Culto
A. M. Homes: “La vida cotidiana se ha vuelto demasiado extraña, surreal”

A. M. Homes: “La vida cotidiana se ha vuelto demasiado extraña, surreal”

Autora de la provocadora novela El fin de Alice y de la memoria La hija de la amante, la narradora estadounidense habla de su nuevo libro de cuentos, Días terribles.

Era 1996 y la autora estadounidense A.M. Homes (Washington D.C., 1961) publicaba su segunda novela. Y esta no trataba de un tema sencillo. Para nada. El fin de Alice narra la historia de Chappy, un pedófilo y asesino. Uno que en primera persona cuenta que ama a los niños, y que los ama tanto -especialmente a la enigmática Alice, de apenas 12 años- que por eso termina en la cárcel.

Recibió buenas y malas críticas en EEUU, donde se leyó como una Lolita grunge, y la censura en Inglaterra, donde la novela fue boicoteada porque “humanizaba” a un pedófilo.

Homes ya tenía fama de transgresora: en uno de los cuentos de su primera colección, La seguridad de los objetos, había usado una Barbie para explorar el cuerpo femenino, las primeras fantasías sexuales de un preadolescente, así como los diálogos imaginarios entre aquel y la muñeca de plástico.

De todas formas, la polémica de El fin de Alice sorprendió a la autora estadounidense.

“No creo que realmente se pueda anticipar la reacción a un libro”, dice Homes desde Nueva York. “Me preocupaba cómo se leería El fin de Alice porque era un año electoral en EEUU. Pero el mayor desafío para el libro no vino de los EEUU, sino de Inglaterra, donde quisieron prohibirlo”.

Más de 20 años pasaron y las cosas han cambiado para una autora que, durante los 90, era considerada la “reina de las bad-girl”, según la revista Mademoiselle. O “la mejor retratista de la depravación contemporánea”, de acuerdo a The New York Times Book Review. Porque claro: hoy la ficción de Homes parece normalizada, especialmente si se toma en cuenta que el presidente estadounidense, un par de años atrás, conducía un reality-show (y que hasta tuvo un cameo en la lucha libre). Por lo menos eso se percibe al leer Días temibles, su último libro de cuentos donde explora el absurdo de la sociedad contemporánea. Ahí está, por ejemplo, el encuentro sexual, en medio de un congreso sobre genocidios, entre una novelista transgresora y un corresponsal de guerra; la familia que va de compras al supermercado y por qué y cómo el padre de esta familia se convierte en candidato presidencial; un paseo por Disneylandia en el que se devela la cara del capitalismo infantil; y un chat en el que asoma una historia de abusos sexuales a una menor.

“He publicado tres colecciones de cuentos, cada una de las cuales ha demorado alrededor de diez años”, dice Homes. “Escribir cuentos es un poco más como poesía, es más preciso que una novela”.

¿Por qué sintió que Días temibles (en inglés Days of Awe) tenía que ser el título de la colección?

Me interesaba usar la palabra “awe”, la cual, por lo menos en inglés, puede significar algo asombroso como terrible. La idea de que el miedo y la maravilla estén estrechamente relacionados me parece precisa para los tiempos en que vivimos.

Hoy cuesta diferenciar entre la industria del entretenimiento y la política en la vida americana. ¿Ha cambiado en algo su escritura debido a esto?

En el pasado mi escritura se describió como “ciencia ficción emocional”, ya que introducía un elemento surrealista en lo cotidiano. Y, sin embargo, la vida cotidiana se ha vuelto completamente extraña, surreal, y ya no sé qué hacer. Me provoca cierta incomodidad. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Cuando la gente dice que esto es la “nueva-normalidad” se pasa por encima el hecho de que no es normal en absoluto. Por eso miro el mundo a mi alrededor y, con la boca abierta, asombrada, y con un lápiz en la mano, trato de encontrar palabras para darle sentido.

“¿Existen episodios históricos que no nos atrevamos a ficcionar?”, se pregunta un personaje en uno de los cuentos de este libro. ¿La libertad que permite la ficción está siendo cuestionada?

Siento que como escritora es parte de mi trabajo hacer preguntas que desafíen tanto al lector como a las suposiciones culturales del momento en el que estoy escribiendo. Quiero que mis libros hagan que la gente piense sobre el mundo que los rodea y su papel en lo que sucede. Quiero que las personas se responsabilicen de sí mismas y ayuden a los demás. Y para la gente que me ve como alguien transgresora y salvaje, tal como mis libros lo son, temo decirles que en el fondo soy una persona muy anticuada y tradicional en mis valores.

Hace poco Bret Easton Ellis, en su libro de ensayos White, escribió: “Parece que hemos entrado en una especie de totalitarismo que en realidad aborrece la libertad de expresión y castiga a las personas por revelar su verdadero ser”. ¿Qué opina usted?, ¿cree que las nuevas generaciones de lectores se ofenden con facilidad y no quieren explorar los espacios grises y contradictorios de la humanidad?

Me preocupa cómo la corrección política -o sea no ofender ni provocar a nadie- limita la exploración que un artista y escritor debe hacer. El verdadero progreso proviene de los límites, y la corrección política es un tipo de terreno intermedio o espacio seguro. Pero para que el arte sea fuerte, para que tenga impacto, tiene que arriesgarse y no jugar de forma segura.

En el pasado ha escrito cuentos con, o sobre, presidentes republicanos (Nixon y Reagan). ¿Ha pensado en hacer lo mismo con Trump?

Oh, no. Hasta ahora no he escrito sobre Donald Trump. Y no tengo planes de hacerlo.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo