Culto
Interpol: la sencillez de quienes no tienen que demostrar nada

Interpol: la sencillez de quienes no tienen que demostrar nada

En su cuarta visita a Chile, la banda neoyorquina regresó con su sexto álbum bajo el brazo, dos décadas de carrera y un show correcto y elegante.

Los relojes marcaban las 19.30 horas cuando las luces del VTR Stage se encendieron en medio de la penumbra de un atardecer que se anuncia en tonos pastel. Uno a uno subieron al escenario los integrantes del trío de Nueva York para presentarse en Chile.

No necesitan mayor introducción, ni tampoco esforzarse en crear complicidad con el público. Son viejos conocidos tras visitar suelo chileno por cuarta vez. Una suerte de carta segura si de profesionalismo y cuota rock-punk se trata.

Con un repertorio casi idéntico al que presentaron a nuestros vecinos trasandinos, Interpol desplegó con elegancia sus ya seis álbumes de estudio, viajando continuamente entre su debut de 2002 y sus temas más recientes.

El arranque fue “C’mere”, propio de Antics (2005), con un enérgico riff que da inicio al reclamo del amor no correspondido. Un tímido “gracias” salió de los labios del vocalista del guitarrista Paul Banks, quien hizo el esfuerzo de expresarse en un bien modulado español.

“If You Really Love Nothing” del recién estrenado Marauder, sumó fuerzas con el rápido beat de la batería: “Si realmente amas nada, qué parte de la traición deseas negar”, canta una voz que se desvanece al alargar las notas y finalizar cada verso.

Describir a Interpol en Lollapalooza Chile es fácil: impecable. Los estadounidense hicieron lo que mejor saben hacer, no perdieron el tiempo en dinámicas con el público, ni alargando innecesariamente sus canciones.

Recién tras el sexto tema de la jornada -”Say Hello to the Angels” de Turn on the bright lights-, Banks expresó una oración más elaborada a su público: “Gracias, somos Interpol, es un gran placer poder estar en Chile”, para luego volver a lo suyo.

El público, en su mayoría joven al igual que la banda que esperaban -Twenty One Pilots-, escuchó respetuosamente a Interpol. La gran masa color amarillo claramente estaba guardando buenos lugares para ver al dúo hip hop, y reservaron para ellos la euforia que no se escuchó en clásicos de Antics o Our love to admire.

“Fine Mess” marcó un viaje al presente con un tema fresco que destaca entre los clásicos de sus dorados 2000s como “Evil” y “Rest my chemistry”.
Con “Roland” -de su disco debut- dieron por finalizado su repertorio de 13 canciones en una hora exacta, fue una sincronía perfecta.

“Gracias, eso es todo”, dijo el conciso y preciso Paul Banks. Hizo un gesto de lanzar un beso al público y el trío desapareció del escenario. No hacía falta más.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov