Culto
“Es un orfebre y un malabarista con las palabras”: así es el libro de poesía de Paul McCartney

“Es un orfebre y un malabarista con las palabras”: así es el libro de poesía de Paul McCartney

No satisfecho con poseer una de las voces más cálidas y suaves de nuestra época, ni de haber formado parte del grupo musical que revolucionó el panorama pop del siglo XX, en 2001 McCartney decidió publicar un libro con sus poemas. Si ya eran conocidos en parte gracias a los centenares de canciones escritas en la época de los Beatles y luego en solitario o con los Wings, ahora se revelaba como un “poeta popular”.

La idea la tuvo su esposa Linda. En 1991, para el cumpleaños número 49 del ex Beatles, la mujer telefoneó al poeta, dramaturgo y amigo del músico, Adrian Mitchell, para proponerle publicar una colección de poemas de Paul.

El proyecto debía mantenerse en secreto, iba a ser una sorpresa cumpleañera, pero duró poco: McCartney, a pesar de tomar riesgos —antes había incursionado como pintor—, siempre se hace del control total de su producción artística.

La historia la cuenta el propio Mitchell en Paul McCartney: poems and lyrics, 1965-1999 (2001, Reservoir Books): “El proyecto demoró algunos años porque Paul se tomó un tiempo para la selección, en parte porque debió rebuscar en diversas cajas atiborradas de papeles para encontrar viejos manuscritos, pero también porque él está escribiendo en estos momentos algunos de sus mejores poemas”.

Según el compilador del libro: “En 1995, cuando era editor de poesía para New Statesman, publiqué una página de cinco de sus poemas impresionistas y coloristas (…) Las ventas de ese ejemplar de la revista se dispararon, llegando a varios miles”.

*

En el prólogo de Paul McCartney: poems and lyrics, que incluye sus poemas y algunas letras del periodo comprendido entre 1965 y 1999, McCartney cuenta su relación con la poesía: “Cuando era adolescente, por alguna razón deseaba con locura que me publicaran un poema en la revista del colegio. Escribí algo profundo y elocuente… que fue rechazado de plano, y me figuro que desde entonces he estado intentando tomarme la revancha”.

“Años más tarde, después de haber escrito muchas canciones con John Lennon —y sin él—, compuse un poema al enterarme de la muerte de mi querido amigo Ivan Vaughan. Pensé que con un poema, más que con una canción, podría expresar mejor lo que sentía. A este poema, ‘Ivan’, le siguieron otros, muchos de los cuales aparecen en esta recopilación”, escribe allí el músico.

El texto cierra con una especie de declaración de principios: “Adrian Mitchell me convenció de que el libro también debería incluir canciones, y así se ha hecho, y ahora coincido plenamente con él en que ambas formas de escritura tienen la misma capacidad de transmitir sentimientos profundos. Espero que tú, lector, también sientas lo mismo”.

*

Ivan

Dos puertas abiertas
el dieciocho de junio,
dos recién nacidos
ese mismo día
en Liverpool.
Uno era Ivan,
el otro, yo.
Nos conocimos en la adolescencia
y superamos todos los desafíos
a los que nos habían sometido.
Jive con Ive,
un genio del bajo.
Él me presentó
en la fiesta de Woolton
uno o dos amigos
y así empezamos,
él un típico estudiante,
yo, con el rock ‘n’ roll.
Los mejores amigos que pueda haber,
marina de Cranlock,
pastel de Cranlock.
Una lágrima cayó
por mi mejilla,
el dieciséis de agosto
de mil novecientos noventa y tres
una puerta se cerró.
Adiós, Ivy.

*

Según Mitchell, fue con el rock and roll cuando las letras oscuras y sinceras del rhythm and blues llegaron a la radio. “Chuck Berry y Jerry Leiber escribieron historias sobre la vida en las ciudades utilizando imágenes de autos, hamburguesas, elixires de amor, bebidas alcohólicas y disturbios en la prisión. A los Beatles les encantaban esas canciones y las cantaban antes de empezar a componer las suyas. Cuando fueron ganando confianza en sí mismos, el tándem Lennon/McCartney llevó más allá las fronteras existentes en la creación de las letras de canciones para conseguir maravillas como ‘Sgt. Pepper’s lonely hearts club band’, ‘Come together’, ‘Eleanor Rigby’ y ‘A day in the life’. Cuando se separaron, Lennon y McCartney siguieron escribiendo canciones intensas e inteligentes”.

“Evidentemente, los Beatles llegaron mucho, muchísimo más lejos. Cambiaron el mundo, abrieron puertas y mentes. La década de los setenta vivió el resurgimiento de las sublevaciones bohemias de Oscar Wilde, Erik Satie, Van Gogh y el jazz. Pero en esta ocasión mucha más gente las siguió. Todo el mundo parecía querer un poco de eso: algo de libertad, algo de color, algo de poesía, algo de revolución”, escribe el editor.

*

Así

Así apagamos la vela.
Adiós a la infancia.
En el corazón del bosque una hoguera se apaga,
¿y qué nos ha quedado
ahora que ya somos adultos?

Así levamos el ancla.
Adiós al romanticismo.
Lejos, en el océano, un buen velero se ha perdido,
¿y qué nos ha quedado
ahora que ya somos adultos?

*

“Paul no está en la línea de los poetas académicos o modernistas”, asegura Mitchell.

“Es un poeta popular —asegura el editor—. Como lo fuera y es Homero, comprendido y apreciado por millones de personas que nunca han pisado una universidad. Como William Blake, que solía cantar sus Canciones de inocencia y de experiencia a un círculo reducido de amigos, se ha convertido en uno de los poetas más conocidos. Siempre que las críticas dicen que la poesía cantada es inferior, mi consejo es cantarles ‘Tyger’ de Blake o ‘My luve is like a red, red rose’ de Robert Burns”.

Sobre la diferencia entre un poema y la letra de una canción, Adrian Mitchell es enfático: “Las canciones tienden a ser menos concentradas, en parte porque una canción tiene que funcionar al momento y, también, porque las palabras deben dejar espacio para que la música respire, deben dejar tiempo para la música. En una buena canción, las palabras y la música bailan juntas, por lo que necesitan un espacio para bailar”.

“Paul se arriesga, una y otra vez, en toda su obra. No teme asumir el arte de la poesía, que es el arte de bailar desnudo. Existe una afinidad real entre el trabajo de Paul y los poetas actuales como Brian Patten y Carol Ann Duffy, y también escritores de canciones como Elvis Costello, Randy Newman y Laurie Anderson”, asegura.

Y luego añade: “Paul no es simple. Ha estado escribiendo poemas desde que iba al colegio, desde la época en que su gran profesor Alan Durband le dio a conocer a Chaucer y Shakespeare, desde que descubrió a Oscar Wilde, Tennessee Williams, Bernard Shaw, Sheridan y Hardy. Y también ha pedido consejo a poetas amigos como Allen Ginsberg y Tom Pickard. Es evidente que Paul ha sido bendecido con una de las voces más cálidas y suaves de nuestra época. Es evidente que posee un don único para escribir canciones que llegan directamente al corazón y se quedan allí. Pero también es un orfebre y un malabarista cuando trabaja con las palabras. Tanto sus poemas como sus canciones guardan muchas sorpresas”.

“A veces sus poemas son ligeros como una pluma. Pueden hacer cosquillas, volar o deleitar la vista. A veces escribe cuatro líneas con mucho peso, como el de un autobús de dos pisos, o como el del mismo corazón”, escribe en el prólogo.

Para demostrar la seriedad y el sentido de la escritura de McCartney, Adrian Mitchell cita al ex Beatle en el libro Many years from now, donde Paul le cuenta a Barry Miles cómo escribió su tema “Blackbird”:

Trabajé la melodía con la guitarra a partir de un fragmento de Bach y los trasladé a otro sitio, lo trasladé a otro nivel, y entonces sólo adecué la letra a la canción. Tenía en mente a una mujer negra, más que a un pájaro. Era la época del movimiento por los derechos civiles, que a todos nos preocupaba mucho, así que realmente era una canción que yo dedicaba a una mujer negra, que sufría estos problemas en Estados Unidos: “Deja que te dé ánimos para continuar intentándolo, conserva la fe, hay esperanza”.

Como hago a menudo, encubrí al sujeto; así, en vez de decir “Mujer negra que vive en Little Rock”, siendo muy concreto, esta se convirtió en un pájaro, pasó a ser un símbolo, y cada uno podía aplicárselo a sus propios problemas.

Este es uno de mis temas: escoge una canción triste y mejórala, deja que esa canción te ayude. “Tú puedes” es una buena frase para definirlo. Durante todos estos años he recibido muchas cartas maravillosas de gente que me decía: “Esa canción realmente me ayudó cuando pasaba una época terrible”. Creo que la mayor satisfacción de haber sido músico, y de haber formado parte de los Beatles, es cuando te llegan estas cartas y te das cuenta de que realmente has ayudado a la gente. Esta es la magia de todo esto, eso es lo maravilloso, porque las escribí ya con cierta intención de que pudieran ayudar, y sin duda me siento muy orgulloso cuando veo que han sido verdaderamente de ayuda para la gente.

“No muchos poetas escribirían de una forma tan abierta y transparente sobre su metodología de trabajo y sus razones para escribir”, compara Mitchell. “Paul conoce el valor de las palabras, cómo nos pueden ayudar a disfrutar de la vida y del amor. También sabe que las palabras pueden servirnos en momentos de gran aflicción, no solo como terapia, sino como una forma de hablar con los que han perdido a sus seres más queridos”.

Sobre el autor: