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Carver, el sucio

Carver, el sucio

En el día de su nacimiento, en Culto perfilamos al autor de Tres rosas amarillas. Oriundo de Oregon, su obra destacó en los ámbitos del cuento y la poesía, pues desarrolló un estilo propio que ha recibido múltiples etiquetas.

Entre sus “Consejos para escribir cuentos” (que se encuentran en el libro Entre paréntesis), Roberto Bolaño dijo que había que leer a Anton Chéjov y a Raymond Carver, porque “uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo”. Como en la mayoría de sus análisis literarios, el autor de Estrella distante no se equivocaba. El nacido en Clatskanie, Oregon (1938), destacó en el campo del relato breve, de hecho, nunca escribió una novela.

Consultado en una entrevista con Claude Grimal, en 1987, sobre por qué escogió escribir cuentos —y poesía— por sobre novelas, Carver respondió: “Yo era muy joven. Me casé a los dieciocho años. Mi esposa tenía diecisiete; estaba embarazada. Yo no tenía dinero para nada y teníamos que trabajar todo el tiempo para alimentar dos hijos. También era necesario que yo fuera a la universidad para aprender a escribir, y era simplemente imposible empezar algo que me hubiera tomado dos o tres años. Así que me puse a escribir poemas y cuentos. Me podía sentar en una mesa, empezar y terminar en una sentada”.

El estilo de estos relatos es de una escritura simple, muy directa, y narran en clave realista los modos de vida de las clases medias y populares de los Estados Unidos. El escritor nacional, guionista y magister en literatura Sergio Gómez, define su obra de la siguiente manera: “Como lector de su obra narrativa y poética creo que lo fundamental es su accesibilidad, su fácil entrada, pero al mismo tiempo, sin que uno mismo se dé cuenta, la gran profundidad. La poesía, sobre todo, es de gran calado, pero siempre anclada a su vida, a la experiencia cotidiana”.

Raymond Carver. Foto: Reg Innell / Getty Images.

Etiquetar para confundir

Carver, en la citada entrevista, explicaba de esta forma por qué escogió a esos sujetos como protagonistas de sus relatos: “No me siento un escritor político y aún así he sido atacado por críticos del ala derecha estadounidense quienes me acusan de no pintar una imagen más sonriente de Estados Unidos, por no ser lo suficientemente optimista, por escribir historias de la gente que no tiene éxito. Pero estas vidas son tan válidas como las de los triunfadores. Sí, tomo el desempleo, los problemas de dinero, y los problemas maritales como hechos de la vida. La gente se preocupa por su renta, sus hijos, su vida hogareña. Eso es básico. Eso es como el 80-90 porciento, o Dios sabe cómo vive mucha gente. Escribo historias acerca de la población subterránea, la gente quien no siempre tiene quien hable por ellos. Soy una especie de testigo, y además, esa es la vida que viví por mucho tiempo. No me veo como un vocero pero si como un testigo de estas vidas. Soy un escritor”.

Debido a sus temáticas, muchos críticos literarios han denominado el estilo de Raymond Carver como “realismo sucio”. Sergio Gómez no comparte esta forma de llamarlo. “La denominación es un invento marquetero de los primeros traductores a fines de los ochenta para introducir a Carver y a otros escritores norteamericanos de esa época. Nadie puede tomarse algo así en serio. Pero, además, como toda etiqueta no dice nada, no significa nada. Por sus relatos lo llamaron y lo siguen llamando “Chejov americano”, ¿qué significa eso? Nada. No aporta, no suma nada. Etiquetar para confundir: a Juan Emar Neruda lo llamó ‘el Kafka chileno’, qué horror”.

Otra etiqueta que recibió la obra de Carver fue la de “minimalista”, la cual no le gustaba. En una entrevista con Silvia Del Pozzo dijo al respecto: “Los críticos a menudo usan el término ‘minimalista’ cuando discuten mi prosa. Pero esa es una etiqueta que me molesta: sugiere la idea de una visión estrecha de la vida, de ambiciones bajas, y horizontes culturales limitados. Y, francamente, no creo que ese sea mi caso. Seguro, mi escritura es concisa y tiende a evitar cualquier exceso. Hay un dicho de Hemingway que podría tomar para ilustrar mi caso: ‘La prosa es arquitectura’. Y esta no es la edad del Barroco”.

Los cuentos de Raymond Carver se editaron en seis volúmenes durante su carrera: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), Catedral (1983), Tres rosas amarillas (1988), el póstumo Si me necesitas, llámame (2000), además de Principiantes (2009), que es una “versión sin corregir” de la obra publicada en 1981. Si se observan las fechas, podremos advertir que publicó sus libros durante los últimos 12 años de su vida, pues falleció en 1988, a los 50 años. Durante años, Carver fue alcohólico y recién se rehabilitó en 1977, con 39 años. Al respecto, Sergio Gómez apunta: “Me gusta la idea de que sus años más productivos fueron los últimos once, cuando sabía que le quedaba poco y que vivía de prestado. Ahí publicó sus libros, conoció a su segunda mujer, con cáncer, alcohólico, sabía que viviría poco y escribió aun con más pasión”.

A la hora de recomendar algunas de sus historias, Gómez no duda: “Sus cuentos son la mejor entrada, aquí algunos que no he olvidado y puedo sugerirlos de memoria: ‘Catedral’, ‘Tres rosas amarillas’, ‘El elefante’, ‘Mecánica popular’ y ‘Caballos en la niebla’”.

La poesía completa de Carver.

Raymond, el poeta

Carver también desarrolló una faceta poética. De hecho, comenzó su carrera como poeta y fue algo que desarrolló durante toda su vida. “Empecé como poeta. Lo primero que publiqué fue un poema. De modo que supongo que me gustaría que en mi lápida pusiese ‘Poeta, cuentista y ocasional ensayista’, en ese orden”, señaló en una ocasión.

En este género publicó las obras Donde el agua se une a otras aguas (1985), Ultramar (1986), Bajo una luz marina (1987), Un sendero nuevo a la cascada. Últimos poemas (A New Path to the Waterfall), (1989).

“Cuando termino un libro, no escribo nada por seis meses, excepto un poco de poesía o un ensayo”, afirmó Carver en la ya citada conversación con Grimal, dando a entender el gusto que sentía por escribir versos.

Incluso, para él existía una cierta relación entre la narrativa y la lírica. Así lo explica en la entrevista con Grimal. “Mis cuentos son más conocidos, pero para mí, prefiero mi poesía. ¿La relación? Mis cuentos y mis poemas son cortos. (Risas). Los escribo de la misma forma, y diría que los efectos son similares. Hay una compresión del lenguaje, de la emoción, eso no se encontrará en la novela. El cuento y el poema, he dicho a menudo, son más cercanos entre sí que el cuento y la novela”.

Todos los cuentos de Carver.

En su ensayo Escribir un cuento, Carver se explaya más al respecto: “Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos —una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer— con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Nabokov”.

Sergio Gómez también destaca este lado del trabajo del oriundo de Clatskanie. “Me gusta su poesía por sobre su narrativa. Me parece más potente. Destacaría su último libro de poesía Un sendero nuevo a la cascada. Apenas publicó cuatro libros de poesía, por eso recomiendo uno reciente, publicación por editorial Anagrama, Todos nosotros, donde está su poesía completa, la que debería estar en los colegios de Chile como lectura complementaria o lectura obligada para tanto poeta joven desorientado”.

Sobre el autor:

Pablo Retamal N. |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @pabloretamaln