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Los mejores libros de fútbol en Chile (no son de Barrio Bravo)

Los mejores libros de fútbol en Chile (no son de Barrio Bravo)

El fútbol, el juego y sus consecuencias, el fanatismo y sus posibilidades, el negocio y sus oscuridades, no están en esos cuentos, saturados de una épica forzada, de un lirismo que en su abuso no consigue ser lírico sino que apenas vulgar.

“Los Barrio Bravo son los mejores libros de fútbol en Chile”, dijo Roberto Meléndez, el propio autor de esos libros, hace unas semanas en Culto. Como si eso fuera poco atrevimiento, por usar una palabra moderada —y no decir una más precisa, que sería insolencia, ni tampoco la más honesta, que sería vulgaridad—, el escritor de “los mejores libros de fútbol en Chile” se refirió a sí mismo en tercera persona: “Roberto Meléndez es el presente y el futuro”.

No se veía tanta audacia desde que Raúl Muñoz usó la 10 de la selección el 2003. Pero no hablaremos aquí de Roberto Meléndez, ni de sus libros, ni de si es el presente —no— o el futuro —por favor dios di que no. Tampoco hablaremos de Raúl Muñoz. Simplemente haremos el sencillo ejercicio de desactivar esa peligrosa frase —“Los Barrio Bravo son los mejores libros de fútbol en Chile”— y evitar que algún descuidado lector, un ingenuo navegante de la web y sus aguas enturbiadas por la séptica posverdad, se crea esa falsedad.

Barrio Bravo. Las gambetas de la vida, de Roberto Meléndez.

“Los Barrio Bravo son los mejores libros de fútbol en Chile”. Por supuesto que no. Es cosa de haber leído solo un libro más de fútbol —cualquiera, incluso uno de Cristián Arcos (aunque quizá no uno de Felipe Bianchi)— para saber que eso no es así. Primero, porque los Barrio Bravo (que desde ahora abreviaremos como BB, para evitar tener que decir esas dos palabras juntas nuevamente) no son en sí mismos libros de fútbol. Son una acumulación de malas historias, o de historias mal contadas, que solo para tener seguidores en Facebook, primero, y compradores de libros, después, giran como moscas alrededor del deporte más popular del país, el fútbol. Pero serían de lacrosse si el deporte más masivo aquí fuera ese extraño juego, o de béisbol, si los gringos nos hubiesen colonizado con más entusiasmo, o de fútbol americano, si fuésemos gringos. Pero el fútbol, el juego y sus consecuencias, el fanatismo y sus posibilidades, el negocio y sus oscuridades, no están en esos cuentos, saturados de una épica forzada, de un lirismo que en su abuso no consigue ser lírico sino que apenas vulgar.

“Los BB son los mejores libros de fútbol en Chile”. ¿Y qué hay de la colección Soy de, publicada por Lolita Editores, que incluso en sus tomos más débiles, como Soy de Católica —donde el iquiqueño Diego Zúñiga escribió rápido sobre ser hincha sin haber vivido la parte más importante de serlo: ir al estadio— o No soy de ningún equipo —en el que Cristóbal Joannon intenta explicar sin gracia su aburrida vida desfutbolizada—, logra proponer un punto de vista, una postura sobre el fútbol y su capacidad de generar identidad?

Fútbol total, de Esteban Abarzúa.

“Los BB son los mejores libros de fútbol en Chile”. ¿Y dónde ponemos a Fútbol total, de Esteban Abarzúa, que a pesar de su título genérico, un lugar común de este deporte, una frase hecha que suena refinada pero que, por muy holandés que sea su origen, casi nunca termina diciendo nada, es por lejos el libro más ambicioso —y probablemente el único— que se ha escrito sobre táctica en este país, donde somos campeones para reportear sobre premios e indisciplina pero incapaces aún de analizar con eficacia lo que pasa dentro de la cancha?

“Los BB son los mejores libros de fútbol en Chile”. ¿Y qué pasa con las investigaciones hechas por el majadero de Chomsky, nostálgicas pero rigurosas, sobre el mundial del 62, el Ballet Azul y Colo Colo del 73? ¿Con la pionera Historia del fútbol chileno, de Edgardo Marín, o los colocolinos volúmenes de Axel Pickett? ¿Qué hacemos con Todavía cruzado, donde Álvaro Bley intenta resolver el absurdo que significa ser hincha de un club —más si ese club es la UC— o con Leones, en el que Rodrigo Fluxá y Gazi Jalil recopilan, sin adornos ni endulzantes, las vidas de los jugadores que ganaron la Sudamericana con la U? ¿Son todos estos libros peores que la saga de BB?

Leones, de Rodrigo Fluxá y Gazi Jalil.

“Son los mejores libros de fútbol en Chile”, dice el autor sobre sus propios libros de fútbol. Este hombre, que ganó algo de fama y quizá un poco de dinero inventando exaltadas fábulas en Facebook sobre la generación dorada, ¿es que no aprendió nada de la lección que nos dejaron el 2017? ¿Que la soberbia no conduce a nada, que los hechos deben hablar por sí solos, que la grandeza de un ser humano se mide por la magnitud de sus obras, no por la pedantería de sus dichos? Por suerte, hay muchos libros de fútbol en Chile. No sabemos cuál es el mejor, pero sí sabemos que no es uno de BB.

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