Culto
Mi nombre es Rivers Cuomo: así suena Weezer en vivo

Mi nombre es Rivers Cuomo: así suena Weezer en vivo

Es uno de los grupos que faltaba sobre los escenarios chilenos. Aunque esto cambiará el próximo martes 24 de septiembre: aquel será el día en que muchos y muchas podrán (por fin) corear “Buddy Holly”, “Island in the sun” y “Say it ain't so”. Y lo más probable es que la banda de Rivers Cuomo llegue con un show diferente al que por estos días presentan en Estados Unidos y Europa; al ser primera vez que se presentan en Chile puede que el set list, de hecho, se parezca más a su gira de grandes éxitos del 2012.

Uno de los tantos refranes tejanos dice que es mejor ser ambicioso o regresar a casa.

Go big or go home.

Y es verdad: en Texas todo es grande, muy grande y ambicioso, pero aún así el Austin City Limits se hace estrecho: son las 5:30 de la tarde de un viernes y parece que ya no cabe nadie en el inmenso predio donde en su versión 2012 han pasado o pasarán los siguientes artistas: The Black Keys, Florence + The Machine, Neil Young & Crazy Horse, Red Hot Chili Peppers, Jack White y los inflamables Iggy Pop & the Stooges

Y a eso hay que sumarle la banda que impulsó a quien escribe a volar desde Nueva York por casi seis horas: Weezer.

Porque la de Rivers Cuomo es de esas bandas que uno tiene que viajar para verlas. De esos grupos que siempre estuvieron muy cerca de tocar en Chile, pero que nunca superó eso: el simple rumor de que tocarían en Chile.

Hasta ahora, claro, porque el martes 24 de septiembre todo eso cambiará cuando Rivers Cuomo (vocalista principal y guitarra líder), Brian Bell (guitarra rítmica, teclados y coros), Scott Shriner (bajo eléctrico y coros) y Patrick Wilson (batería y coros) se suban al escenario del Movistar Arena y los fans chilenos formen con las manos en el aire el siguiente símbolo:

=W=

Una hora antes del concierto, en Austin City Limits, el público se llena de millennials que parecen californianos. Weezer toca en uno de los ocho escenarios del festival. No es el más grande, pero sí el que sigue al más grande; ahí mismo, más tarde, tocará Jack White con una banda de mujeres vestidas con impecables trajes azules vaqueros.

Los millennials que han llegado a ver a Weezer son casi todos estudiantes de la Universidad de Texas en Austin. Se nota por sus poleras o jockeys. Son chicos bronceados y con zapatillas Vans y camisas hawaianas. Chicas igual de bronceadas y con shorts cortos y sandalias.

Es fácil imaginárselos en un reality de MTV tipo The Real World.

Puede que sea el efecto Weezer: porque siempre hay chicas atractivas en un concierto de Weezer y los chicos, claro, también lo son. Lo que sirve para aclarar que Weezer no les canta exclusivamente a los nerds; sino a los populares, porque en el fondo quieren ser populares.

Mientras me acerco al escenario, por ahí, se alzan las manos de los viejos fanáticos de la banda, esos que siguen al grupo desde que en 1994 publicó el Blue Album. Es el público que hace el símbolo de la banda tocando las puntas de los pulgares en un ángulo aproximado de 90 grados, y apuntan los dedos índices hacia afuera para formar:

=W=

Así, a las 6 en punto y sin música de fondo ni nada aparecen los cuatro Weezer: Rivers Cuomo, Brian Bell, Scott Shriner y Patrick Wilson. Van directo a sus instrumentos.

Suenan arpegios a medio camino entre el country y el punk.

Y al principio cuesta reconocer la canción.

Pero luego no.

Es “My name is Jonas”, uno de esos comienzos perfectos y a la vez imperfectos. Es el tema que abre el mejor disco de Weezer, el primero, aunque en vivo es una de esas canciones que cuesta hacerle justicia. Rivers Cuomo desafina un poco y se nota que la banda está calentando. Aún así cuesta no emocionarse con el puente de la canción:

The workers are going home
The workers are going home
The workers are going home
Yeah, yeah, yeah!

Acaba “My name is Jonas” y sigue “Memories” y por supuesto pienso en el video clip de Jackass y la hermandad de la banda con Spike Jonze: hay algo infantil y de cultura skateboard en la banda de Cuomo (incluso tocaron en el Warped Tour).

Y son, pese a que no lo parezcan por fuera, una banda californiana: a comienzo de los noventa Cuomo se mudó a Los Ángeles buscando entrar en la escena glam que a comienzos de los noventa daba sus últimos y decadentes brillos.

De poco los Weezer se sienten más seguros y ahora sí parecen uno grupo que podía compartir escenario tanto con Taylor Swift como My Chemical Romance, esto ya que Cuomo y cía. pueden pasar de la depresión adolescente hasta el poptismo country.

“Surf wax America” a continuación, tampoco sin respirar, y es perfecto: incluso el público se mueve (aunque el público gringo no tiene un ápice de la energía que derrocha el chileno o sudamericano: lo cual confirma el cliché de que los mejores públicos están por debajo del Río Grande).

Y Cuomo, que incluso ya tiene familia, sigue pareciendo un niño que toca guitarra en su pieza imaginando que algún día será un rockstar.

“(If you’re wondering if I want you to) I want you to” pegada con “Dope nose”: en menos de quince minutos Weezer ha tocado cinco canciones. Todas pegadas e in crescendo.

Y solo entonces Cuomo saluda. Y en español.

“Hola”, dice Rivers con un chaleco carmesí sin mangas y una camisa blanca, “somos Weezer y yo soy el Rivers Cuomo”.

Y el público, como casi todo el público gringo, responde con aplausos diplomáticos. Sin demasiada emoción pese a que Rivers comienza con esos tres acordes veraniegos que todo el mundo reconoce:

Hey hey
Hey hey
When you are on a holiday
You can’t find the words to say

Después de varias canciones aceleradas, “Island in the Sun” se siente como la primera pausa del concierto.

*

Vale aclarar: el concierto de Weezer del 2012 (parte de una gira de grandes éxitos) fue más bien plano. Por lo menos para alguien que ha visto a Cuomo y cía. en varias ocasiones, como me imagino le sucede a gran parte del público.

Pero no es mi caso.

Porque esta es mi primera vez viendo a Weezer.

Y por eso Weezer se acerca a unos segundos sublimes gracias a “Perfect situation”, la cual tiene un momento, antes del último coro, hecho para que el público cante. Es un momento que se repite en todos los conciertos de Weezer:

Singing…
Ooohhhhh oh. Ooohhhhh oh. Ooohhhhhhhhhh

Y entonces cae el solo de guitarra de Cuomo, porque a parte de ser una canción con una melodía muy pegajosa, “Perfect situation” tiene uno de los mejores comienzos posibles: un solo de guitarra climático y algo melancólico.

Singing…
Ooohhhhh oh. Ooohhhhh oh. Ooohhhhhhhhhh

“Más fuerte”, dice Cuomo.

Y el público: Ooohhhhh oh. Ooohhhhh oh. Ooohhhhhhhhhh

“Como un estadio de fútbol”, insiste Cuomo.

Ooohhhhh oh. Ooohhhhh oh. Ooohhhhhhhhhh

Siguen “Buddy Holly”, “Hash pipe” y “El scorcho”.

Es un trío perfecto de canciones: el single que los hizo famosos, el single que los volvió a hacer famosos y el single de su disco “fallido” que hoy es uno de los favoritos de los y las fans.

De hecho “El scorcho” se siente un poco como la declaración de principios de la banda: una canción de amor loser sazonada con referencias musicales de aquella década (Green Day, grunge, niponofilia).

A su vez “Beverly Hills” es la más celebrada por los millenials que parecen californianos: por un momento Austin City Limits se convierte en una poolparty de springbreak. Se prenden muchos cigarrillos de marihuana. Suena latas de cerveza abriéndose. Y justo cuando la canción termina Rivers la cruza con los acordes de la canción favorita de Chino Moreno de Deftones: “Say it ain’t so”.

Es uno de los temas más coreados de todo el set, una canción de esas que todos saben en guitarra y que los Weezer continúan, como para seguir oscilando entre una canción lenta y otra más animada, con “Pork and beans”. Y así vuelve a subir la intensidad del show y momentos como este evidencian que hay distintas generaciones de fans de Weezer: los que eran grunges, los que los conocimos por el álbum verde y los que más tarde entraron a través de la etapa Make believe y el disco rojo.

Perdóname mis modales si te doy vergüenza, canta Rivers en “Pork and beans”, canción que funciona como himno sobre aquellos que se niegan a crecer. Voy a hacer lo que yo quiera hacer. No tengo nada que probarte.

Le pegan “The greatest man that ever lived (variations on a shaker hymn)”. Es el tema más largo del show: un juego de coros y subidas, la canción “Queen” de Weezer y la favorita del vocalista.

Y entonces, para cerrar, “Undone – The sweater song”.

Si quieres destruir mi chaleco (ou, ou, ou, oooohhh), grita al micrófono Cuomo, levemente enrabiado, un poco antes de arreglarse esos anteojos con marco negro. Agarra este hilo mientras me alejo caminando.

En vivo Weezer parecen los Ramones, pero como si los Ramones fueran en realidad títeres de Plaza Sésamo. Por lo menos el del 2012 es un show de apenas una hora. Pero no se necesita más. Fueron 16 canciones llenas de pop infantil y guitarras heredadas de los Pixies y Nirvana, pero sin el quiet-loud-quiet depre de estos últimos. Porque pese a que Cuomo se esconda detrás de una careta de adolescente con problemas de ansiedad social, Weezer es una banda festiva.

Y eso en vivo se nota ya que mientras “Undone – the sweater song” termina una vez más las manos de los fans (formando cientos de =W= con sus dedos) aparecen para despedir a ese bajo y tímido punk-popero llamado Rivers Cuomo.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo