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¿Por qué se corta la luz en Buenos Aires?

¿Por qué se corta la luz en Buenos Aires?

Hace dos años, la cronista argentina Leila Guerriero editó un libro buscando comprender el megacorte que afectó a más de 11 millones de personas en 2013. La respuesta no es sencilla, advierte.

Desde diciembre de 2013, cuando una ola de calor con una sensación térmica de 46 grados centígrados dejó sin suministro a casi 12 millones de usuarios en la capital de Argentina, la ciudad y el conurbano se revelaron como un territorio frágil en términos energéticos: gente a oscuras durante días, cortando calles para reclamar o amargamente resignada a perder comida.

“La energía —de la que depende la producción y el consumo de todo un país— es un tema sensible y peligroso”, escribe Leila Guerriero en Voltios. La crisis energética y la deuda eléctrica (2017, Planeta), una investigación que comenzó como un taller narrativo para periodistas y que busca responder a la pregunta: ¿Por qué se corta la luz en Buenos Aires?

Según la argentina autora de Los malos (2015, Ediciones UDP) y Opus Gelber. Retrato de un pianista (2019, Ediciones UDP), a juzgar por las explicaciones contradictorias que daban el Gobierno, Edenor y Edesur (las dos empresas privadas que distribuyen la energía eléctrica en la ciudad desde 1992), “la respuesta era sencilla solo en apariencia”. “Las empresas decían que, debido a las tarifas bajas y prácticamente congeladas, no tenían ganancias y no podían invertir en obras; el Gobierno las culpaba de no haber hecho lo que debían hacer”, escribe.

Ese año del megacorte un usuario de Edenor —filial de la argentina Pampa Energía— tuvo un promedio de veintisiete horas sin luz al año y uno de Edesur —multinacional italiana generadora y distribuidora de energía eléctrica y gas, que atiende a 64 millones de usuarios en el mundo, incluido Chile—, cuarenta.

Según Guerriero, mientras en Chile el promedio anual es de cinco horas, el único país de la región con esa duración de cortes es Jamaica, “que tiene 600 mil usuarios en todo el territorio y que en 2013 registró 25,5 horas de interrupciones”.

Voltios (2017, Planeta), editado por Leila Guerriero.

¿Quién apaga la luz?

En 2015, mientras las calles olían a basura y treinta mil comercios denunciaron pérdidas millonarias, miles de habitantes de distintos barrios de Buenos Aires sumaron días sin poder bañarse, lavar los platos o la ropa, y cargar sus teléfonos celulares. Aparecieron, como hongos después de la lluvia, los daños colaterales. “Un padre y su hija mueren mientras duermen al inhalar monóxido de carbono producido por el grupo electrógeno que debieron conectar en su casa de Villa Ortúzar (…) Una vela provoca un incendio en una vivienda de Quilmes y cuatro chicos mueren carbonizados”, se lee en uno de los pasajes de Voltios.

¿Quiénes son los responsables de que algo tan básico y fundamental para la vida diaria falte en pleno siglo XXI?

“Para entender por qué el gobierno del presidente Mauricio Macri decretó la Emergencia del Sistema Eléctrico Nacional el 15 de diciembre de 2015, habría que hablar del megacorte de 2013. Para entender el megacorte de 2013, habría que hablar del deterioro de la red eléctrica. Para entender por qué se deterioró la red eléctrica, habría que hablar del aumento del consumo en 2007, sobre el final del gobierno de Néstor Kirchner. Para entender el impacto del aumento del consumo en la red eléctrica habría que hablar de la reactivación económica y de la actividad industrial impulsadas por el kirchnerismo. Para entender el efecto de la reactivación económica e industrial en el consumo, habría que hablar de la crisis de 2001, de la salida de la Convertibilidad (un peso igual a un dólar) y de la Ley de Emergencia Económica de 2002 que suspendió por 120 días los contratos de concesión y los aumentos de las tarifas de servicios públicos, incluida la luz. Para entender el origen de los contratos de concesión de los servicios públicos, habría que hablar de la empresa estatal Segba (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires) y su privatización en 1992. Para entender la privatización, habría que hablar de Edesur y Edenor, las compañías de capital privado encargadas desde entonces de llevar electricidad a los hogares por un periodo de 95 años. Tan simple como eso”, sintetizan Carolina Cattaneo, Solange Levinton y Lina Vargas, desde uno de los textos que compila Leila Guerriero en Voltios.

Tras la privatización de Segba, durante el gobierno de Carlos Menem, el sistema energético argentino se dividió en tres patas autónomas: generación, transporte y distribución. “Si no funciona una, no funciona la otra”, explica Antonio Rossi, periodista especializado en temas de energía. “Los cortes más recurrentes son por fallas en la distribución, porque tenés una demanda que excede la capacidad de prestación de servicio de las redes”, sintetiza el profesional de Clarín, citado por la investigación.

Mientras en 2016 Edesur y Edenor pidieron un aumento de la tarifa residencial en hasta un 31%, asegurando que eso les permitiría llevar a cabo un plan de inversiones para reducir los cortes en un 55% en los próximos cinco años. Al año entró en vigencia un inédito esquema tarifario a partir del cual el Gobierno esperaba suprimir, de manera paulatina hasta este año, los subsidios destinados al sector.

Macri puso al ahorro y la eficiencia como banderas de su gobierno. Para el invierno de 2016, por ejemplo, pidió ser responsables y consumir el mínimo posible. “Si están en sus casas en remera y en patas, es porque están consumiendo energía de más”, dijo, generando todo tipo de bromas y rechazos.

A fines de ese mismo año, durante las Jornadas de Eficiencia Energética, el presidente argentino se encargó de disipar dudas respecto del futuro: “Las obras no se hacen de un día para otro. Hemos hecho un montón de cosas, pero vamos a volver a tener cortes”.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars