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Culto

Bob Dylan y la generación beat: una relación especial

El autor de "Blowin’ in the wind" tuvo nexos con dos de los escritores fundamentales del movimiento literario estadounidense: Jack Kerouac y Allen Ginsberg. En su juventud, fue un gran admirador del libro En el camino, aunque con el tiempo comenzó a distanciarse de la obra. Con Ginsberg, mantuvo una relación particular, pues el poeta también quería ser una estrella de rock.

En 1975, en medio de la gira Rolling Thunder, aprovechando que el tour se encontraba en la región de Nueva Inglaterra, Bob Dylan realizó una particular visita: el cementerio de Lowell, Massachusetts. Ahí, acompañado de un amigo, el poeta Allen Ginsberg, visitó la tumba de Jack Kerouac. En el lugar, el músico le dijo al vate que deseaba ser enterrado en un sepulcro sin nombre.

La escena, relatada en el libro Bob Dylan, la biografía (Reservoir books, 2001), de Howard Sounes y que además es parte del documental de Martin Scorsese Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan’s Story, recientemente estrenado en Netflix, muestra algo que no era casual. Durante su juventud, el cantante había sido un ferviente admirador de la novela En el camino, escrita por Kerouac. “Ese libro había sido como una biblia para mí”, cuenta el autor de “Like a Rolling Stone” en su autobiografía titulada Chronicle.

Sounes complementa la información y narra en la biografía: “Bob y la mayor parte de sus amigos leían En el camino, así como Aullido, de Allen Ginsberg, y Un Coney Island de la mente, de Lawrence Ferlinghetti”.

Ocurre que cuando era adolescente, Dylan pensaba que las letras de las canciones que escuchaba eran ajenas a lo que pasaba. Entonces, la temática de la novela lo terminó atrapando, porque trataba lo que a él le gustaba: cosas reales, callejeras. “Seguía encendiendo la radio, probablemente más por un hábito sin sentido que por cualquier otra cosa. Lamentablemente, todo lo que se tocaba no reflejaba más que leche y azúcar, y no los temas reales de Jekyll y Hyde de la época. Las ideas de En el camino, Aullido y Gasolina que indicaban un nuevo tipo de existencia humana no estaban allí, pero ¿cómo podrías haber esperado que así fuera? Los singles de 45” eran incapaces de ello”, argumenta el cantautor en la citada autobiografía.

Además, a Robert Allan Zimmerman le había encantado el poema “Mexico City Blues”, también de Kerouac. Según el sitio de la Sociedad histórica de Nueva Inglaterra, fue el mismo Dylan quien le contó a Ginsberg que alguien le entregó el poema en St. Paul en 1959. “Me sorprendió”, dijo, y que fue la primera poesía que leyó que estaba escrita en su propia forma de expresión.

De ese modo, Dylan sentía una cercanía con la escritura de Kerouac. Una manera de entender el mundo más en contacto con lo “real” y no confinado en el academicismo.

Jack Kerouac. Foto: Hulton Archive / Getty Images.

En el camino

Hasta hoy, Jack Kerouac es considerado uno de los autores clave de la llamada Generación Beat (que completaban otros nombres como William S. Burroughs y el mismo Ginsberg). El nombre se refiere a un grupo de escritores estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX que, si bien escribieron obras muy distintas entre sí, compartían el ánimo de ir contra lo establecido. Había un cuestionamiento a los valores imperantes en la sociedad estadounidense, un lenguaje cercano, referencias a la poesía, las drogas, el jazz, y el relato sin tapujos de vida sexual y la visibilización de lo homosexual.

Para el escritor suizo Jean-François Duval, autor de Kerouac y la generación Beat (Anagrama, 2013), este movimiento no tiene tanto que ver con lo literario, sino que es más una actitud hacia la vida. “La generación Beat, como movimiento literario, no ha existido nunca. Sin embargo, esta inexistencia —¿es que no procede todo del Gran Vacío?, se preguntaba Kerouac— ha permitido la construcción de una ficción verdadera, que hoy llamamos convencionalmente ‘generación Beat’ y cuyos actores, lejos de formar un ‘núcleo’, como se ha dicho, nunca han representado sino una nebulosa muy dispersa: desde un punto de vista literario, no se distingue a primera vista qué pueden tener en común un Ginsberg, un Burroughs, un Kerouac, un Corso, un Snyder, un Ferlinghetti, etcétera. Al contrario, cada una de sus obras muestra tal singularidad y tal originalidad que no se pueden englobar todas en una única denominación. Tienen un solo punto en común: por muy diversas que sean, todas ellas proceden de la fuerte afirmación de una individualidad que se permite expresarse como tal, lejos de los cánones literarios del momento. La característica principal del ‘movimiento beat’, si existiera, sería su sorprendente disparidad. Es, de hecho, la marca de los nuevos tiempos, pues ya nadie desea para sí el conformismo que modelaba al individuo en las sociedades anteriores”, indica el helvético.

Nacido en Lowell, Massachusetts, en 1922, Jack Kerouac comenzó a escribir en su juventud tras servir en la marina mercante de los Estados Unidos. Escribió En el camino en 1951, aunque recién se publicó seis años más tarde. La novela narra tres viajes de dos amigos, Sal Paradise y Dean Moriarty, a través de los EE.UU. y México. Paradise y Moriarty no son otros que el mismo Kerouac y Neal Cassady. La escritura espontánea, las referencias a la cultura popular, a la marginalidad, a los bajos fondos y la romantización de los viajes hicieron que la obra fuese tomada como un referente para el movimiento hippie.

Entre otras, Kerouac también escribió las novelas Los subterráneos (1958) y Los vagabundos del Dharma (1958), en esta última desarrolló otro de sus intereses: el budismo.

Sin embargo, pese al ascendiente de Kerouac en el joven Bob Dylan, para el escritor Miguel Grinberg, su influencia en las letras está más cerca de otro de los referentes de la “generación Beat”, como Burroughs. Al menos, ese es su análisis al leer Tarántula, el libro que el hombre de “Just like a woman” publicó en 1966. “Si buscamos un parentesco con la literatura Beat desembocamos en el ‘flujo de conciencia’ alucinado de William S. Burroughs. La siento como una obra experimental que explora el verso libre y juega a plantar palabras en el acto de respirar. No por azar, al reeditarse en 1994, la portada la rotula como ‘poesía’. No es una lectura sencilla. Es una recopilación de alucinaciones de un muchacho de 25 años atormentado por la belleza y la muerte”, explica el argentino en entrevista con el sitio Recordplay.

Incluso, el mismo Dylan cuenta en Chronicle por qué comenzó a distanciarse de la obra de Kerouac en el tiempo, aunque sin perder el respeto hacia el texto. “En los primeros meses que estuve en Nueva York, había perdido mi interés en la visión de hípster ‘hambriento de patadas’ que Kerouac ilustra tan bien en su libro En el camino… Todavía me encantaban los alientos, las frases de poesía dinámicas que brotaban de la pluma de Jack, pero ahora, ese personaje que Moriarty parecía fuera de lugar, sin sentido, parecía un personaje que inspiraba la idiotez. Pasa por la vida chocando y moliendo con un toro encima de él”.

Huelga decir que en aquellos años, el concepto de hípster era entendido de un modo muy diferente al actual. En las notas a la traducción de la edición de En el camino de Anagrama, se explica: “’Hípsters’ eran los individuos rebeldes y pasados norteamericanos de esos años. Unas ratas de ciudad, más o menos de moda, que se drogaban y oponían a los squares (estrechos)”.

Allen Ginsberg. Foto: Michael Stroud / Getty Images.

“Temía convertirme en su esclavo”

Bob Dylan conoció a Allen Ginsberg en 1963, los presentó en Nueva York un amigo en común, el periodista Al Aronowitz. En un principio, el autor de Aullido no tuvo una buena impresión del oriundo de Minnesota. “Pensé que solo era un cantante de folk y temía convertirme en su esclavo o algo por el estilo, en su mascota”, cuenta el poeta en el libro de Barry Miles titulado Ginsberg.

En noviembre de ese año, Ginsberg acudió a un concierto de Dylan en Princeton, Nueva Jersey, y cayó rendido ante el talento del autor de “Tangled up in blue”. Tanto fue así, que debido a ese influjo, Ginsberg decidió que quería ser músico antes que poeta. “Creo que la poesía de Allen Ginsberg se resintió a causa de su temprana decisión de convertirse en una estrella del rock como Bob Dylan… Ginsberg se percató desde el principio que una voz sin acompañamiento tenía muy pocas posibilidades encima de un escenario junto a un grupo de rock o cualquier otro tipo de conjunto musical”, comenta el poeta Lawrence Ferlinghetti en el texto de Howard Sounes.

Un ejemplo: en 1971, Ginsberg invitó a Dylan y a un amigo común, Michael Amram, a su departamento. “En cuanto Dylan y Amram cruzaron el umbral, Ginsberg puso una guitarra en las manos a Bob y, seguidamente, apretó el botón de la grabadora pidiéndole que le acompañase en una canción que había escrito”, cuenta Sounes en su libro. Dylan no reaccionó bien al principio, pero luego accedió.

Con el tiempo, el hombre detrás de Sándwiches de realidad y Dylan desarrollaron una estrecha amistad. El músico invitaba al literato a sus conciertos, compartían fiestas, e incluso, el poeta fue a visitarlo tras el accidente en motocicleta. “Cuando tuvo su accidente de moto en 1966 y quedó postrado largo tiempo, Ginsberg lo visitó en su casa de Woodstock y le dejó una caja llena de libros de poesía. Todo indica que una influencia mayor en la obra de Bob Dylan ha sido la poética del poeta francés Arthur Rimbaud, que también le dio vuelta la cabeza al gran precursor Henry Miller”, cuenta Grinberg.

Incluso, Ginsberg se daba el tiempo de cumplir algunos de los especiales pedidos del Dylan. El hombre tras “Just like a woman” estaba interesado en saber qué comentaba la gente en sus conciertos, no lo que le decían a él, sino saber qué era lo que el público decía en medio del show. “Bob le dio dinero a Ginsberg para comprar una grabadora y Ginsberg se prestó voluntario para mezclarse entre el público y grabar comentarios de admiradores. Bob se sintió satisfecho cuando Ginsberg le trajo pruebas de que al menos a algunas personas entre la audiencia les gustaba lo que estaba haciendo”, narra Sounes en su obra.

Asimismo, tal como lo relata el filme de Scorsese, el autor de Kaddish y otros poemas fue invitado a formar parte de la gira Rolling Thunder para que abriera los shows recitando poesías.

Allen Ginsberg falleció el 5 de abril de 1997, producto de un cáncer. Como homenaje, en un show en Brunswick, Canadá, Bob Dylan cantó en su honor la canción “Desolation row”.

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