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The Basement Tapes: debo ser liberado

The Basement Tapes: debo ser liberado

Recuperándose de una caída de su motocicleta que le dejó lesionado por meses, Bob Dylan volvió a reinventarse en 1967, esta vez inspirado en la mística de las formas musicales que nutren la música tradicional de Estados Unidos. Junto a The Band, escapó del caos generado por el voltaje de sus shows eléctricos creando, en un conjunto de grabaciones improvisadas, una obra invaluable para el desarrollo de lo que hoy conocemos como Americana.

En julio del 66, cuatro meses antes de la supuesta muerte de Paul McCartney en un accidente de tráfico, Bob Dylan perdió el control de su Triumph Tiger poco después de salir de la propiedad de su manager Albert Grossman. Su esposa Sara, que le acompañaba detrás en el auto, fue quien lo recogió y lo llevó de regreso a la residencia, adolorido y lesionado. Aunque existen muchas versiones acerca del grado de las heridas sufridas por Bob -algunos lo dieron por muerto, otros especularon sobre un estado vegetativo e incluso documentaron ceguera temporal-, lo concreto es que aquel incidente ocurrió en un momento de su carrera en que los compromisos le tenían al límite. Un libro por terminar –Tarántula-, una gira que debió ser cancelada, un nuevo acuerdo pendiente con Columbia y la edición del documental Eat The Document. Fue en los quince meses que duró su convalecencia que se registraron las llamadas Basement Tapes.

The Basement Tapes, de Bob Dylan & The Band.

Algo está ocurriendo acá pero no sabes lo que es. ¿O sí?

Dylan había intentado antes escapar del fantasma de su propio magnetismo. Cuando irrumpió el domingo 25 de julio de 1965 en el Newport Folk Festival armado con una banda eléctrica, conmocionó a la facción más conservadora de los presentes. Fue una acción imprevista, una decisión tomada por Bob luego de su presentación el día anterior en un breve show acústico. La potencia de la banda llevó al escenario la fiebre de la cara A de su disco Bringing It All Back Home, donde “Subterranean Homesick Blues” y “Maggie’s Farm” despuntaban, trayendo a casa el germen que el mismo Bob había depositado en los Beatles, evidente ya en composiciones de Lennon como “I’m a Loser” y “Help!”. Tras el set y la evidente estridencia de abucheos y aplausos combinados, Dylan regresó a un bis para entregar dos canciones en formato acústico. La última fue “It’s All Over Now, Baby Blue”, una suerte de despedida.

En agosto saldría a la venta Highway 61 Revisited, consolidación de su nueva propuesta, donde cada una de sus canciones -exceptuando la alucinante “Desolation Row”- estaba interpretada junto a una banda de rock. Para la gira de presentación del álbum, y por recomendación de John Hammond Jr., Dylan reclutó a Robbie Robertson y Levon Helm de The Hawks, tras verlos actuar en Toronto. Pronto se uniría el resto de sus compañeros como soporte de Bob: Rick Danko, Garth Hudson y Richard Manuel. Pasarían a ser conocidos como The Band.

Tocando putamente fuerte

Blonde on Blonde, editado en 1966 y en cuya grabación tomaron parte Robertson y Danko, fue junto a Freak Out! de The Mothers of Invention -lanzado siete días después- uno de los primeros discos dobles de la historia. D.A. Pennebaker, quien ya había dirigido el documental Don’t Look Back sobre la gira del 65 por Reino Unido, fue el encargado de registrar la gira del 66 en Eat The Document, bajo la dirección de Dylan.

El material nunca vería la luz de forma oficial hasta que algunos segmentos fueron utilizados por Scorsese en su No Direction Home de 2005, incluyendo el incidente en el Free Trade Hall de Manchester, donde un fan descontento gritó “Judas” desde el anonimato. Dylan, acto seguido, impulsó a The Band a arremeter lo más fuerte posible: “Play fucking loud”, fueron sus órdenes. De regreso en Norteamérica, un accidente en motocicleta hizo que todo diera un vuelco en la vida de Bob, literalmente.

Bob Dylan.

Pesadilla en motocicleta

“Hasta ese accidente, Dylan no se iba a tomar un respiro, tenían que seguir de gira y a fines de julio él tuvo que cancelar las fechas. Incluso el Yale Bowl en New Haven, Connecticut, estaba agendado para el 2 de agosto. Dylan se vio forzado a recuperarse de las heridas en rostro y manos, y de las lesiones en su cuello. Todo eso le hizo sentarse y pensar qué voy a hacer con mi vida, quién está a cargo de mi vida. ¿Es el público, es Albert Grossman o estoy yo a cargo de mi vida? El accidente en motocicleta lo llevó a darse una pausa y fue importante”, explica a Culto el músico Sid Griffin, autor del libro Million Dollar Bash y las liner notes del boxset The Bootleg Series Vol. 11: The Basement Tapes Complete, donde se recopilaron en noviembre de 2014 un total de 138 grabaciones realizadas por Dylan y The Band, entre julio y noviembre de 1967.

Hasta el lanzamiento de aquel volumen de las Bootleg Series, el público había tenido acceso a una versión oficial editada por Columbia en junio de 1975, la cual compilaba solo 24 canciones. Una versión pirata circulaba desde 1969 con algunos tracks, conocida como The Great White Wonder. Muchas de las grabaciones hechas por Dylan y The Band durante aquel lapso de tiempo, en un principio en Red Room -el nombre dado al sótano de la casa de Dylan, Hi Lo Ha- y luego en Big Pink -la casa que daría posteriormente nombre al disco debut de The Band- fueron principalmente covers. Para ambas partes el ejercicio significó una manera de descongestionarse y volver a conocerse, luego de la vorágine que había precedido el aislamiento de Bob de la luz pública.

Según cuenta Griffin al teléfono, Bob y The Band comenzaron interpretando versiones de otros artistas “porque no había presión. No era trabajo, eran solo payasadas, nadie le estaba pidiendo (a Dylan) que hiciera un disco nuevo. The Band se estaba quedando en un hotel y él los invitó a Woodstock, era más barato de pagar y así podían trabajar en su propia música. Era algo divertido, por eso partieron con covers, solo querían hacer demos. Muchas de esas canciones nunca terminaron en un disco de Dylan. Solo querían hacer algo juntos, y eso terminaron siendo las Basement Tapes”.

Esta rueda está en llamas

El repaso que Dylan y The Band hicieron en aquellas sesiones de jamming por todos los géneros fundacionales de la música tradicional norteamericana se convertiría en el eslabón más importante de lo que hoy conocemos como Americana. “La Americana existía, solo que no tenía nombre. Tienes las grabaciones de Elvis con Sun Records, eso es Americana, lo mismo la música de The Lovin’ Spoonful. Mucha gente cree que las Basement Tapes comenzaron la Americana, pero lo que hicieron fue mantenerla en funcionamiento. Para cuando llegó la psicodelia, ya estaba abandonada. Americana era decir: este es el pasado y lo modernizamos, ahora es algo nuevo y diferente”, sentencia Griffin.

En 1967, el nuevo álbum de Dylan, John Wesley Harding, grabado entre octubre y noviembre del mismo año -poco tiempo después de las Basement Tapes– y registrado en Nashville en trece horas en total junto a un trío diferente de músicos (Charlie McCoy, Kenneth Butrey y Pete Drake), sorprendió por su morfología austera a quienes esperaban un clon de Blonde on Blonde. La voz de Bob expelía parábolas crípticas que bordeaban entre lo apocalíptico y lo sacro en “I Dreamed I Saw St. Augustine”, “All Along The Watchtower” y “As I Went Out One Morning”. Bob había traído todo de vuelta a casa, y ahora la había incendiado.

-¿Crees que Dylan hubiera seguido en el camino eléctrico de no haber tenido el accidente?

-Hubiera hecho un disco forzosamente eléctrico. Sin el accidente hubiera llegado la secuela de Blonde On Blonde. Dylan quería que Robbie Robertson tocara guitarra principal en John Wesley Harding, que hiciera overdubs porque solamente había una sección rítmica y una guitarra rasgueada. No hay un instrumento haciendo melodía, solo acordes. Entonces Robbie le dijo que tenía buen feeling, que no era necesario hacer eso. Pensó que si se le añadía una guitarra encima terminaría convertido en otro disco de rock. Esa fue una de las cosas más grandes de su carrera, haberse restringido en ese momento.

-Dylan estaba cansado de todo, no hace mucho había recibido abucheos y el famoso grito de “Judas” de parte de su audiencia. Incluso la gente no entendía lo que estaba haciendo.

-Iba muy por delante de su audiencia, eso es algo que siempre le ha pasado. Salió un boxset ahora de sus discos cristianos –Trouble No More– y uno de Rolling Thunder Revue. En su momento no criticaron bien esos discos cristianos, a la gente tampoco les gustaron mucho y al sello tampoco, pero con el tiempo puedes ver que es un gran artista. Es la respuesta estadounidense a Cervantes, no sé si será la respuesta a Shakespeare.

Debo ser liberado

Las sesiones en Hi Lo Ha y Big Pink no solo cambiaron a Dylan, también cambiaron a The Band. Del rock desatado junto a John Hammond y luego junto a Bob en las giras de 1965 y 1966, pasarían a un ánimo más melancólico, que colmaría su debut Music From Big Pink, en 1968. “Si escuchas el disco de John Hammond que se llama So Many Roads, en ese disco está acompañado por Robertson, es muy bueno y ahí están tres miembros de The Band. Es increíble porque muestra lo que hacían como The Hawks, y eran una banda que podían tocar R&B bien ruidoso y covers de Motown. Con Dylan, en el sótano, en cambio, tenían que tocar despacio y no podían meter ruido, si no no hubieran podido pensar. Así que, cuando comenzaron a grabar, su música cambió. Mucha gente pensó que su disco debut iba a sonar como Highway 61 y las rockeras de Blonde on Blonde, la gente no esperaba que fueran a hacer esas canciones lentas, contemplativas, tipo Americana”, añade Griffin. Sin embargo, ese ánimo sería temporal. Para 1974, el año de la gran gira del disco Planet Waves, 6 años después de su temporada en el sótano, The Band volvió a incendiar el escenario junto a Bob. El retorno del vértigo sería luego registrado para la posteridad en el en vivo Before The Flood.

Para Sid Griffin, el hecho de que las grabaciones completas de las Basement Tapes hayan sido liberadas, es algo grandioso y necesario. Más aún, urgente. “Pienso que esas canciones tenían que salir ahora porque en veinte años más a la gente no le va a importar mucho. Mi hija tiene 19 y no le interesa Dylan, tiene sus propios héroes. En el futuro nadie va a olvidar a Dylan, pero hablaremos de ‘Blowin’ in the Wind’, de ‘Like a Rolling Stone’, no de 138 canciones grabadas en un sótano. La razón de estos reissues de los Beatles y de Dylan, cargados de extra tracks es que tienen que salir ahora, porque su público está muriendo. En 10 años más, no habrá mucha gente comprándolos, y lo entiendo. Quieren sacarlas ahora que alguien está interesado, y eso es bueno porque demuestra qué tan grandiosos fueron gente como los Beatles o Dylan, y fuimos afortunados de vivir en el mismo momento que ellos”.

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