Culto
Synchronicity de The Police: los reyes del dolor

Synchronicity de The Police: los reyes del dolor

Un 17 de junio de 1983, el power trío británico The Police editó su disco más exitoso en una carrera marcada por el ascenso vertiginoso a la posición de superventas planetarios. Titulado Synchronicity, por el concepto de Carl G. Jung que atañe a los eventos que se conectan mediante significado, marcó irónicamente el fin de la alineación titánica de Sting, Summers y Copeland.

A pesar que desde 1920 Carl Gustav Jung había comenzado a utilizar el término “sincronicidad”, no fue hasta 1952 que editó un escrito sobre el tema, titulado Synchronicity: An Acausal Connecting Principle, refiriéndose a aquellos eventos —coincidencias— que se conectan mediante significado, no necesariamente causalidad. 31 años después de que el fundador de la psicología analítica decidió darle cuerpo a estas ideas, los británicos The Police titularon Synchronicity a su quinto álbum. Paradójicamente, los significados entre Gordon Sumner —alias Sting—, Andy Summers y Stewart Copeland, habían dejado de alinearse para entonces. El superventas producido por Hugh Padgham terminaría nominado a cinco premios en los Grammy de 1984 —ganando tres: Canción del año por “Every Breath You Take”, y Mejor interpretación por dúo o grupo vocal tanto por “Every Breath You Take” como “Synchronicity II”—, además de consagrarse como el más exitoso de su carrera. Lamentablemente, marcaría el fin de la misma.

Asesinados por los números

“Uno trata de mantener la paz y hacer que reconozcan tu autoridad en la sesión, pero cuando tienes a tres tipos que han estado juntos día y noche durante cinco o seis años y se terminaron por convertir en la banda más grande del mundo, es difícil. Si tenían una pelea, yo les decía: ‘Vamos, chicos, pónganse de acuerdo’, y ellos simplemente me mandaban al carajo”, contó el productor Hugh Padgham a musictech.net recientemente. El hombre detrás de las baterías cavernosas del tercer disco homónimo de Peter Gabriel —conocido también como Melt, por su portada— y que llevó su sello a la estratósfera en el single “In The Air Tonight” de Phil Collins, fue el elegido por el trío para sentarse a las perillas en su placa anterior Ghost In The Machine, marcada por el uso de bronces y sintetizadores —un claro salto directo hacia el pop ostentosamente radial. En Synchronicity, volvió a la carga para solidificar el sonido de la culminación de una discografía certera y envidiable.

Sting y el productor Hugh Padgham.

Las credenciales progresivas de Padgham —además de Gabriel y Collins, ya había trabajado junto a Gentle Giant y XTC— se ajustaban por completo con el pasado de The Police: Sting y Copeland fueron parte de la banda Strontium 90 junto al ex Gong, Mike Howlett, en 1977. Summers, veterano del rock para entonces, había estado junto a Eric Burdon en The Animals y Soft Machine. “The Police podía improvisar por siempre, pero no hacíamos los arreglos barrocos y elaborados que hacía Genesis o Yes (…) Nosotros no teníamos la cualidad sinfónica que tenía la mayoría de las bandas progresivas clásicas, pero teníamos muchas influencias, y esa es una de la razones por las que la banda es así, por la química entre los individuos”, dijo Andy Summers a la prestigiosa Prog Magazine.

Para 1983, las tensiones entre Sting y Copeland eran insoportables, y Summers asumía a menudo el rol conciliador. En su documental Surviving The Police, el guitarrista es claro: “Sabía que esto era inevitable, que siempre estuvo en el guion. La pregunta era, ¿cuándo ocurriría?”. Para Stewart Copeland, el hombre que marcaba aquel pulso irrefrenable tras la batería, la atmósfera de aquellas grabaciones era simplemente devastadora. “Lo odiábamos. No odiábamos la música, todos estábamos de parte de la música, pero la experiencia de hacerla fue dolorosa para todos”, comenta para el portal Soundvapors.com. La lealtad con la música a pesar de todo queda patente en su anécdota sobre la creación de “Murder By Numbers”, la canción que cierra el álbum en formato CD y casete, pero que quedó fuera de la versión original en vinilo: “Estamos sentados en la mesa del comedor, y Andy está tocando la guitarra con esos acordes sofisticados de jazz, y a Sting le encanta esa mierda. Saca su libro de apuntes y tiene una letra que calza. Y están ahí mismo en la mesa trabajando en la canción. Bajo las escaleras y la batería está como a veinte pies de distancia, camino a ella y me pongo a armar el ritmo. Aún estoy tocando ese patrón (hi hat/rim shot/bombo) y en eso bajan a la pieza de grabación. Estoy en eso cuando enchufan sus amplificadores y Hugh enciende la cinta y se pone a grabar. La tocamos entera una vez y ya está, eso es lo que está en el disco. ¡Y eso fue! La primera vez que la intentamos hacer, ¡eso es la grabación!”

Sincronicidad

La escena de angustia suburbana retratada en “Synchonicity II” —el corte que abre la cara B del disco, espejeando el rol de su compañera homónima en la cara A— cobra relevancia en sincronía con un monstruo que emerge a la superficie “en un oscuro lago escocés” —canta Sting. Por sobre la dinámica de la canción y su estructura bastante similar al sonido delineado por los canadienses Rush a comienzos de los años 80 (cerrando un círculo donde el trío de Lifeson, Lee y Peart también cogieron influencias de The Police en placas como “Permanent Waves” y “Moving Pictures”), la paranoia in crescendo del bajista y vocalista del pelo erizado, que se encontraba viviendo una época convulsionada a nivel personal, con el quiebre de su matrimonio con la actriz Frances Tomelty, se desbordaba. “No son situaciones conectadas lógicamente, sino que lo son emocionalmente y simbólicamente”, señaló Sting en 1983 a Rolling Stone sobre la letra de la composición. “Hay una canción que se llama ‘King of Pain’, con declaraciones análogas acerca del alma: ‘Hay una pequeña mancha negra en el sol hoy día/ Esa es mi alma… hay un salmón muerto en una cascada… una mariposa atrapada en una telaraña’. Son todas imágenes de dolor y confinamiento. El single ‘Every Breath You Take’, es una canción muy triste y me pone muy triste, pero es una tristeza maravillosa. Fue escrita en un momento muy terrible de angustia emocional, y fue una gran catarsis para mí hacer esa canción”.

The Police.

Fue precisamente la grabación de “Every Breath You Take” la que casi termina en una golpiza entre Sting y Copeland, y con Padgham a punto de alejarse del proyecto. “Era una canción donde Sting quería poner teclados, y peleamos con dientes y uñas. Andy y yo insistimos, y Andy salió con una parte en guitarra, y hubo muchos gritos y rabietas por eso, pero la calidad de su arreglo finalmente resolvió el conflicto. Pero fue una pelea a gritos gigante y Sting se dio por vencido, y de eso sacamos una grabación grandiosa. De seguro ahora está bien él con eso, pero aquel día hubo una buena pelea”, contó el baterista a Rolling Stone en el año 2002.

En sus memorias One Train Later (St. Martin’s Press, 2006), Summers recuerda: “Esa canción fue la que generó mayor discusión. Sting y Stewart estaban peleando sin cesar acerca de las baterías, el bajo y cómo deberían ir las voces (…) En un punto muerto a nivel creativo, y sintiéndonos todos completamente aturdidos, nos sentamos en el sofá. Sting se inclina y dice, rendido: ‘Sigan no más, vayan, háganla suya’ (…) Toqué mi parte en una sola toma. Hay un silencio breve, y luego todos en la sala de control se levantan y aplauden. Es un momento emocional y triunfante, que nos llevará a conseguir un número uno en Norteamérica”.

Caminando en tus pasos

Una de las variables que contribuyó a potenciar el clima adverso entre los miembros, fue la idea de Padgham de grabar las baterías alejadas del resto, situándolas en el living. Sting estaba en la sala de control, y Andy en el salón grande. Las canciones no eran presentadas por Sting hasta veinte minutos antes de comenzar a grabar las pistas base, las cuales se grababan rápido para poder pasar pronto a la fase de los overdubs. “Andy podía repensar sus partes de guitarra, trabajar en ellas y pasar días experimentando con otros instrumentos, amplificadores y etc. Sting podía estar horas feliz viendo los vocales y el saxofón. Pero nada de eso podía comenzar hasta que Stewart tenía su parte lista. Así que había mucha presión para grabar las baterías (…) El groove que se me ocurría era lo que sea que estaba en el momento. Fue algo espontáneo completamente”, recuerda Copeland.

En Zenyatta Mondatta (1980), la tercera placa de The Police, se encontraba “Behind My Camel”, de Summers. Una instrumental que ganó un Grammy, marcando la influencia del oriente medio que decantaría en la kingcrimsoniana y ácida “Mother” de Synchronicity. Por supuesto, intentar colar una composición así en el disco fue difícil. “Claramente, Sting era el compositor principal. Los arreglos eran otra cosa. Lo que definía a The Police eran los arreglos, los sonidos de nosotros tres tocando juntos. Estábamos en un punto donde Sting estaba persiguiendo su escritura, así que la mayoría de las canciones iban a ser suyas, pero Stewart y yo teníamos solo una cada uno. A mí se me ocurrió ‘Mother’, pero no tengo mucha idea de dónde viene, de Captain Beefheart o algo así (…) Era tan diferente y distante de lo que hacía Sting que, de hecho, se convirtió en un track que sobresale porque es muy bizarra”, comentó a AVClub. En el disco inmediatamente anterior, Ghost In The Machine, el sello A&M había sugerido que “Omegaman” –de Andy- fuera el single principal, pero Sting se rehusó.

Sting.

La democracia frágil se estaba convirtiendo en una dictadura, potenciada por la agenda ocupada de Sting en otras actividades y su tendencia a hacer las cosas solo. En sus memorias, Summers señala que el mismo éxito creciente de la banda fue una variable que hizo imposible que Sting llegara y diera el salto en solitario porque a la gente le gustaba la idea de los tres juntos, la banda. “Tal vez todos sentíamos que estábamos en una olla a presión, y necesitábamos salir. Sting se fue a México a filmar Dune (con David Lynch), Stewart se fue a trabajar en el soundtrack de Rumble Fish, y yo en un libro y otro disco junto a Fripp. Como si ya estuviéramos haciendo el guión de nuestro futuro”. Una vez completadas las grabaciones y ad portas de la mezcla, en Quebec, Andy cae en cuenta de que los tres ya no hablaban de planes a futuro. “Hemos hecho un disco y estamos comprometidos a hacer un gira, pero hay un aire fatalista”.

Reyes del dolor

Con cinco placas a su haber, la historia de The Police parece ilusoriamente abarcar una línea de tiempo más corta de lo normal. Sin embargo, desde 1977 hasta 1984 —el año de su última presentación en vivo antes de su Reunion Tour de 2007/2008— la banda extendió su historia por 8 años: lo mismo que duró The Beatles. ¿Sincronicidad? Tras la presentación de los Fab4 en el Shea Stadium, ninguna otra agrupación se había enfrentado al colosal recinto hasta que lo hizo The Police en agosto de 1983. Summers lo recuerda así en sus memorias: “El Shea Stadium siempre se ha asociado con los Beatles desde su histórico tour por Norteamérica el ’65. Somos la primera banda desde entonces en tocar ahí, parece ser un marcador de nuestro poder, ser capaces de vender un recinto así en un par de horas (…) Mirar la inmensidad del estadio, por sobre el campo donde emergieron los Beatles, ahogados en el rugir y los gritos de los fans, con sus pequeños VOX AC30 como casi un susurro en el cañón. ¿Fue este el fin para ellos, el descarrillarse por el costado de la montaña, el punto sin retorno?”. En su conversación de 2012 con AVClub, reflexiona sobre el estado de las cosas: “La gente siempre suele pensar que The Police eran tres tipos que se querían matar entre sí, eso no es cierto. Éramos como tres hermanos, así de unidos. Nunca vamos a deshacernos de eso. Ingresas a una experiencia increíble de vida, juntos. Si pasas por cosas como por las que pasamos juntos como banda, la gente se comienza a separar, se vuelven como agua y aceite. Pero, en un principio, estábamos los tres contra el mundo, tratando de establecernos, y esa es la experiencia de una banda”.

Por su parte, en Strange Things Happen (Harper-Collins, 2009), las memorias de Copeland, el baterista se toma una particular licencia. El capítulo dedicado a The Police solamente ocupa cuatro páginas. Tal como en el Calendario Cósmico de Carl Sagan, lo que para los fans puede considerarse como el capítulo más importante en la vida del músico, para él es solo un abrir y cerrar de ojos: “The Police ocupó ocho de mis cincuenta y siete años, y esos años se fueron rápido. Fueron años grandiosos, y dejaron una marca. Pero las cosas realmente importantes pasaron más allá de la vida en una banda”. Cabe notar que, de esas palabras, han pasado ya diez años más.

En Broken Music: A Memoir (2003, Random House), Sting no tiene problemas para contar la historia de la banda hasta que se embarcan en su gira por Norteamérica de 1978 —con la curiosa anécdota de su show en Poughkeepsie, donde solamente había 6 personas en el público. Luego de eso, resume el resto de la carrera de la banda en dos párrafos, saltándose nueve años. Demasiada información.

¿Posibilidades de volver? Cope lo dejó claro el año pasado en conversación con Soundvapors: “Si existiera un The Police ahora, no sería para hacer nuevo material. Se trataría de escuchar. Nuestro catálogo tiene potencia emocional porque ya ha estado dando vuelta por 30 ó 40 años. Sting escribe grandes canciones, pero The Police es un lugar erróneo para ello. ¿Por qué tendría que discutir con Stewart o Andy sobre las decisiones? ¿Por qué tendría que pasar por eso cuando él sabe exactamente cómo hacer un disco? La canción que él tenga en mente, él sabe exactamente cómo la quiere”.

Como testamento de la química precisa entre los tres, quedan los discos. Synchronicity encapsula el triunfo de la ambición pop de Sting, materializada por la ejecución matemática de Summers y Copeland. Pero, más allá de los singles incandescentes, el segundo asalto recoge algunos de los cortes más melancólicos de su arsenal: “King Of Pain”, “Wrapped Around Your Finger” y “Tea In the Sahara”. Aquel 17 de junio de 1983, llegaba el momento para dejar ir. El 9 de julio de 1985, dos años después de todo aquello, el primer single en solitario de Sting se tituló “If You Love Somebody Set Them Free” (Si amas a alguien, déjalo ir). Nada es casualidad.

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