Culto
Mi vida con Charly: aprendí a ser

Mi vida con Charly: aprendí a ser

Cuatro décadas que unen la vida de Gonzalo León con la de Charly García, desde Sui Generis hasta la interpretación en vivo de “Rezo por vos” con “el Flaco” Spinetta.

Descubrí a Charly García en el colegio, por el año 82 o quizá el 83, y lo descubrí gracias al tema “Aprendizaje” de la banda que integró junto a Nito Mestre entre 1969 y 1975, Sui Generis. Por esos años –habré tenido trece o catorce años– el tema vino a mí proveniente de los mismos que cantaban en el coro de la iglesia de mi colegio, dicho grupo cantaba otras canciones de Sui Generis, a veces en misa, a la que, por otra parte, estaba obligado a asistir cada primer viernes del mes. Ese recuerdo es imborrable básicamente por lo insufrible que resultaba para mí, tanto aquel coro como aquella misa. Sin embargo, la letra se me fue grabando en mi mente, aunque sólo los dos primeros versos: “Aprendí a ser formal y cortés/ cortándome el pelo una vez por mes”.

Al año siguiente de este descubrimiento alguien inventó que ese tema era el himno oficial de la Asociación Nacional de Yeguas Cadeteras (ANCA), grupo que formalmente no existía pero que para nosotros, unos pendejos imberbes y poco instruidos en casi todo, estaba constituido por todas aquellas muchachas que querían pololear con algún hijo de marino o futuro marino, aunque no cualquier marino, sino uno egresado de la Escuela Naval. Para nosotros, este nosotros éramos los que teníamos cierta conciencia política (aunque no por eso éramos de izquierda), el ANCA estaba del lado de la dictadura, del lado más feo de la dictadura: los milicos. Lo raro era que en nuestro colegio no había mujeres, solo éramos varones, pero igual nos la arreglábamos para estar en contacto con la parte femenina de la congregación que nos albergaba: las monjas francesas. Recuerdo que cuando veía a alguna de las muchachas que pololeaban con algún hijo de marino o futuro marino no podía dejar de entonar, aunque solo fuera suavemente: “Aprendí a ser formal y cortés…”.

Para mí en esos años Charly García era sinónimo de lo que no quería ser en la vida. Por suerte empezó la moda del rock en español, con Soda Stereo, Virus, Sumo y el propio Charly. El primer tema propiamente de Charly que escuché fue “Demoliendo hoteles” y que ya de entrada partía de manera muy distinta a aquel de Sui Generis: “Yo que nací con Videla/ yo que nací sin poder/ yo que luché por la libertad/ y nunca la pude tener”. El tema es del álbum Piano bar (1984). Hace no mucho vi un video de “Demoliendo hoteles” y me llamó la atención la concentración con la que Charly envolvía a sus músicos y a sus técnicos; de hecho, en un momento detiene la grabación y se entrega con todo. La otra cosa que me llamó la atención es que dice “Yo que crecí con Videla” en vez de “Yo que nací con Videla”. Si bien no suelo bailar, y menos cuando era adolescente, recuerdo que me gustaba hacerlo cuando sonaba esta canción.

Piano bar fue un álbum que apareció en Argentina cuando la dictadura ya se había ido y existía un clima de mayores libertades, pero Clics modernos fue lanzado cuando aún Raúl Alfonsín no asumía la presidencia, aunque ya había sido electo. “Los dinosaurios”, incluido en ese álbum, lo escuché un año después que “Demoliendo hoteles”, en eso algo tuvo que ver que es un tema más vinculado a mi militancia universitaria, ya que alude casi expresamente a los detenidos desaparecidos de la dictadura trasandina. Dictadura, que en nuestro caso seguía estando, de ahí que la letra “Los amigos del barrio pueden desaparecer/ los cantores de radio pueden desaparecer/ los que están en los diarios pueden desaparecer/ la persona que amas puede desaparecer” impactara tanto cuando se escuchaba en peñas o en fiestas universitarias. Charly, aprovechando la asunción de Alfonsín y el final de la dictadura trasandina, hizo varios recitales de este disco en el Luna Park durante diciembre de 1983, por lo que Clics modernos rápidamente se convirtió en una especie de himno.

Sin embargo con los 90 y con la llegada de la democracia a nuestro país, dejé de escucharlo y pasó al olvido, o a un repertorio de mi adolescencia y de mi militancia. Durante esa década prefería otra música, Happy Mondays, Stone Roses, Elastica, Suede, Sex Pistols y muy de vez en cuando algo en castellano, Elso Tumbay, Christianes, Aterciopelados, Caifanes. Creo que Charly volvió a aparecer en mi vida una década después con el álbum Influencia (2002), pero si bien reconocía su calidad ya no era lo mismo. De esa década recuerdo cuando Charly fue a tocar al Festival de la Canción de Viña del Mar y la historia que contaban: que las paredes de su camarín habían quedado llenas de mierda. En realidad no sé si eso sea cierto ni tampoco me importa mucho. Además desde que se lanzó desde un hotel hasta la piscina mi capacidad de asombro hacia su figura fue disminuyendo y ya sinceramente nada vinculado a él me asombraba.

Hace quince años no sabía que hoy estaría viviendo en Argentina, de hecho cuando me vine en 2011 no estaba dentro de mis planes quedarme ocho años: yo venía por cinco meses y me devolvía a Chile, que era mi país, y digo era, porque cuando uno lleva viviendo un tiempo en otro país —yendo poco al que era suyo—, al final termina teniendo dos países: el que dejó y el que lo albergó. De más está decir que a poco andar me fui dando cuenta de que aquí hablar de Charly García era como hablar de Maradona.

Aprendí muchas cosas sobre rock argentino durante mi primera etapa acá, que terminó con la obtención de mi residencia temporal y el correspondiente documento nacional de identidad (dni). Aprendí, por ejemplo, que Charly pertenecía a los rockeros de clase más o menos acomodada (como Cerati, Fabiana Cantilo, Spinetta, Calamaro). Marco esto para hacer la diferencia con los rockeros de clases menos acomodadas o barriales, de éstos surgió en los 90 el denominado rock chabón (Bersuit, La Renga, Mancha de Rolando y, la más famosa de todas las bandas, Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota). Pese a ello, Charly se imponía más allá de las diferencias.

Otra cosa que aprendí fue que Charly tenía un hijo, Migue, que era capaz de hacer escándalos, si no de la dimensión de su padre, al menos conseguía llamar la atención de los medios. En marzo de 2012, a un mes de la tragedia ferroviaria de Once, que terminó con más de cincuenta muertos, se realizaba un bocinazo en toda la ciudad de Buenos Aires para exigir justicia; justo debajo del departamento de Charly y donde vivía Migue, en la esquina de avenida Santa Fe y Coronel Díaz (a pasos del Alto Palermo), había una protesta liderada por el padre de una de las víctimas de la tragedia. Él estaba deteniendo el tránsito y concientizando a la gente, cuando Migue no soportó más el ruido y bajó para hacer que se callaran los manifestantes. La bizarra escena quedó registrada por las cámaras de televisión apostadas para cubrir la manifestación.

Pero claro, ese no era Charly, era su hijo. Con Charly me pasó una cosa rara: a principios del año pasado empecé a escuchar en Youtube “Rezo por vos”, pero la versión que interpretan él y Spinetta. Es en vivo y me emociona hasta hoy: creo que algo tiene que ver el punteo inicial. Hasta el año pasado –en este punto ya se habrán dado cuenta de que no soy un experto en música– creía que el tema era de Charly, y me sorprendió saber que era de autoría del Flaco. Pero lo que no debería ser más que una anécdota se fundió caprichosamente con mi vida, porque en junio del año pasado una editorial local me preguntó si tenía un texto para publicar; respondí que sí, que tenía un ensayo de poesía argentina contemporánea. Perfecto, dijo el editor, mándamelo cuando lo tengas. Y se lo mandé en agosto.

La editorial –eso ya lo sabía– se llama Indómita Luz y obviamente se llama así por los primeros versos de “Rezo por vos”: “La indómita luz/ se hizo carne en mí/ y lo dejé todo/ por esta soledad”. Al pensar detenidamente la letra me pareció que en esta parte tenía un contenido místico, casi católico. Por último, no puedo decir más que la publicación de este libro en esta editorial, sobre todo en esta editorial, es un inmenso link con el periodo en que descubrí a Charly, aquellos años escolares, viñamarinos y melancólicos. Años en los que aprendí a ser.

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