Culto
Amos Poe: “La nostalgia por el celuloide es kitsch”

Amos Poe: “La nostalgia por el celuloide es kitsch”

Secreto a voces del cine underground estadounidense, referente de Jim Jarmusch y el punk, habla aquí de fantasmas como Jonas Mekas, David Bowie y Anthony Bourdain, además de la extinción del celuloide y el derrumbamiento inminente de una forma de vida.

A lo largo de 1975 y 1976, junto al músico Ivan Kral, Amos Poe frecuentó clubes neoyorquinos como el CBGB, el Max’s Kansas City y The Botton Line con una cámara de 8mm en mano. No sospechaba que estaba instalado en un momento clave dentro de la cultura popular del siglo XX ni menos que terminaría registrando el nacimiento de un movimiento -nada menos que el punk- a través de las presentaciones de Iggy Pop, Blondie, Patti Smith, The Ramones, Talking Heads, New York Dolls, David Bowie y The Heartbreakers.

Pero había un problema: en algún momento del proceso, Poe y Kral se percataron de que no habían grabado el sonido. ¿La solución que escogieron? Sonorizar las imágenes con canciones grabadas en estudio sin preocuparse de la sincronía. Esa decisión -influenciada creativamente por Godard desde el otro lado del charco- sería el gesto fundacional del cine punk.

Después de esos experimentos, titulados Night Lunch (1975) y The Blank Generation (1976), Poe continuaría haciendo películas bajo el lema del “hazlo tú mismo” (DIY). Unmade Beds (1976), protagonizada por el escritor Duncan Hannah y una radiante Debbie Harry, funciona como una apropiación autoral de Sin Aliento (Jean-Luc Godard, 1960). The Foreigner (1976), nuevamente con la actuación de la líder de Blondie y una imborrable aparición de The Cramps, lleva los códigos del cine noir a esa Nueva York sombría. Lo mismo pasa con Subway Riders (1981), policial que sigue a un saxofonista asesino como excusa para desplegar música, poesía y reflexiones a cargo de un elenco inmejorable que incluye a John Lurie (Extraños en el paraíso), Cookie Mueller (Pink Flamingos) y el inglés Robbie Coltrane mucho antes de ser absorbido por la máquina Harry Potter.

Con mayor presupuesto, y bajo supervisión de un equipo de productores, Poe realizaría posteriormente Alphabet City (1984), policial nocturno y brumoso que, como consecuencia, terminaría devolviéndolo a los territorios de la autogestión. Después de eso, dirigiría un par de videoclips para Run-DMC, un documental sobre el músico Steve Earle (Just an American Boy) y, al igual que Godard, una serie de ensayos experimentales en digital (Empire II, La Commedia).

Siempre inquieto y subterráneo, Poe es algo así como la piedra angular no reconocida del cine independiente estadounidense. Cuesta entender por qué las imágenes icónicas de sus películas no han sido adoptadas por los hípsters de turno en esta era de redes sociales. Aunque Jim Jarmusch y otros lo citen como referente, él sigue siendo un secreto a voces. Un artista de bajo perfil que no para de experimentar.

“En los últimos años he estado trabajando en mejorar mi camino mental, emocional y espiritual”, cuenta desde Nueva York. “También he estado pintando, escribiendo películas y dos libros, además de trabajar en la adaptación de Taxi Driver para Broadway y en una versión experimental en Súper 8 de una película de James Bond. Además, estoy preparando una serie sobre la Nueva York de los 70 llamada Downtown y una película, Pyromaniac, que contará con las actuaciones de Isabelle Huppert y Jean-Pierre Léaud. Se me olvidaba mencionar que también he estado construyendo una tostadora”.

Eso sí que es DIY.

“El digital es la nueva era dorada del cine”

-¿Sientes nostalgia por el celuloide?

-No. Estoy muy interesado en la creación de imágenes digitales en movimiento. Es una gran frontera. Me encanta el digital, es la nueva era dorada del cine. A veces extraño la calidad táctil de la película, el Steenbeck y la edición, pero como alguien que siempre ha estado orientado al diseño de sonido (mi aspecto favorito), me encanta lo que se puede hacer ahora con ProTools. También me encanta el auto-formato del programa Final Draft. Hace que la escritura de guiones sea una brisa. En definitiva, creo que la nostalgia por el celuloide es kitsch.

-¿Cómo te afectó la muerte de Jonas Mekas?

-Jonas fue un cineasta muy original. No llegué a conocerlo tan bien, pero cuando nuestros caminos se cruzaban yo me quedaba siempre extasiado. Amaba el brillo de sus ojos y por supuesto estaba inmensamente influenciado por sus imágenes, su poesía y su filosofía. Un día me presentó a Stan Brakhage. Le dijo: “éste es Amos Poe, tu hijo perdido hace mucho tiempo”. Creo que hizo y mantuvo encendida la antorcha para el cine experimental a escala humana como nadie. Puede que se haya ido de la Tierra pero nunca lejos del cine. Una vez le pregunté: “De todas las personas que no has conocido, ¿a quién te gustaría conocer?”. Él me sorprendió. Respondió: “No necesito conocer a nadie, pero me hubiera encantado bailar con Fred Astaire”.

-Otra gran pérdida debió haber sido la de David Bowie, a quien registraste en Night Lunch (1975)…

-Sí. Me lo cruzaba ocasionalmente en la calle. El siempre fue muy amistoso. Era un gran tipo, además de un gran artista y actor. Me hubiese encantado hacer una película con él. Debí haberlo hecho.

-No es mi intención que hablemos de muertos pero acompañaste a Anthony Bourdain por el Lower East Side para el último episodio de su programa “Parts Unknown”. ¿Cómo fue esa experiencia?

-No conocía bien a Tony pero me hubiese encantado hacerlo. Lo del programa fue divertido, pero creo que si él no hubiera muerto habría sido editado de otra forma. Hablé con él varias veces después de la grabación, justo antes de que se quitara la vida. Parecía confundido. Es muy triste.

-¿Cómo enfrentas el pasado a tus 70 años de edad? ¿Cómo lidias con tus fantasmas?

-Los fantasmas son historias que no han terminado. Hay unos pocos. Los nocturnos son más fáciles de abrazar. Son los diurnos los que pueden asustarte. A mi edad, la memoria es el 50% de la ecuación y creo que eso es algo bueno. En los días buenos, vivo en el presente y estoy en paz. Rezo para evitar demasiada dosis de pasado (melancolía) o demasiado pensamiento del futuro (angustia). En mi último tercio de la vida estoy más budista y la meditación me ayuda.

“El capitalismo se debilita, se deshace en cenizas”

-¿Cómo ves desde la distancia toda esa escena de arte, música y disidencias que tuvo lugar en la Nueva York de mediados de los 70?

-Asombro podría ser una buena palabra para definirla. Pero no sabía realmente que las cosas estaban cambiando. Simplemente vivíamos el presente. Fue como la caída del Imperio Romano o el comienzo del fin de la era del combustible fósil. Recuerdo que había una cierta oscuridad que soplaba por la ciudad, una niebla en los páramos.

-¿Sientes que murió ese “underground” neoyorquino salvaje? Ahora todo parece más sofisticado y civilizado…

-El optimista en mí cree que siempre habrá un a escena “underground” que es básicamente gente haciendo arte solo por el goce. Pasión pura y diseño divino. En cuanto a Nueva York, siento que ahora es una bestia codiciosa que devora a sus crías. Pero la vida continúa y sí, siempre es un poco difícil, todo el planeta es así. Cada aliento es una bendición y una maldición.

-¿Te interesa la situación política del mundo como inspiración?

-Estoy muy inspirado por la histeria de la política estadounidense, la gran tragedia que se desarrolla aquí y más allá; pero también la esperanza de que estemos a punto de ser convulsionados por grandes cambios a medida que la vida en la Tierra se vuelva menos sostenible y el Capitalismo se debilita, se deshace en cenizas. Todavía estoy buscando la luz.

-¿Estás en contacto con Jim Jarmusch? “Permanent Vacations” y “Extraños en el Paraíso” parecen muy influenciadas por tu cine.

-Sí. Estoy en contacto con Jim. El es como un hermano para mí. Lo amo. Tiene un espíritu amable. Con otros de la vieja escena, como Eric Mitchell, James Nares, Abel Ferrara y Sara Driver, estoy en contacto cuando la vida los acerca. Creo que soy un ermitaño muy sociable. Estoy siempre ansioso por escribir, leer, pintar y enseñar.

* Foto portada: Victoria Cohen.

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