Culto
Before The Flood: el desborde de Bob

Before The Flood: el desborde de Bob

El primer disco en vivo en la historia de Dylan llegó a las estanterías la penúltima semana de junio de 1974. Este registro incandescente de su gira con The Band marcó junto a Planet Waves y Blood on the Tracks el comienzo de una nueva fase para el desgarbado de Duluth. Por supuesto que eso estaba bien, má. Bob sangraba otra vez.

La gira de Bob Dylan junto a The Band de 1974 abarcó cuarenta shows en treinta fechas, veintiún ciudades y duró seis semanas. Se trató de presentaciones tanto en grandes teatros como estadios —fue una de las primeras grandes giras de rock por este tipo de recintos— y fue promocionada por David Geffen —el jefe en Asylum, su nueva casa discográfica tras su alejamiento de Columbia— y el empresario Bill Graham. El biógrafo de Dylan, Howard Sounes, consignó en Down The Highway (2001, Doubleday) que fue tal el nivel de hype creado por ellos, que se vendieron en total 658.000 tickets y la demanda llegó casi al millón.

Bob Dylan y The Band en 1974.

El show con que todo partió, en el Chicago Stadium el 3 de enero de 1974 —una noche de nieve y frío desolador— Bob abrió frente a 18.500 personas con una versión reescrita de “Hero Blues”, canción descartada de la era anterior a su tercer disco The Times They Are-A-Changin, gritando “tengo un pie en la carretera, otro en la tumba”. Dylan había mutado su catálogo, inyectándole ferocidad imprevista. Ese retorno a las giras y el reencuentro con el público luego de un alejamiento de ocho años de conciertos multitudinarios estaba marcado por la nostalgia. Bob lo sabía, pero no tenía ninguna intención de volver a casa junto a la audiencia. Las canciones, agitadas, habían crecido junto a él. El mundo era otro, el viento había soplado en direcciones que ningún weatherman habría previsto.

“Cuando tocábamos en vivo, la música se ponía bien dinámica y violenta y explosiva. En el estudio, no era así para nada”, le contó a Sounes el guitarrista Robbie Robertson. Cuando The Band se llamaba The Hawks, nueve años antes, acompañaron a Bob también en la gira bipolar acústico/eléctrica donde en el Free Trade Hall de Manchester un fanático un tanto conservador le escupió el grito de “Judas” desde el anonimato. “En 1974 pasó lo mismo, automáticamente nos revertimos a ciertas actitudes con las canciones… es rápido y agresivo, rudo y duro”, completaba Robertson. El ánimo en el escenario era la antítesis del reposado y controlado Planet Waves, la placa de estudio grabada junto a The Band como apoyo hace tan solo dos meses, en noviembre de 1973.

Tras su accidente en motocicleta a fines de los 60 y su reclusión en Woodstock, Dylan se concentró en la vida en familia junto a su esposa Sara y sus hijos, y placas como Nashville Skyline —su álbum más vendido hasta entonces— o New Morning bosquejaron una veta crooner y country que alienó tanto a los que se habían quedado esperando que “los tiempos cambiaran”, como los que creían que “el sol no es amarillo, es un pollo”. John Wesley Harding, el antecedente de ambos, propagaba una poesía casi bíblica, cargada de parábolas crípticas y opuesta a la voluptuosidad surreal del alucinado Blonde on Blonde. Grabado casi al mismo tiempo que las Basement Tapes (que no verían la luz hasta el 75), Harding pavimentó el camino al Dylan pausado y contemplativo. Ahora Bob tenía un pie en la carretera, y todo volvía a torcerse.

“Tienes que siempre estirar las cosas o cortarlas, para mantener el interés” —le explicó Bob a Ben Fong-Torres en medio de la gira, para la Rolling Stone de febrero del 74. “Si no puedes mantener el interés, tienes que olvidarte. Pero soy yo ahora, y así es como salen”, prosiguió. La estructura mutante con que vestía cortes incluso recientes, como “Lay Lady Lay”, sacaba a los fans de sus casillas. Fong-Torres recuerda: “una mujer que vino a Montreal desde Plattsburgh, Nueva York, parecía decepcionada”. La mujer le contó su experiencia: “En esa canción sentí que (Bob) me estaba estafando, que la estaba cantando rápido para terminar luego. Ya no comparte una parte de sí con nosotros”. Poco después, la misma persona rompió en aplausos cuando Dylan tocó “The Times They Are-A-Changin”.

Bob Dylan y su Stratocaster.

El segmento acústico y en solitario del show de la gira incluía himnos como “Gates of Eden” o “It’s Alright Ma (I’m Only Bleeding)”. En ese momento de la presentación, y en el contexto del inminente proceso de destitución de Nixon en Estados Unidos tras el escándalo de Watergate, la audiencia estallaba en gritos durante el verso de “a veces incluso el Presidente de los Estados Unidos debe pararse desnudo”. La voz de Dylan se quebraba en enojo al expeler cada sílaba. Al instante, miles de asistentes alzaban sus encendedores en sincronía. Howard Sounes sentencia que cuando la gente lo hizo en el Chicago Stadium, “fue la primera vez que eso se hacía en un concierto”. Aquella reacción se volvió una constante en la gira, uniendo al segmento más político de sus seguidores —usualmente los más conservadores en cuanto a la apreciación del hábito expansivo del cantautor— con el público dichoso de contemplar cara a cara a un artista nuevamente en ebullición. Robbie Roberston encontraba un tanto hipócrita a las facciones de supuestos convertidos automáticamente: “Todos aplaudían y actuaban como si dijeran ‘Oh, esto me gustó desde siempre’”, le comentó a Sounes.

Jugando al tetris con el setlist, Dylan movía las piezas constantemente. 32 canciones aproximadamente fueron intercambiando posiciones en los conciertos. Clásicos, por supuesto, aparecieron. Las canciones del reciente Planet Waves surgieron en las primeras fechas, pero al final del tour “Forever Young” fue la única en mantenerse estable. “Es más interesante para mí ser capaz de mover las cosas. Estas son las canciones que fueron importantes para nosotros, para mí, para gente que conocimos”, detalló Bob al editor de Rolling Stone en una pieza de hotel en Montreal.

El tour fue tan lucrativo para Dylan y The Band, que no solamente marcó un hito en sus carreras, sino que propulsó a Planet Waves al puesto número uno de ventas en Estados Unidos. No duró mucho en esa posición, pero fue la primera vez que Dylan anotaba tal hazaña. Por supuesto que aquel hecho no fue del agrado de Columbia, el sello histórico de Bob, ya que el hombre del pelo enmarañado se encontraba en Asylum Records tras la expiración de su contrato. Por ello, a fines de 1973, y mientras Bob se encontraba grabando Planet Waves para Geffen, los tipos de terno en Columbia decidieron juntar tomas descartadas de la grabación de Self Portrait y —sin preguntarle nada al artista— editaron un disco homónimo completamente tosco e insípido, en señal de despecho, cual manotazo de ahogado.

A pesar de tener un disco número uno, Dylan no quedó tan contento con Asylum al saber que había vendido solo 700.000 copias de Planet Waves, en comparación al fervor de hordas de fans que se peleaban los tickets para verlo en vivo. Columbia, por su parte, estaba comenzando a entender lo que perdía al haber dejado ir a Dylan. El desencanto entre el sello y Bob había partido cuando Clive Davis, el presidente de CBS, tras el éxito de Nashville Skyline gracias al single “Lay Lady Lay”, le había insistido a su artista que en cada álbum debía tener siempre un single de ataque. Pero en New Morning, Bob hizo caso omiso a la recomendación, y no quiso tener un sencillo. “Dylan iba al estudio, tocaba sus canciones y eso era (…) Para él, la canción lo era todo y el resto era secundario”, señaló Davis, según consigna Robert Sheldon en el libro No Direction Home, The Life and Music of Bob Dylan (2011 Omnibus Press). Para cuando el contrato expiró en el 72, Columbia pensaba que Dylan era inmanejable y no insistieron en conservarlo.

Before the flood, de Dylan. 1974.

Before The Flood, un álbum doble en vivo que fue pensado al mismo tiempo que el tour, fue supervisado por Phil Ramone —quien había trabajado con The Band en el registro de Rock Of Ages (1972)— para ser editado por Asylum. Se grabaron en total 35 horas de material y Rob Fraboni, el ingeniero que supervisó Planet Waves, le acompañó en la tarea. Según recopila Sheldon en su libro, la reseña de Greil Marcus del Village Voice (una de las tres reseñas publicadas por el medio, todas en desacuerdo entre sí) explica el cambio de Bob: había pasado de ser un símbolo generacional a ser un “American artist”. Textualmente, “Before The Flood no ofrece ideas, sino pasiones”. El mar de encendedores fotografiado por Barry Feinstein durante el show de Chicago, fue la imagen perfecta para encapsular el misticismo del desborde y quedó como portada.

En sus cuatro lados, el álbum inmortaliza tanto la actuación de Bob acompañado por The Band, como Bob en solitario y The Band haciendo de las suyas. La fricción en “It Ain’t Me, Babe”, el himno stoner en versión vertiginosa de “Rainy Day Women #12 & 35”, y la melancolía tornada en rabia de “Don’t Think Twice It’s Alright”, estaban ahí. Abriendo la placa, “Most Likely You Go Your Way (And I’ll Go Mine)”, aunque fue elegida para abrir la placa, era el tema de despedida en la mayoría de las presentaciones. Tornada en una bestia desatada, la canción se había hecho un manifiesto: Bob ya estaba muy lejos de casa, en trayectoria a lo desconocido. El iría por su lado, el resto por el suyo.

Cuando llegó el primero de agosto de 1974, Dylan volvió a su casa histórica: Columbia, quienes ahora estaban dispuestos a todo por recibirlo. Una decisión que, en la amarga opinión de un resentido Geffen —recogida por Howard Sounes— mostraba que Dylan “apostaba por su pasado”. Mejor aún para Bob, pues gracias a su breve aventura con Asylum, los ejecutivos de Columbia aprendieron a ser más cautelosos con el poeta. Sin embargo, para él, siempre con un pie en la carretera y otro en la tumba, al mes siguiente, en septiembre del 74 —en el estudio A&R de Nueva York, y junto a Phil Ramone y Glenn Berger— una herida comenzaba a abrirse. Canciones brotarían como lava desde sus entrañas. Un simple vuelco del destino ocurría en la vida de Bob, y su voz y su guitarra sangrarían de nuevo. Solo que, esta vez, lo harían en las pistas. Blood On The Tracks se aproximaba.

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