Culto
Big Little Lies: castillo de naipes

Big Little Lies: castillo de naipes

Los primeros dos de los siete episodios de la nueva temporada de Big little lies están llenos de incomodidad, tristezas, miedos y rabias, momentos que a ratos cuesta ver, y que anuncian una buena continuación del excelente primer ciclo.

¿Qué es lo que pasa cuando cinco mujeres comparten un secreto enorme, cuando sus vidas cambian de un segundo a otro por la revelación de una sórdida historia y un asesinato no intencional que deciden hacer pasar por accidente? Esas son las preguntas con las que parte la segunda temporada de Big little lies, la serie que en 2017 impactó por su potencia, sus actuaciones, sus giros y por poner sobre la mesa temas como la importancia de las apariencias, la crueldad de los niños y los adultos, la violencia intrafamilar, la rivalidad entre mujeres y también la solidaridad entre ellas.

El primer ciclo fue de revelaciones, de ir develando uno a uno los oscuros secretos de vidas aparentemente perfectas. Y entre faltas “menores”, como engaños, aparecieron otras más oscuras, incluyendo que Celeste (Nicole Kidman) vivía ocultando que su marido Perry (Alexander Skarsgard) la golpeaba sistemáticamente. Cuando se preparaba para dejarlo llegó la gota que rebalsó el vaso: años antes él había sido el hombre que había violado a su nueva amiga Jane (Shailene Woodley) y es el padre de su hijo.

Al final de la temporada, él está muerto, empujado por las escaleras por Bonnie (Zoë Kravitz) y no son sólo ellas tres las que saben toda esta verdad y presenciaron el momento; también está Madeleine (Reese Witherspoon) y Renata (Laura Dern). Y el pequeño y acomodado mundo en el que viven está hablando de ellas, las Monterrey Five.

Luego de la temporada de las revelaciones, el 9 de junio se estrenó en HBO el ciclo de las consecuencias, de un castillo con demasiados naipes y una brisa que está empezando a correr, sobre todo porque Bonnie está cayendo en un hoyo negro luego de sus acciones y también por la aparición de la madre de Perry (nada menos que Meryl Streep), que llegó para ayudar a su nuera y nietos, pero también para encontrar una explicación a la extraña muerte de su hijo. Con todo esto, la serie hace una apuesta: se arroja desde el principio a lo profundo. No hay capítulos de adaptación, ni de humor y ni problemas menores entre apoderados que se caen mal y hablan a las espaldas de otros. Aquí se están viviendo consecuencias mucho más graves.

Eso es lo que han planteado los primeros dos de los siete episodios de la temporada y se ve que la apuesta está pagando: son episodios llenos de incomodidad, tristezas, miedos y rabias, momentos que a ratos cuesta ver, y que anuncian una buena continuación del excelente primer ciclo. Y, como era de esperarse, Streep es punto aparte y un gran aporte a un elenco ya muy sólido. Su personaje, una mujer extraña y ruda, sin filtros y con muchas sospechas, es uno de los grandes catalizadores de la tensión que va en crecimiento. Sin duda un inicio que entusiasma, en el regreso de una de las series más destacadas de los últimos años.

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