tanto como a ellos. Soy bueno sobre un escenario, pero raramente me divierto. Supongo que me lo tomo demasiado en serio”); o por qué sospecha de las biografías de roqueros escritas por otros (“Las biografías suelen ser obra de periodistas y expertos; a veces, resultan demasiado distanciadas o frías. Los artistas deben contar su historia en su propia voz”).

Lo mejor de este libro son esos momentos en que el guitarrista de The Who se libera de aquella careta gruñona. Como en entre 1978 y 1981, por ejemplo, cuando Townshend confiesa que no fue buen padre ni buen marido. Dice que no consiguió equilibrar trabajo y vida familiar. No ayudó el que bebiera demasiado, claro. “La época más horrible fue cuando me separé de Karen, mi esposa”. Ahora, lleva una existencia tranquila, en compañía de Rachel Fuller, directora de orquesta: “Me levanto pronto, a veces rezo: me considero una persona religiosa, odio ese eufemismo de espiritual. Luego, planifico el día; procuro siempre comer con Rachel. Por la tarde, trabajo en la música. Cuando anochece, paseo con los perros y veo televisión. Al final, leo, normalmente novelas policiales”.

*

Hace poco, en el documental Rolling Thunder Revue, Bob Dylan se preguntaba: “Pero ¿qué queda de esos tiempos?”.

Y el mismo Bob se responde a sí mismo.

“Nada. No queda nada”.

Si uno es levemente espiritual (y la mayoría de la gente que escucha música, claro, tiene algo levemente anti-material), uno también sabe que algo permanece de toda época.

The Who. Foto: Michael Ochs Archives / Getty Images.

La pregunta, claro, es qué quedara de los años de The Who, lo cual es lo que justamente Townshend intenta responder con este libro. Aunque para eso, claro, se tenga que volver a poner la careta de viejo gruñón.

“La verdad no es que yo esperara morirme para no envejecer”, dice en referencia a la famosa línea de “My Generation” sobre preferir morir antes que envejecer, “sino que esperaba morirme para no tener que escribir un libro como este.”

*

Una vez más: ¿qué quedará de los contraculturales años sesenta?

Tal vez un airecillo de rebeldía que hoy puede parecer un poco naif.

O bueno: la respuesta a tamaña pregunta, como también dice Dylan, está soplando en el viento.

Y pese a eso hay algunos que se atreven a atraparla, como Townshend. “El multiculturalismo, el liberalismo moral son herencias de esos años”, escribe. “Creo que cambiamos muchas cosas, pero no siempre para bien. Conscientemente, pusimos a prueba las leyes, las reglas sociales, las fronteras morales que venían de la guerra mundial. Y tal vez fuimos demasiado lejos, pero se sentía una necesidad de cambio”.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo