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More o la entrada al cine de Pink Floyd

More o la entrada al cine de Pink Floyd

En 1969 el grupo musicalizó por encargo una película del director Barbet Schroeder. El trabajo llegó en días en que los ingleses buscaban un nuevo camino creativo tras la salida de Syd Barrett. Con temas como "Cymbaline" o "The Nile Song", el cuarteto creó un soundtrack que dio pie a futuras relaciones con la gran pantalla.

Cuando los integrantes de Pink Floyd escucharon la oferta del director Barbet Schroeder para musicalizar su próxima película, titulada More, no lo dudaron. De alguna forma, esperaban un trabajo así. “Queríamos entrar en el mundo de las partituras de las grandes películas”, cuenta David Gilmour en el libro La odisea de Pink Floyd (2005, Ma Non Troppo), de Nicolas Schaffner. “Hubiéramos hecho casi cualquier cosa para cine. Queríamos intentarlo”, agrega el guitarrista. Aunque algunas de sus canciones habían aparecido en otros filmes (como por ejemplo, The Commitee), esta era una gran oportunidad.

Eran días en que el grupo estaba rearmando su camino. Atrás comenzaban a quedar las turbulencias ocasionadas por la salida de Syd Barrett, el primer líder y alma creativa del grupo, quien sucumbió a sus problemas mentales y el consumo de drogas. Esas jornadas postreras alcanzaron la grabación del segundo LP, A saucerful of secrets (1968), el que no consiguió buenas críticas.

Pero no todo era tan malo. Con esa placa la banda comenzaba a notar que había encontrado una dirección para seguir, ya sin Barrett a bordo. “En sí mismo, contiene ideas que eran muy avanzadas para la época”, detalla el baterista Nick Mason en el volumen mencionado. “Y marcó un camino que creo que hemos seguido en gran medida, con algunos desvíos (…) en realidad se trata de descubrir que uno puede obtener los sonidos más extraordinarios de un piano rasgando sus cuerdas, o cosas así”

Dicho álbum también marcó el final de una sociedad. Fue el último trabajo junto al productor Norman Smith, quien estuvo a cargo de su debut, el fundamental The Piper at the Gates of Dawn (1967), y anteriormente fungió como ingeniero para los Beatles, hasta su disco Rubber Soul -John Lennon solía tomarle el pelo llamándolo “Normal”-. Los Pink Floyd sentían que, a esas alturas, más que un aporte, Smith era un obstáculo y no comprendía su nueva música.

“Era incorregiblemente rígido”, señala Gilmour en el texto citado. “Y tendía a obstaculizar todas las innovaciones. En una o dos ocasiones me molestó cuando yo trataba de hacer algo que me sonara grandioso pero que no se adecuaba al manual. Pero era un tío agradable”.

De izquierda a derecha: Waters, Mason, Gilmour y Wright.

Por ello, para comienzos de 1969 cuando reciben el encargo de trabajar en More, la agrupación estaba en plena efervescencia creativa. Sus presentaciones por entonces ya incluían elementos multimedia, y la atmósfera que generaban las capas de texturas incluidas en temas como “Remember a Day”, “A Saucerful of Secrets” o “Careful with that axe, Eugene”, le daban un aire especialmente cinematográfico y espacial a la música del cuarteto que completaban Rick Wright en teclados y Roger Waters al bajo.

Increíblemente, el sello EMI le dio total libertad al grupo. Es decir, no les impusieron un productor en reemplazo de Smith. En su concepto se trataba de un proyecto especial por lo que no hubo discusión sobre el material, e incluso, accedieron a conceder mejores regalías sobre las ventas, respecto al de sus anteriores placas. Por ello, la presión sobre ellos no era menor: debían demostrar que eran capaces de producir música, al menos decente, por sí mismos.

En solo ocho días, entre diciembre del 68’ y enero del 69’, el conjunto se encerró en los estudios Pye para trabajar el material destinado al soundtrack, el que luego pulieron en Abbey Road. “Empiezas de cero en el estudio y trabajas hasta que aparece algo. Recortas algunas cosas y preguntas ‘¿qué te parece algo así?’, luego lo elaboras un poco más. No es el mismo proceso que hacer tu propia música: es mucho más apresurado y se toman menos recaudos”, detalla Gilmour sobre el proceso.

Contrario a lo que sugerían sus antecesores inmediatos, la música que surgió para More, era básicamente de formato canción. Es más, habían temas acústicos muy calmos y oníricos como “Cymbaline” o “Green is the colour”, que el grupo luego añadió a su repertorio de directo. Por otro lado, estaban temas como “Ibiza Bar” o “The Nile Song”, que definitivamente tenían una inesperada fibra rockera, muy diferente a los largos pasajes atmosféricos que habían grabado para A Saucerful of Secrets.

Pink Hippies

La película en cuestión era una fantasía en torno al hippismo, el amor libre y las drogas. Un joven alemán, viaja a París donde conoce a Stella Miller, a quien acompaña a Ibiza. La historia discurre entre escenas de vida en comunidad, que se desarrollaba por entonces en la localidad española. Ese año los hippies llegaron a la pantalla grande en cintas como Easy Rider, The Guru y Medium Cool. El punto más alto sería el Festival de Woodstock en agosto, cuyo filme se estrenó al año siguiente.

A partir de su vínculo inicial con la psicodelia, y la densidad de su propuesta musical, Pink Floyd eran considerados referentes de la cultura del LSD y las drogas, a pesar de que, insisten, no eran consumidores habituales. Posiblemente lo que sucedió con Barrett les caló hondo. “Sólo he consumido productos psicodélicos dos veces en mi vida, y ambas ocasiones tuvieron lugar después de que le pusieran esa etiqueta a nuestra música”, insiste Roger Waters en La Odisea de Pink Floyd.

More, se lanzó el 13 de junio de 1969 y trepó hasta el lugar #9 en el UK Albums Chart. Se reeditó en 1973, en CD en 1987 y en 1996 se lanzó una versión con un booklet que incluía fotos inéditas del largometraje.

De todas formas, el vínculo de los londinenses con la gran pantalla no acabó con esta producción. Pocos meses después, en diciembre de ese año, grabaron sus aportes para el filme Zabriskie Point, del italiano Michelangelo Antonioni, una experiencia menos placentera, pues el grupo chocaba con la indecisión del realizador quien solo les comentaba que el material era “demasiado triste” o “demasiado fuerte”. Una pieza compuesta por Wright al piano llamada “The violent sequence”, descartada de esas sesiones, se retomó años después para Dark Side of The Moon: se convirtió en “Us and them”.

“Al parecer el cine es la respuesta para nosotros en este momento”, afirmó por esos días Rick Wright, según detalla Schaffner. “Sería bonito hacer una película de ciencia ficción: nuestra música está bastante orientada en ese sentido”, afirmó. Las aventuras posteriores en Pompeya, y más tarde con The Wall, demostraron la certeza de esas palabras.

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln