Culto
“Wild world” o cómo despedirse de un viejo amor

“Wild world” o cómo despedirse de un viejo amor

La reconocida obra cumbre de Cat Stevens parecía ser ese sentido mensaje que dejaba un aún enamorado después de terminar su relación. Por años, y pese a que hace algún tiempo el propio cantautor negó que esa fuera su intención, así se instaló. Acá la historia de un éxito delicado, marcado por la tristeza de una despedida.

Para poder explicar —y quizás entender— el grueso del repertorio que hizo de Steven Demetre Georgiou —joven londinense de madre sueca y padre griego— Cat Stevens, es necesario retroceder hasta 1969. Ese año, clave puntualmente por una tuberculosis que lo careó con la muerte y que prácticamente lo ató a la cama de un hospital, no sólo cambió su manera de ver la vida: esa etapa de obligada reflexión, donde comenzó a asomar ese tipo más espiritual que con los años se convertiría al Islam, también se vio plasmada en su música. Hasta entonces, un veinteañero Steven sumaba elogios —por un sonido más cercano al pop, como el de su álbum debut Matthew and son— y unas cuantas giras teloneando a Engelbert Humperdinck o Jimi Hendrix. Pero el éxito definitivo llegó a la par de su giro hacia el folk.

Paul Samwell-Smith, quien fuera bajista de los Yardbirds, como nuevo productor, y Alun Davies, una suerte de socio en la guitarra acústica, jugaron un papel importante en este cambio de raíz. Su voz tan característica y las letras, que ahora transitaban entre rupturas, penas y partidas, hicieron el resto.

Así en julio de 1970, ya recuperado, Cat Stevens comenzó a grabar el que para muchos es su longplay más famoso: Tea for the Tillerman, que guarda éxitos inmediatos como “Father and son”, “Sad Lisa” o “Wild world”. Publicado finalmente el 23 de noviembre el álbum no tardó en triunfar: a los pocos meses sumaba medio millón de copias y cuatro de sus canciones —”Where do the children play?”, “On the road to find out”, “Tea for the Tillerman” y “Miles from nowhere”— se utilizaron en la película Harold and Maude (1971).

But if you wanna leave, take good care

Now that I’ve lost everything to you,
You say you want to start something new,
And it’s breaking my heart you’re leaving,
Baby, I’m grieving.

Como pasa con buena parte de las grandes canciones, ésas que lograron marcar una época, las historias-detrás-de suelen ser muchas y confusas. “Wild world”, cómo no, reúne todas esas condiciones: incluso tres meses antes de que Cat Stevens la incluyera —no tan convencido— en Tea for the Tillerman, ya era considerada como un éxito bajo la interpretación de Jimmy Cliff, que la instaló entre las ocho más escuchadas de las listas británicas. Stevens replicó prontamente ese triunfo: la eligió como el single —junto a “Miles from nowhere”— en Estados Unidos alcanzando el undécimo lugar en Billboard.

La canción, además, arrasó en Reino Unido y en otros países, donde también fue single —pero esta vez la acompañaba la también melancólica “Sad Lisa”—.

El making off de una de las piezas más importantes y reconocidas de Cat Stevens, hoy Yusuf Islam, sigue enmarcado, sin embargo, por algo de controversia: el contenido de la nostálgica letra, repleta de consejos y buenos deseos a una mujer —que tengas cuidado, que es un mundo salvaje, que ojalá tengas suerte, que nunca te quiero ver triste, que siempre te recordaré como una niña— sugiere distintas interpretaciones.

Acaso la más aceptada durante años tiene vínculo con la ruptura de una relación: es decir, una cariñosa despedida a quien supo ser un gran amor. Esta primera versión, sobre todo, se sustenta en los versos iniciales: “Ahora que ya te he perdido/ Tú dices que quieres empezar algo nuevo/ Y me parte el corazón que te vayas/ Nena, estoy de duelo”.

Y tendría su explicación en el noviazgo que sostuvo, en esa época, Cat Stevens con la actriz y modelo Patti D’Arbanville, presunta musa inspiradora además de la canción “Lady D’Arbanville” (Mona Bone Jakon, 1970). La neoyorquina, que mantuvo un romance de dos años con el cantautor, luego contrajo matrimonio con Don Johnson en la década de los ochenta.

Hay quienes, por otro lado, sostienen que la letra apunta a la tierna relación que une a un padre y una hija: a ese momento en que la joven opta por abandonar el nido, dejar la casa, y el tipo la llena de consejos, llorando pero, también, entendiendo la partida.

Cat Stevens, consultado precisamente por la canción en The Chris Isaak Hour en 2009, explicó cuál fue su intención, acaso derribando la teoría más romántica: “Trataba de hacer una canción relacionada con mi vida. Estaba en un punto donde todo empezaba a suceder y yo justo entraba en el mundo. Tenía mi carrera hecha y estaba muy pendiente de hacerlo bien esta vez, porque era el momento. La canción no hablaba sobre nadie en particular, aunque algunos publicaron otra cosa. Sobre todo hablaba de mí. Cuenta cómo perder el contacto con el hogar y la realidad… especialmente perder el hogar”.

En Mojo Magazine, en junio de ese mismo año, volvió a ensayar una respuesta: “Era una de esas secuencias de acordes que son muy comunes en la música española. Le di la vuelta y se me ocurrió ese tema que tiene que ver con la partida, la tristeza de la partida y la anticipación de lo que hay más allá”.

El cantautor, en ese sentido, precisa que no fue concebida como una canción de amor sino que más bien fue enfocada en la tristeza de dejar un sitio querido. La resignificación de su público y seguramente de los más románticos, sin embargo, sigue apuntando hacia allá: “Wild world”, digamos, actúa prácticamente como un sinónimo de quiebre, de una despedida amorosa. Una muy delicada, además.

Oh, baby, baby…

And it’s breakin’ my heart in two,
Because I never wanna see you sad girl,
Don’t be a bad girl.

“Wild world” es, también a esta altura, considerada eterna, acaso la producción más renombrada de Yusuf. Quizás por eso es que la canción que estrenara Jimmy Cliff incluso antes que el propio Cat Stevens cuenta con una no menor cantidad de versiones que atraviesa los más variados estilos.

Muchos son los artistas que han contribuido en esa tarea: el pop británico de Barry Ryan; una versión instrumental por cuenta de The Ventures; el hardrock de Mr. Big; también el reggae de Maxi Priest; un cóver de tinte más clásico a cargo del director francés Frank Pourcel; el doblaje también francés de Claude François, e incluso la guitarra española de José Feliciano por nombrar sólo a unos cuantos.

Además, “Wild world” formó parte de la primera temporada de la serie Skins, en la escena final, cuando el elenco de esa primera generación, comandado por Sid —herido tras perder a Cassie— la interpreta. Aquí, precisamente se aprecia esa interpretación: es casi como un adiós.

Oh, baby, baby, it’s a wild world,
It’s hard to get by just upon a smile,
Oh, baby, baby, it’s a wild world,
I’ll always remember you like a child, girl.

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