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Erwin Ramdohr: “Cuando enseñan historia en el colegio, jamás te hablan del rol de los masones en la independencia”

Erwin Ramdohr: “Cuando enseñan historia en el colegio, jamás te hablan del rol de los masones en la independencia”

En su libro El secreto de los próceres, el autor nacional indaga en el vínculo de personalidades como Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera, y otros tantos, con la masonería. En clave ficción, releva la importancia de dichos sujetos en la implementación del ideario liberal, además de indagar en sus luchas internas, de las que ofrece su particular punto de vista.

En reuniones secretas a la luz de las velas, un grupo de hombres fragua un plan ambicioso. Liberar a Chile del dominio colonial español e implantar su ideario liberal por medio de gobiernos afines. Corren los primeros años del siglo XIX. Napoleón invade España, el rey Fernando VII está prisionero del corso, y entre las colonias de Sudamérica corren vientos de reforma. En su mayoría, quienes impulsan esos cambios son masones. Conspicuos miembros de sociedades secretas. Algunos de ellos hoy dan nombre a calles y avenidas. Otros, fueron olvidados por la sombra del tiempo.

Es la historia tras estos sujetos, y su rol clave en la emancipación chilena, la que cruza la novela El secreto de los próceres (2017, Ramcon Editores), que en dos tomos, el escritor chileno Erwin Ramdohr lanza este mes. “Hace unos cinco años me tocó leer una novela histórica”, cuenta el autor a Culto, sobre el punto de partida para escribir los volúmenes que superan las 300 páginas. “Ahí me dije que era algo que me gustaría hacer, porque hasta entonces no lo había hecho. Entonces me di cuenta que nunca había leído una que estuviera basada en la independencia. Empecé a buscar y descubrí que lo más cercano a ese tiempo es Martín Rivas, de Blest Gana (publicada en 1861). Del 1810, no hay nada”, asegura.

“Cuando enseñan historia en el colegio, jamás te hablan de los masones. Un poco eso es lo que estoy descubriendo ahora”, explica. De esta forma, en su novela no solo están presentes -en clave de ficción- aquellos prohombres como Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera, sino que es posible ver en acción a sujetos de una segunda línea, menos conocidos, pero igualmente relevantes como José Gregorio Argomedo, José Miguel Infante, Juan Martínez de Rozas, Manuel de Salas, y otros tantos.

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“Ellos formaban parte de la logia que funcionaba en Chile, no la Lautarina que es posterior. Pero me interesa recoger las acciones que hicieron. Apenas se instaló la primera junta de gobierno, en 1810, empezaron a realizar reformas, libertad de comercio, varias”, explica Ramdohr. “La independencia no surgió de casualidad. Era una corriente que venía desde unos cincuenta años, que prácticamente nació en Europa con gente que se hacía llamar liberales, pero que en definitiva eran masones. Ese fue el grupo que en Chile comenzó a trabajar en pos de liberarnos de España”.

La historiografía ha establecido que muchos de quienes impulsaron los movimientos emancipatorios en América, se iniciaron en logias masónicas, precisamente en Europa. Tal fue el caso de figuras como José de San Martín, Carlos María de Alvear, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, entre otros. Los mismos O’Higgins y Carrera, para el caso chileno, siguieron esa senda en su momento. “La iglesia se dio cuenta tarde que había sucedido esto de la independencia y la habían hecho los masones, que eran contrarios a ellos; anticlericales, antidogmáticos, querían libertad de conciencia, libertad religiosa en general”, agrega el autor.

“Carrera era un tiro al aire”

Al momento de abordar a los dos próceres claves en el proceso chileno, Ramdohr quiso ser cuidadoso. “Yo partí con la mente totalmente despejada y neutra, no quería abanderizarme por ninguno de los dos”, explica. Conocido es que ambos fueron rivales, se enfrentaron incluso militarmente, en el combate de Tres Acequias, y fue la vinculación del chillanejo con la Logia Lautarina la que finalmente inclinaría la balanza hacia su lado.

Sin embargo, el escritor no pudo evitar sacar sus propias conclusiones respecto al rol de ambos líderes. “Con el tiempo, al estudiarlos, me di cuenta que Carrera era un tiro al aire. Era muy buena gente, simpático, le gustaba la fiesta, pero lo que él quería era el poder, la gloria. Por eso tuvo poco respeto por los otros, quienes lo sumaron a la causa cuando regresó a Chile desde España. Entonces luego los desechó y se tomó el poder, una, dos, tres veces. Era bastante despótico en su actuar. Cuando se van los patriotas a Mendoza, después del desastre de Rancagua, él se seguía considerando el supremo gobernante de Chile y quería que San Martín lo tratara con deferencia. Como él traicionó el espíritu de la Logia Lautarina, evidentemente se los echó encima. Tuve que asumir que no era mi personaje favorito”.

Un episodio referido con frecuencia sobre el enfrentamiento entre ambos patriotas es la batalla de Rancagua.  Unos le achacan al “Príncipe de los caminos” la responsabilidad de la derrota, por no concurrir a reforzar al futuro Director Supremo, cuando este se encerró con sus tropas en la ciudad. “En mi libro, yo recogí el episodio como lo cuenta Barros Arana. Lo primero es que O’Higgins se somete a él. Carrera se había tomado el poder, este lo combatió y perdió. El alto mando decidió que iban a dar la pelea en Rancagua”, afirma el autor.

-¿Y qué ocurrió?

-Se da la batalla, que es muy feroz, incluso hago participar a mis personajes, que están arriba, en la torre de la iglesia. Ese día esperaban la llegada de la Tercera División con José Miguel y Luis Carrera. Y no llegó. Le mandaron un correo a medianoche. A la mañana siguiente se acercaron y se devolvieron. Eso quedó marcado en la historia. Los cercanos a O’Higgins dicen que fue cobarde. Incluso el otro hermano, Juan José, estaba en Rancagua. Por ello, la figura de Carrera en la reconquista y la patria nueva estaba proscrita. No se podía hablar de él.

-Entonces ¿cómo surgió su figura de prócer de la independencia?

-Eso se construyó después de la abdicación de O’Higgins en 1823. Uno lo ve claramente en los documentos y los libros posteriores, escritos por los carrerinos, como Diego José Benavente quien después se casó con la viuda de José Miguel, Mercedes Fontecilla. Pasa a ser de un personaje poco querido, a un héroe.

-En su investigación para este libro, ¿hubo algún personaje que lo sorprendiera?

-Hay varios. Por ejemplo, Juan Martínez de Rozas que fue nada menos que uno de los cabecillas. Muy involucrado en las ideas liberales y la masonería. Él fue quien dio el primer impulso al proceso. Llegó a Santiago acompañando al gobernador García Carrasco. Pero logra que tras muchos errores, este renuncie. Con eso viene la junta del 18 de septiembre, con Mateo de Toro y Zambrano que era un señor mayor, senil. Por eso queda Martínez de Rozas como dirigente principal.

-¿Qué consigue él? ¿cuál es su relevancia?

– A los 15 días de la junta, ya tenían un plan de gobierno, lo presenta Juan Egaña. Luego el plan de defensa, que lo presenta Juan Mackenna, y después la idea del Congreso Nacional, por parte de Martínez de Rozas. Estos tipos estaban preparados, la cosa no fue de la noche a la mañana. Entonces cuando hay historiadores que dicen que los patriotas eran fieles al Rey Fernando VII….¡una chiva! no lo eran. Lo que querían era la libertad.

De O’Higgins a Portales

Iniciado en la carrera literaria a los 53 años, tras dejar dejar su profesión de arquitecto, Erwin Ramdohr ha escrito 17 novelas. Se formó como narrador en talleres con Gonzalo Contreras y Carla Guelfenbein. En el año 2016 cursó el Diplomado en Escritura Creativa, en la Facultad de Letras de la Universidad Diego Portales. Fue allí, bajo la dirección de Mauricio Electorat, en que escribió el tomo 1 de su novela. En 2017, comenzó a escribir la segunda parte. “Escribirlos como tal, no es tanto tiempo. En seis meses ya lo tengo. Pero la investigación es larga. Y la revisión y reedición, es más larga todavía”, asegura el escritor.

-¿En qué se encuentra trabajando actualmente? ¿piensa seguir en la novela histórica? 

– Sí, ya estoy escribiendo el tercer tomo. Uno podría pensar que la participación de los masones se acaba tras la independencia, pero cuando O’Higgins abdica, su única preocupación era pasarle el poder a alguien que siguiera con las ideas del grupo, ahí entra Freire, que era hermano de la logia, después Francisco Antonio Pinto, también un hermano, Blanco Encalada, otro más y finalmente Prieto, que también lo era. Siempre estaban ahí los hermanos: sigue activo José Gregorio Argomedo, que fue secretario en la primera junta, José Miguel Infante, que intenta implementar el federalismo, pero no le resulta. Juan Egaña escribió la Constitución de 1823, su hijo Mariano, la del 33′. Pretendo llegar desde el 23′ hasta el 40′ para cerrarlo con la muerte de Portales y el fin del gobierno de Prieto.

El secreto de los próceres se lanzará el miércoles 17 de julio a las 19.00 horas en el Café Literario de Parque Balmaceda (Avenida Providencia nº140), con la presentación de los periodistas Luis Retamal y Alfredo Sepúlveda, además de la profesora de Historia, Nicole Toledo.


Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln