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Rocketman: un hermoso cohete dinamitando las canciones de Elton John

Rocketman: un hermoso cohete dinamitando las canciones de Elton John

La biopic del músico, disponible desde hoy en cartelera, celebra los cincuenta años de carrera de Elton John jugando a cantar la historia de su vida, como un musical histérico de Disney con cocaína a granel y trajes estrafalarios y skinny.

Elton John estuvo inmensamente a la deriva, probó todo tipo de sustancias, fue alcohólico y adicto a la cocaína, de hecho en sus memorias Love is the cure cuenta que era lo único que le importaba —aquello de comprar polvo para esnifar— mientras sus amigos morían de sida. “Cuando mezclas el alcohol y las drogas te sientes invencible”, reza un pasaje memorable de aquel libro.

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Luego el músico se redimió, tocó fondo y se internó por su adicción hasta crear una fundación para combatir el VIH. Se casó con una mujer 6 años menor y luego con un hombre 15 años menor, aunque antes declaró su homosexualidad desde una nota de portada para Rolling Stone. Era 1976.

Elton John en la portada de Rolling Stone en 1976.

En lo estrictamente musical Elton John armó y desarmó grupos, grabó 31 discos de estudio, publicó bandas sonoras —incluyendo la de El rey león— y actúo en películas interpretándose a sí mismo en calidad de personaje —una de ellas: Spice World de las Spice Girls.

Entre los 70 y los 80 se subió a los aviones como si fueran taxis, fue uno de los primeros artistas en tocar en la Unión Soviética y usó trajes imposibles y estrafalarios sobre cada escenario que pisó —casi siempre manteniendo la elegancia londinense de Saville Row—, pero más importante aún: creó piezas inmensas como “Tiny dancer” o “Goodbye yellow brick road”, la soft rock “Daniel” y otras devastadoras como “Sorry seems to be the hardest word”.

Las canciones de Elton John marcaron a una parte importante del mundo en que vivimos y sirvieron para la banda sonora de hitos como las muertes de Marilyn Monroe y Lady Di, o la reinserción de un actor por el que nadie quería apostar cuando salió de la cárcel: Robert Downey Jr. pre-Iron Man.

La canción de la princesa

En 1997, Elton John interpretó "Candle in the wind" en el funeral de Lady Di. Acá la historia de la canción ? https://goo.gl/ctc8tE

Posted by Culto on Wednesday, May 29, 2019

Eso es, precisamente, una parte del mundo: esas canciones, ese ánimo, esa voz del inglés reverberando sobre nuestras cabezas. Sentado al piano, al final de cuentas, Elton John hizo de brújula para músicos tan lejanos como Charly García, profundamente influenciado por un disco como Madman across the water.

Si uno se para un instante para contemplar la vida de Elton John, cualquiera diría que vivió sus días según el evangelio del rock and roll. Si uno mira Rocketman, la película que lo tiene como biografiado, reducimos el origen de todos esos desmadres —tan bien empaquetados para la censura familiar— a dos factores: el desamparo que sintió con sus padres y la confusión que lo acompañó desde niño sobre su vida puertas adentro.

Elton John en concierto. Foto: Robert Knight Archive / Redferns.

Al final de Rocketman entendemos alrededor de tres o cuatro asuntos; que Elton John: a) ya no es un tipo solo, b) que se rehabilitó y se casó, c) que tiene hijos y que son felices, y d) que lo importante en una biopic de un músico vivo no es qué nos cuentan sino cómo lo hacen.

(Un paréntesis.

Antes de seguir hablando de la película, una confesión a modo de disclaimer. Una vez me hicieron una radiografía de tórax y me dejaron mirarla en un monitor médico. Fue algo bastante más entretenido que ver Rocketman.)

La película celebra el medio siglo de carretera de Elton John, o mejor dicho los cincuenta años desde la publicación de su debut Empty sky. Desde entonces el británico ha editado álbumes portentosos como Too low for zero, Goodbye yellow brick road o el Songs from the West Coast, pero sobre todo buenas canciones, aunque precisamente ese no sea el fuerte de la película que sí logró empezar y terminar el director Dexter Fletcher.

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Ya de entrada adivinamos el tono sentido y apesadumbrado de la historia.

Taron Egerton como Elton John en Rocketman.

Taron Egerton aparece embutido en un traje ajustado y lleno de joyas, sobre una versión instrumental y sin alma de “Goodbye yellow brick road” —más tarde retomada por un coro de comensales que arruina el que tal vez sea el mayor tema original del músico de 72 años.

Luego, el actor que interpreta al biografiado gira y canta “The bitch is back”, mientras viajamos hasta la infancia de Elton John en un hogar de clase media frío como paradero en invierno y sin pretensiones intelectuales —el padre tiene una colección de jazz, el hijo estudia piano becado en la Royal Academy of Music, pero son apenas guiños sin profundidad alguna.

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Acá la historia se mueve con la gracia de un perro persiguiéndose la cola. Están ahí los cimientos del ídolo hambriento de amor, fabricado a la medida de canciones como “I want love” o “Thank you for all your loving”, listo para salir a buscar a quien siga atento a la pirueta.

Elton John en la BBC. Foto: David Redfern / Redferns.

Nos gustan —a los periodistas, a los chilenos y, sobre todo, a los periodistas chilenos— las historias de redención, los talentos opacados por las adicciones, los personajes trastornados por el desamparo y la soledad en alguna etapa formativa. Tal vez eso vuelva a la Rocketman de Fletcher y Egerton un éxito de taquilla, aunque siempre será un animal manso, previsible y efectista.

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Es verdad que supera a la edulcorada Bohemian Rhapsody, pero ¡vamos! No es la Born to be blue de Ethan Hawke, ni por asomo la Bird de Forest Whitaker, dos biopics que retratan a músicos dañados con las mismas libertades y vicios del género y que, sin embargo, juegan en otra liga.

Mezcla de esos musicales que forzadamente buscan emplear a bailarines y extras, Rocketman es histérica y se pierde en la simple respuesta de “¿qué nos quiere contar la película?”. ¿Acaso la historia de Elton John según Elton John? ¿O se trata de una exhibición de talento musical y perseverancia? ¿O será un manual para armarse una y otra vez desde la resiliencia? ¿O servirá para entender que los padres del músico se odian tanto entre sí que es él el pegamento de la relación? ¿O será un homenaje solapado a quien escribe sus letras? Con algunos pasajes que no se entienden muy bien, al final de la función no queda tan claro por qué el músico está tan triste.

Elton John en 1976 promocionando Blue Moves. Foto: Anwar Hussein / Getty Images.

Ahora, si el final de Rocketman parece apresurado y uno queda con la sensación de un mal concierto de una superestrella, el uso de su cancionero elemental es desolador.

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“Saturday night’s alright (for fighting)” asoma como el peor musical visto en un capítulo bajo de Glee, “Border song” cuenta una anécdota sin importancia con Taupin —tal vez el personaje mejor armado de la historia—, “Tiny dancer” asoma como otro de los tantos momentos en que vemos sufrir y de cara larga a Elton John, “Sorry seems to be the hardest word” musicaliza el quiebre de una pareja aparentemente fugaz en la vida del músico y “Bennie and the jets” parece un mal videoclip con la ambición de alguien como Kanye West.

Tal vez “(I’m gonna) love me again” resuma mejor el conflicto planteado por esta película, pero eso es Rocketman. O no es más que eso: un barniz superficial que nadie recordará en un año más cuando nos enfrentemos al siguiente músico británico homenajeado por la cartelera.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars