Culto
Manuel Rojas vuelve al camino

Manuel Rojas vuelve al camino

La edición de sus Cuentos completos, la apertura de un archivo digital y el rescate de su disco con Angel Parra, realzan la figura y la obra del autor de Hijo de ladrón.

Después de tomar once en el antiguo café Riquet, Manuel Rojas caminó hasta la Universidad de Valparaíso. Lo acompañaba el escritor porteño Carlos León. A las 19.00 horas, el salón de actos lucía lleno. El escritor conocía bien el puerto, pero en 1965 por primera vez ofrecía una charla en la universidad. “He venido como vagabundo, como trabajador de puerto, como apuntador de una compañía teatral, como ciudadano Ilustre de Valparaíso, he estado allí preso, me he enfermado, pasado hambre y siempre, interiormente, he sido el mismo, el mismo que ahora, ya viejo, habla en la universidad”, recordaría en una crónica.

El texto forma parte del Archivo Manuel Rojas, un fondo con más de 1.500 documentos, manuscritos y fotografías que la familia del escritor entregó en comodato al Centro de Estudios de la Literatura Chilena, de la UC. Dirigido por Macarena Areco, el centro asumió la tarea de catalogar y digitalizar los materiales para ponerlos a disposición del público a partir de fin de año.

En el conjunto se encuentran 15 cuadernos manuscritos de Hijo de ladrón, un texto dramático en torno a la Guerra de Vietnam, crónicas, borradores de novelas, fotografías, canciones y cuentos inéditos. Una ingente producción que ofrecerá una perspectiva integral y maciza del Premio Nacional de Literatura 1957.

Los cuentos, las canciones y la biografía del autor que atravesó a Chile a pie desde Argentina dan forma a nuevos proyectos que traen su obra a lectores actuales. Del mismo modo, a fin de mes el Ministerio de las Culturas entregará el Premio Internacional Manuel Rojas en la que fue su casa, en calle Llewellyn Jones de Ñuñoa.

Manuscrito de su poema Deshecha rosa, del archivo digital.

Inéditos

La editora Paz Balmaceda quería incorporar autores chilenos a la colección de Cuentos Completos del grupo Penguin Random House, la que integran narradores como William Faulkner, Roberto Arlt y Roberto Bolaño. “Caía de perillas un autorazo como Rojas en una colección con este prestigio y acompañado de un catálogo con esos nombres. Cómo no partir por él”, dice.

Agendado para noviembre, el volumen reunirá más de 30 relatos, tres de ellos no recogidos en libros y otros tres rigurosamente inéditos: “Tres alemanes y un chileno”, “Nochebuena en Santiago” y “El niño y el choroy”. “Uno de ellos es del 27, otro del año 68 y el último del 70 o alrededores. Los tres cuentos están insertos plenamente en el universo de la narrativa de Rojas y son buenísimos”, subraya Paz Balmaceda.

“Rojas era un gran editor de sus propios textos, vivía modificándolos incluso entre una edición y otra publicada, los intervenía siempre. Algunos de los inéditos tenían distintas versiones y junto a la Fundación hemos trabajado en fijar las versiones para publicar en este libro”, agrega.

En esta tarea recibió la asesoría de Ignacio Álvarez, quien estuvo al cuidado de la última edición de Hijo de ladrón (Tajamar, 2018) y prepara una versión crítica de los relatos. “En los inéditos hemos tomado decisiones que requería el material, y que por otra parte ha sido un aspecto fascinante de este proyecto”, dice Balmaceda.

De arriba a abajo

Cuando Manuel Rojas cruzó la cordillera a pie desde Mendoza, tenía 16 años. Nacido en Buenos Aires en 1896, el escritor atravesó hacia Chile con un grupo de anarquistas. Desde joven llevó una vida nómade y en sus primeros años en el país ejerció numerosos oficios, entre ellos cargador de lanchas y guardián nocturno en Valparaíso, como lo narró en Lanchas en la bahía.

La Fundación Rojas, coordinada por su nieto Daniel Muñoz y presidida por Jorge Guerra, busca darle relieve a las huellas del escritor en la ciudad de los ascensores con el lanzamiento de una ruta patrimonial, junto al municipio porteño. El circuito abarcaría 10 puntos, entre ellos el muelle, la caleta El Membrillo, la Estación Bellavista y el Cerro Cordillera, lugares que el autor habitó en la realidad o la ficción.

Una muestra de su apego por la geografía y los personajes populares del país es el disco Chile de arriba a abajo, que reúne canciones suyas musicalizadas por Angel Parra. Publicado en 1968, el álbum forma parte de un proyecto del músico Raimundo Atal, radicado en Nueva York, quien pretende revivirlo en una gira de conciertos, desde Antofagasta a Chiloé, el próximo año.

Portada del disco de 1968, grabado con Angel Parra.

Bajos fondos

La académica Macarena Areco acaba de cerrar el III seminario en torno a Manuel Rojas en la UC, en conjunto con la Universidad de Poitiers. Ella destaca el lugar protagónico del autor fallecido en 1973 en nuestra narrativa: “Rojas abre una línea alternativa a la tradición de la novela chilena, que viene de la figura de la casa, con Martín Rivas y José Donoso. Frente a ella aparece la novela de los espacios abiertos, con Bolaño, Diamela Eltit y Rojas”.

¿Por qué todos sus personajes están fuera de la ley?, le preguntaron al autor en aquella charla de 1965 en la U. de Valparaíso. “Son mi debilidad” dijo, “los que están dentro de la ley o protegidos por ella no me interesan tanto”.

Probablemente el cuento más célebre de Rojas sea “El vaso de leche”, pero es apenas la punta del iceberg del universo de sus cuentos: “Rojas es uno de esos autores que nunca más olvidas, esa dureza, ese mundo cruel, masculino, que representa tan bien en sus relatos la vida de la cordillera, con oficios difíciles, expuestos, de emociones fuertes y temples despiadados”, observa Paz Balmaceda. “Todo ese universo de emociones humanas insertas en sociedades en crisis está expuesto con maestría en los cuentos. Ladronzuelos, venganzas, los bajos fondos, ciertos oficios que son en este universo las únicas alternativas. Su contrapunto con los pájaros, que a veces también se ven arruinados por los hombres, es brillante y muy bonito. Jorge Teillier destacó alguna vez lo poco comentado que ha sido el humor en la narrativa de Rojas, estoy totalmente de acuerdo con él. En este universo, el de sus relatos, el humor es un elemento muy presente, muchas veces un humor negro y genial”, concluye.

Fotos: gentileza fundación Manuel Rojas

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