Culto
Antonio Skármeta: “Sí, leo las críticas… El aporreo también es parte de la vida”

Antonio Skármeta: “Sí, leo las críticas… El aporreo también es parte de la vida”

A medio siglo de su debut, el escritor y Premio Nacional regresa con una antología de cuentos. Formado en el Instituto Nacional, se refiere a la inclusión de mujeres en el liceo, a sus postergadas memorias y a los comentarios en torno a su obra.

Por estos días Antonio Skármeta (78) relee un libro de Siri Hustvedt, quien acaba de obtener el Premio Princesa de Asturias de las Letras. “Ella ha estado aquí con Paul Auster y yo los he visitado a ellos en Nueva York”, dice en su hogar de Las Condes el narrador chileno sobre la pareja de escritores norteamericanos.

Historias le sobrarían para escribir sus memorias al ex conductor del programa El show de los libros (TVN) y autor de la exitosa novela Ardiente paciencia (1985), reeditada como El cartero de Neruda. En un momento recuerda, por ejemplo, una fotografía que circula en Internet, en blanco y negro y donde aparece junto a Pablo Neruda y Juan Rulfo, en Isla Negra.

Sobre su mesa mantiene una carta de la agencia Balcells, informando de una serie de traducciones de sus obras. Además de un ejemplar de la nueva edición de Los nombres de las cosas que allí había, selección de 13 cuentos de su producción, la que ya cumple medio siglo, realizada por el autor mexicano Juan Villoro (62) y que ahora publica editorial Alfaguara.

“Con Juan nos conocemos muy bien y desde hace muchos años. Estuvimos juntos en Alemania, hemos compartido en México, él también ha venido a Chile. Yo le he seguido su vida literaria con atención y ahora me doy cuenta que él conoce bastante bien mi obra. Me gustó la selección”, comenta el Premio Nacional de Literatura 2014 sobre la labor de Villoro.

“Quienes comenzábamos a escribir a principios de los años setenta del siglo pasado encontramos en él a un joven gurú. Nada mejor para un aprendiz que un maestro cuyo tema obsesivo es el arte de comenzar”, apunta Villoro en el prólogo sobre los relatos de Skármeta, en su mayoría provenientes de sus tres primeros libros, El entusiasmo (1967), Desnudo en el tejado (1969) y Tiro libre (1973).

El primer título está dedicado “A mi padre”. “Él alentó mi vocación literaria con mucho entusiasmo. Y no solamente de palabras, sino que en una época que yo era un chico desordenado, él hizo algo que significó mucho para mí. Me preguntaba ‘Qué has escrito hoy, qué has escrito esta semana…’”, señala Skármeta, sentado en un sillón rodeado de algunas obras de Roberto Matta y un retrato suyo que le hizo Samy Benmayor. “Recuerdo cuando terminé la escuela, yo estudié en el Instituto Nacional, y egresé con todas las perplejidades propias del joven al que todo le interesa. Él me preguntó qué quería estudiar. Yo le dije: Papá, voy a estudiar filosofía. Y llegó y me abrazó. A ese extremo me tenía cariño”, agrega el novelista, quien vivió algunos años de su infancia en Argentina, y en los 70 en Alemania.

-¿Le gusta la idea que el Instituto Nacional sea mixto?

-Por un lado uno tiende a ser conservador con las tradiciones. Yo estudié en un colegio de hombres y me quedé con esa imagen, pero como decía el colega Bob Dylan “The Times They Are a-Changin” (Los tiempos cambian). Entonces el Instituto Nacional, que es el primer foco de luz de la nación, sea también parte de la vida de las chicas de este país, no me parece mala idea. A mí me hubiese encantado estudiar en un colegio mixto, porque mi vida adolescente giraba en torno al amor. Ahora si ellas copaban todo tu día, en el aula, hubiesen distraído también. Pero la vida es fascinante de una u otra manera.

En 2014 Skármeta fue operado tras detectarle un cáncer estomacal. Bajó 25 kilos. “He estado bien de salud, gracias a Dios. Los controles antes eran semestrales, ahora son anuales. No tengo restricción alguna. Ojalá me restringieran la comida, soy un poco goloso. Lo peligroso de haber bajado 25 kilos es que los pueda volver a subir”, dice hoy entre risas.

-¿Ha pensado en escribir sus memorias?

-He pensado muchas veces en escribir mis memorias, pero en la alternativa de hacer algo de creación, en el sentido, de creación ficticia. Cuando lo intento finalmente termino optando por contar una historia que concluye en un cuento o una novela. Al tratar de escribir una autobiografía no sé cómo evitar la ficción, verme a mí mismo como un personaje de ficción. Creo que me estoy ahorrando esa mirada un tanto despiadada que requiere la autobiografía. A lo mejor me faltan algunos años más para incurrir en ese vicio mayor.
Entre 1992 y 2002, Skármeta fue el conductor del El show de los libros en TVN. Allí entrevistó a Nicanor Parra, a Pedro Lemebel, a Mauricio Redolés y a Pablo Simonetti, entre muchos otros creadores.

-¿Cómo recuerda esa experiencia?

-Coincidió que siendo yo un escritor, con un gran interés por los medios de comunicación, me animara a la aventura de proponer un programa en los términos de un lenguaje audiovisual que penetrara en una esfera que le es negada a los escritores. Además, eran años que TVN se quería diferenciar y poner acento en asuntos que los otros canales, aparentemente, estaban despreocupados. Tuvimos buena sintonía y el programa se consolidó.

-¿Y hoy, cómo ve el panorama cultural televisivo?

-La verdad que solo veo la televisión en la noche, cuando dan las noticias. Tengo canales de cables, entonces me salvo de ver matinales y todo eso de la televisión abierta.

-¿Y lee las críticas? J.M. Vial fue bien duro con su último libro, Libertad de movimiento (2015)…

-Sí, leo las críticas, pero yo intento escribir lo mejor que puedo. Trato de ser muy auténtico y de exponer en esa autenticidad toda la técnica literaria que me podrían haber enseñado los años y la experiencia de ser escritor. Ahora comprendo que con eso no me alcance para satisfacer a algún crítico, pero son gajes del oficio que alguien te demuele, el aporreo también es parte de la vida.

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