Arte y filantropía, una dupla en ciernes

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Filantropía y caridad suelen confundirse en un país acostumbrado a ir en ayuda de las necesidades básicas de la población como la educación y la salud -con contribuciones que van apenas del 0,1% al 0,3% del PIB- y donde el arte ni siquiera tiene mediciones. Pero algo está cambiando. Distintas iniciativas se están preocupando por formar amantes y donantes de arte.


La mañana del 27 de febrero de 2010, como sucedió con tantos otros edificios patrimoniales del país, parte del Museo de Arte Contemporáneo del Parque Forestal amaneció en el suelo. Aunque su reconstrucción definitiva tomaría un año; sólo tres meses después del terremoto, la artista Pilar Quinteros reflejó la urgencia que significaba para el medio artístico ver en ruinas el museo, haciendo una refacción temporal con cartón forrado. La acción quedó registrada en un video de 14.33 minutos, que cuatro años después se transformó en la primera pieza donada por la Fundación de Artes Visuales Asociados (FAVA) a la colección del MAC. Ellos mismos la eligieron.

Las condiciones de la donación hecha por FAVA fueron  bastante inéditas: 123 personas pagaron una entrada para una gala que incluía cena, fiesta bailable, un recorrido exclusivo por la Feria Ch.ACO. Con el dinero el museo compraría la obra de un artista sub 30. Fue un éxito.

El próximo 12 de octubre, la fundación hará su tercera gala benéfica en apoyo al MAC, el que adquirirá esta vez una foto de Demian Schopf. Habrá 200 invitados. "Partimos en 2012 con la idea de apoyar la educación, el coleccionismo y la filantropía en el arte contemporáneo; nos dimos cuenta que los tres temas estaban muy vinculados. Si alguna vez hubo una cultura filantrópica en Chile, hoy ya no existe; pero es muy necesaria y no imposible hacerlo. Imagínate que con esta gala, 123  personas se convirtieron inmediatamente en filántropos de arte", explica Irene Abujatum, directora de FAVA, nacida bajo el alero de Ch.ACO.

Además de la gala, la fundación  creó una colección de arte de 14 piezas, curada por el mexicano Pedro León de la Barra, que itinera por colegios de todo Santiago para acercar el arte contemporáneo a los jóvenes, y que a largo plazo la fundación pretende donar a una institución pública.  También está el Premio FAVA que otorga vía concurso $ 5.000.000  a un artista promisorio – este año fue Gonzalo Pedraza-; y el Programa PAC-FAVA, donde ocho patronos, miembros de la fundación, aportan dinero a distintas iniciativas, con el beneficio de la rebaja tributaria que da acogerse a la ley de donaciones culturales. En 2014, por ejemplo, el PAC quiso entregar $14 millones al Museo de Bellas Artes para la compra de una obra; sin embargo, la donación no se efectuó. Según la dirección del MNBA, el problema tuvo que ver con "despejar requisitos legales respecto a la figura de una donación de FAVA a la Fundación Bellas Artes para adquirir una obra dentro de la Feria Ch.ACO". Para Abujatum, simplemente las instituciones no están preparadas.

"Los museos están acostumbrados a recibir obras, pero no dinero, lo que desencadena un papeleo larguísimo. Me parece que el sistema administrativo que tienen es retrógrado y se hace imposible donar a muchas instituciones, lo que es una pena", dice.

En el caso del MAC, las donaciones ha sido posible entregarlas a través de los Amigos del MAC, organismo que funciona hace 25 años y que el Bellas Artes no posee. "Nuestro directorio es muy proactivo y la principal misión es captar auspiciadores y fondos para las diferentes actividades del museo. También estamos lanzando 100 amigos MAC para generar una comunidad filantrópica", cuenta Pabla Ugarte, presidenta de la asociación.

Amigos del MAC presentó la iniciativa en agosto y ya cuenta con más de 30 socios, quienes aportan 25 UF anuales ($ 655 mil aprox.), a cambio de un grabado de Iván Navarro (que en el mercado vale US$ 2 mil), catálogo y visitas guiadas privadas por las muestras del MAC, entre otras actividades. Todo el dinero va a las arcas del museo. "La gente piensa que para ser filántropo hay que ser millonario, pero no siempre es así. Puedes donar tu tiempo, puedes hacer un pequeño aporte que junto con otros hacen algo grande; a eso apostamos  nosotros", dice Ugarte.

Cuestión de tradición

Si bien los expertos coinciden en que Chile no tiene una arraigada tradición filantrópica, el director del Museo de Bellas Artes, Roberto Farriol, cuenta que la relación con coleccionistas privados fue fecunda hasta mediados del siglo pasado, cuando éstos ponían a disposición sus bienes culturales y aspiraban incluso a crear salas con sus nombres. Ahora, en cambio, los aportes son a lo lejos,  " ya no son como conjuntos sino que obras individuales", dice. Sin embargo, algo pareciera estar cambiando en los últimos años.

En junio de 2015, la Universidad Adolfo Ibáñez abrió el Centro de Filantropía e Inversiones Sociales (Cefis), dirigido por Magdalena Aninat, y presentó su primer estudio. Este destaca que aún cuando la tradición en Chile ha sido dar beneficencia y asistencia a las necesidades básicas de la población, en los últimos años hubo un incremento en las donaciones, sobre todo aquellas acogidas a leyes de incentivo tributario. Estas representaron, en 2013, el 0,12 % del PIB, todavía muy lejos del 2% que mostraron datos similares en EEUU. En Chile, estas donaciones se dan sobre todo en educación, salud y asistencia social, pero en arte no existen tales mediciones.

Para la experta española Rosa Madera, uno de los problemas cruciales es que "en Chile se suele confundir caridad con filantropía. En la primera das los peces, pero en la segunda das la caña de pescar. Es muy importante generar un cambio profundo, donde la donación sea una herramienta de cambio social; esa es la diferencia". En 2011 la abogada  ayudó a crear la Fundación Ibáñez Atkinson, que hace filantropía en temas de cultura, educación y medio ambiente, y que acaba de lanzar su ONG Empatthy para el desarrollo de planes estratégicos para empresas, fundaciones o familias que quieran empezar a donar.

"Existe gente en Chile con mucho dinero que siente la necesidad de donar, de devolver la mano a su país y no sabe cómo hacerlo. Lo importante es generar una filantropía acotada y en temas que te hagan vibrar; el compromiso es importante para hacer seguimiento de los resultados y ver el impacto de tus aportes", afirma Rosa Madera. "También hay que dar visibilidad al filántropo, que no sea anónimo. En Chile este tema es complicado, hay mucho pudor de hacer cosas públicas, se ve como un signo de poca humildad", agrega.

Dar y recibir

Los coleccionistas de arte que han logrado romper con ese pudor han tenido exitosos resultados. Es el caso de Juan Yarur, quien en 2013 exhibió su colección de arte contemporáneo en el MAC y que a través de la Fundación AMA desarrolla la filantropía en el arte. "Tenemos la Beca AMA para artistas jóvenes, estamos apoyando una investigación sobre la historia del arte chileno en una alianza con la UCLA de EEUU, traemos curadores internacionales a Chile para que conozcan la escena local y hemos hecho donaciones en obras a instituciones internacionales como la Tate Gallery, el Guggenheim y el MoMA de Nueva York. Ellos nos han pedido obras específicas de artistas chilenos y las hemos donado con gusto. Los museos chilenos no se han acercado a nosotros a pedirnos algo específico para donación en Chile", dice Bernardita Mandiola, directora de la Fundación AMA.

También está el caso de la Fundación CorpArtes, que en 2014 abrió en Rosario Norte  el Centro de las Artes (CA) 660, donde ha impulsado un programa educativo enfocado al arte con colegios vulnerables de Santiago y regiones. "El arte puede llegar a ser una experiencia transformadora. En lo personal, mi pasión por la literatura ha sido fundamental en mi forma de ver el mundo. Pese a que hemos avanzado como país en materia de infraestructura cultural, no basta con construir más y más metros cuadrados de teatros, salas o galerías, esto debe ir acompañado de iniciativas y recursos que permitan generar los contenidos adecuados para lograr el impacto esperado", señala la vicepresidenta de Fundación CorpArtes, Catalina Saieh.

Pareciera que una de las alianzas claves para el arte es la educación: para ser coleccionista y hacer filantropía, se debe aprender a entender y disfrutar el arte. Y justamente a eso apelan organizaciones como CorpArtes, FAVA o el grupo Antenna, que también funciona a través de membresías, donde quienes participan tienen un contacto más directo con el mundo del arte, a través de visitas privadas, llamadas sesiones Antenna.

"Hacemos filantropía en el arte, hablando del tema, mostrándolo como algo cercano, fácil e interesante", dice Alfonso Díaz, del equipo Antenna junto a Constanza Güell y Elisa Ibáñez. "Hoy tener un bien patrimonial o heredar una colección de arte es más un problema que un beneficio. Falta incentivar y mirar al privado como un socio y no como un enemigo", dice Díaz. La experta en patrimonio y secretaria general de la Federación Mundial Amigos de Museos, Cecilia García-Huidobro, también coincide con la visión de la asociatividad de Antenna. "Hay que dejar el excesivo individualismo que  se ha incrustado en Chile y reforzar la institucionalidad pública que mantiene espacios y  políticas de fomento para el arte. La filantropía tiene que ver con pulsiones  y motivaciones profundas que llevan a un sentido de trascendencia, a través de una entrega desinteresada", remata.

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