Culto
Purple Rain: volvámonos locos

Purple Rain: volvámonos locos

Editado el 25 de junio de 1984, Purple Rain estableció a Prince como el predicador de la extravagancia en un panorama acaparado por Madonna y Michael Jackson. Acá es donde el chico de la mente sucia se convirtió en una estrella sin importar las controversias, esparciendo su evangelio a los freaks del mundo.

Mary “Tipper” Gore nunca pensó encontrarse con una chica masturbándose en una habitación de hotel, en la letra de la canción que cantaba su hija. Cuando le regaló a su pequeña de once años el Purple Rain de Prince para la navidad de 1984 y se topó con ella cantando “Darling Nikki”, quedó horrorizada por sus versos explícitos. La entonces esposa del futuro Vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, formaría un año más tarde el Parents Resource Music Center junto a Susan Baker -que a su vez había pillado a su hija de siete años escuchando “Like a Virgin” de Madonna, y le preguntó qué era una virgen- el cual se encargaría en los años noventa de estampar en cualquier registro fonográfico donde estimase necesario el sello Parental Advisory. “Millones de americanos compraban Purple Rain, sin idea de qué esperar. Miles de padres le daban el disco a sus hijos, muchos incluso más jóvenes que mi hija”, escribió en su libro Raising PG Kids in an X Rated Society (1987).

Prince.

Claro está, ello no impidió que el sexto álbum de Prince ganara el Grammy a mejor álbum escrito para una película o especial de televisión, así como el Oscar a mejor banda sonora. El éxito de Purple Rain y el filme del mismo nombre propulsaron de inmediato a su creador al nivel de superestrellas como Madonna y Michael Jackson, exponiendo su lado salvaje y experimental sin perder un ápice su actitud desenfrenadamente pop. Aunque el nombre The Revolution había sido utilizado anteriormente por Prince para designar a su banda, no fue hasta esta placa que Wendy Melvoin, Lisa Coleman, Doctor Fink, Brown Mark y Bobby Z pasaron a estar oficialmente en los créditos bajo el nombre Prince & The Revolution.

Viva la revolución

La canción que dio nombre tanto al film como al álbum, “Purple Rain”, existía mucho antes de que la idea de una película estuviera en la mente de Prince. Acostumbrado a componer para otros artistas, el chico púrpura tenía en mente dársela a Stevie Nicks. “Era como una canción country y se la había dado a Stevie Nicks, pero ella se sintió intimidada. Así que un día decidió que nos pusiéramos a jugar con ella en un ensayo”, contó Lisa Coleman, tecladista, al The Guardian en 2017. Fueron seis horas en las que estuvieron tocando la canción, adaptándola hasta que perdió todo lo country y se transformó en otra cosa. En agosto de 1983, la canción fue interpretada por Prince y la banda en un show a beneficencia de la Minnesota Dance Theater Company. La presentación marcó el debut de Wendy Melvoin en la guitarra, reemplazando a Dez Dickerson, naciendo así la formación definitiva de The Revolution.

En Purple Rain solo cuatro canciones contarían con la banda completa: el tema homónimo, “I Would Die 4 U”, “Baby I’m A Star” y “Let’s Go Crazy”. Las versiones del álbum de las cuatro primeras serían versiones editadas (“Purple Rain” sería acotada a ocho minutos de trece) y se les agregarían overdubs. En “Computer Blue” están los talentos de Wendy y Lisa, y el resto son básicamente interpretaciones en solitario, con Prince a cargo de todo.

En una configuración temprana del disco, a fines de 1983, existían dos composiciones que desaparecieron en la edición definitiva: “Wednesday” y “Father’s Song”. La primera estaba pensada para ser cantada por el personaje interpretado por Jill Jones -la mesera- en el film, y es posible encontrar una versión cantada por Prince al piano en el disco póstumo Piano & A Microphone. El segundo corte descartado es un instrumental que aparece en el film en una escena en que el protagonista -The Kid, el alter ego de Prince- irrumpe en casa de su padre. Fue rescatada finalmente en la versión deluxe del álbum, remasterizada por Prince en 2015 y ampliada con bonus tracks, puesta a la venta en 2017.

Ojos de videotape

Para 1984, la idea de una película había cruzado varias veces antes la mente de Prince. El artista solía llevar un cuaderno donde anotaba ideas para un proyecto a futuro, las cuales cuajaron cuando, a punto de caducar el contrato con sus managers Steve Fargnoli y Bob Cavallo, él les propuso continuar juntos solamente con la condición de que consiguieran financiamiento para un filme. Cavallo comentó a la revista Spin en 2016 que llamó a su compañero Steve y le pidió que le preguntara a Prince si deseaba seguir con ellos: “Unos días después me responde que solo firmará con nosotros si hacemos una película. Tiene que ser con un estudio, no con financiamiento de un narcotraficante o de unos joyeros. Y su nombre tiene que estar arriba en el título. Él aún no era una estrella gigante todavía, hacer ese pedido era un poco sobrepasado”. Alan Leeds, el manager de gira de Prince por aquella época, recordó también para Spin: “Dos hits pop no te convierten en una estrella de cine. Esto fue mucho antes de que MTV tuviera real significancia, particularmente hablando de música negra. Pero no sé cómo describirías esa obsesión que poseía, iba más allá de la confianza que se tenía, ni siquiera era arrogancia, era destino, y es tan simple como que te unes o te lo pierdes”.

Purple Rain, la película, si no directamente autobiográfica, estaba basada en ciertos aspectos de la vida de Prince. En la película, el personaje que él interpreta se llama simplemente The Kid, y así era como Bob Cavallo solía referirse a él, en la vida real. Digno de mención, excepto Prince, todo el resto de los músicos aparece en el filme con su nombre original. El padre de Prince, fue brutalmente duro con él, tal como fue retratado el padre del protagonista. En una entrevista con el connotado periodista estadounidense Tavis Smiley, en un programa de televisión en 2009, el cantante se sinceró: “Tuve que aprender música solo. Cuando mi padre se fue, dejó el piano en la casa. Yo no tenía permitido tocar el piano en la casa porque no era tan bueno como él, así que cuando se fue tomé la determinación de ser tan bueno como él”.

Después de la vida

El álbum abre con “Let’s Go Crazy”, en una versión más corta editada a último minuto para incluir “Take Me With You” en la secuenciación. La versión original, extensa, aparece en la recopilación Ultimate. “Mis muy queridos, nos hemos reunido aquí hoy para abrirnos paso por esta cosa llamada vida”, canta el astro dominando la ceremonia, hablando a sus feligreses e invitándolos a volverse locos ante una vida que todo lo tira para abajo. Su prédica efervescente culmina con un solo tan desconcertante como arrollador. En “Computer Blue”, Wendy y Lisa aparecen en escena, juntas en una tina hasta que llega el funky Prince a desbaratarlo todo. “When Doves Cry”, con su magnetismo construido sobre una guitarra infecciosa en la intro y una base implacable, no necesita de bajo alguno. Mc Hammer construiría sobre samples de ella su hit “Pray” en 1990, convirtiéndose en una de las primeras canciones sancionadas legalmente por Prince por uso indebido de su obra. “Baby I’m A Star”, es nada más que la expresión máxima del anhelo de Prince Rogers Nelson desde que decidió grabar todos los instrumentos en For You, su primer trabajo, en 1978. “Purple Rain”, da la puntada final con una balada de estadio de proporciones épicas. Solo por si acaso, Prince pidió la venia a Jonathan Cain, compositor del hit de Journey “Faithfully”, para estar seguro de no parecerse demasiado. Según consignó Billboard, Cain viajó a las oficinas de Columbia Records en Los Angeles, donde Prince procedió a hablarle por teléfono y mostrarle la canción. Según él, las palabras de Prince fueron: “Los cambios de acordes se parecen a “Faithfully”, y no quiero que me demandes”. Luego de escuchar la canción, Cain le dijo que era sorprendente, que sería un hit y que estaba halagado de que le hubiera llamado para preguntarle. Que eso demostraba cuanta clase tenía.

Desfile

A fines de 1986, tras el tour del disco Parade, Prince sentía que estaba perdiendo el control nuevamente. Luego de haber dado vida a The Revolution y haber registrado junto a ellos tres discos: Purple Rain, Around The World In A Day y Parade, necesitaba volver a su zona de confort. “Estábamos acá en Los Ángeles, y él nos enviaba cintas con piano y voces. Solo una idea, y luego nosotros lo producíamos, hacíamos los instrumentos y voces de acompañamiento. Él sentía que ‘necesitaba tomar todo de vuelto y hacerlo solo de nuevo. Me estoy alejando de mí mismo. Así que, desafortunadamente, tendré que dejarlas ir, porque lo hacen todo’”, explica Lisa Coleman sobre una de las conversaciones que tuvo con Prince antes del fin de la banda que selló su reinado de extravagancia en el mundo. La tormentosa relación entre Prince y su padre, era una marca difícil de eludir, y era una de las claves de su necesidad de aislarse y coordinar todo por su cuenta. “Tengo un lado malvado, puedo ir ahí. Soy muy competitivo. Creo que, del hecho de que él haya sido duro conmigo, lo único que obtuve es haber entendido que en esa dureza él quería que yo fuera excepcional”, le expresó a Tavis Smiley en esa entrevista de antología de 2009. “Crear tu propio universo es la clave, creo yo. Y dejar a la gente que tú necesites, ocuparlo”.

Prince.

La profecía de “Baby I’m A Star” se había cumplido, y Prince -al igual que en “1999”- tenía a todo el mundo bailando mientras el fin del mundo ocurría. Purple Rain llegó un par de semanas después de Born In The USA de Bruce Springsteen y cinco meses antes de Like A Virgin de Madonna. Su mezcla desfachatada de rock, soul, psicodelia, funk y R&B tomó por asalto el mundo y creó el hype necesario para esperar el filme que llegaría un mes después. En su primer fin de semana, la película recaudó más de siete millones de dólares, llegando a un total de sesenta y ocho millones en Estados Unidos, convirtiéndose en la película más exitosa de 1984. El disco se mantuvo al tope de los charts por 24 semanas, y Tipper Gore no pudo hacer nada para detener la lluvia púrpura.

En el minuto final de “Darling Nikki”, la canción que le cambió la vida a Tipper (quiéralo o no), hay una sección donde la música se detiene y se escucha el viento y la lluvia. Es en ese momento en que, utilizando la técnica del backmasking inaugurada por The Beatles -sus ídolos máximos- en el single “Rain”, se encuentran estampados unos versos al revés:

“Hola, ¿cómo estás?
Bien, bien, porque sé que el Señor viene pronto.
Viene, viene pronto”

Amén. Su nombre era Prince, y era funky.

Sobre el autor: