Culto
Travis y la historia del hombre al que le llovía siempre

Travis y la historia del hombre al que le llovía siempre

Se cumplen 20 años de The Man Who, el disco que de no mediar un inconveniente hubiese iniciado una dominación mundial eterna. Ese obstáculo se llamaba Fran Healy, un cantante, guitarrista y compositor, con una sed de triunfo tan moderada que vino, vio, venció y rápidamente se fue. Con una nube encima, eso sí.

Comencemos con algunas postales que tienen al bueno de Fran Healy como participante, que nunca protagonista. La primera ocurre en noviembre de 2016 en Santiago de Chile, al comenzar a tocar “Where you stand”. Ahí, Fran Healy se sube a los hombros de Alvaro (así, sin tilde, según el escocés), un espectador, para cantar la canción completa con la discreta presencia de guardias cerca. Ya se sabe, todos felices y protagonistas de sus respectivos videos filmados. Lo que es Healy, algún apretón furtivo recibe, pero es saludado cual amigo del bar y vuelve sin problemas al escenario después.

Luego, casi finalizando el concierto, se dirige al público para decirle que en los siguientes tres minutos, tienen “el permiso para comportarse como si tuvieran 4 años de edad”. Ese es el preludio para “Magnificent time” y su coreografía de jardín infantil que, ante tanta bonhomía, no queda más que repetir, como lo hacen sin pudor algunos miles de personas.

Travis.

Estas 2 escenas, como muchas similares, se acumulan en el historial de Healy, esa suerte de anti-Gene Simmons que no tiene problemas para contar que en un encuentro con una fan en Londres, al momento pedirle un autógrafo y al borde del llanto, ésta le dijo: “¡No puedo esperar a contarle a mis amigos que conocí a Chris Martin!”. Quizás está demás decir que Healy firmó el autógrafo sin problemas.

Aquella anécdota la contaba en 2017 a Daily Mail y la referencia al vocalista de Coldplay, parece mitad carcajada del destino, mitad ajuste de cuentas. Ya lo dijo Martin alguna vez, “Travis fue la banda que inventó mi banda” y peca de sincero detrás de su enorme fama mundial. Por su parte, el hombre de la popularidad mediana, las coreografías ridículas y una oveja de acompañante (esa la guardamos para el final), no parece del todo complicado con ello.

Francis Healy.

A todo esto, ¿qué diablos es un “Wonderwall”?

Escocia es el lugar. Sino que lo digan gente buena y apacible como Teenage Fanclub, Belle and Sebastian o BMX Bandits, bandas de pop brillante y melancólico. Claro que también es el sitio de Primal Scream o Alan Mc Gee, que como son completamente opuestos a lo que estamos hablando, mejor los obviamos. Ahí, en Glasgow, de las cenizas de un grupo llamado Glass Onion (con, nada menos, que un Chris Martyn a bordo) surgió Travis en 1994 con Healy, Andy Dulop en guitarra, Dougie Payne en bajo y Neil Primrose en batería.

Emigrados a Inglaterra para lograr mayor visibilidad, editaron un primer disco repleto de positivas intenciones y medianas canciones llamado Good Feeling (Independiente, 1997) que privilegiaba un sonido más agresivo, a tono con los tiempos. Con una buena respuesta de la prensa, pero escaso feedback del público, la siguiente movida determinaba sin lugar a dudas el futuro de la banda. Para ello, qué mejor que acordarse de los fracasos.

“Cuando salió The man who nos dijeron que era un acto suicida para nuestra carrera. Todos estaban bastante deprimidos. Ya nos imaginábamos volviendo a Glasgow al desempleo”, diría Healy a New Musical Express hace algunos años. El compositor casi exclusivo del álbum que saldría a la venta el 24 de Mayo de 1999, tenía fe en un material más potente que el del disco debut, pero con abundancia de medios tiempos y temáticas algo lúgubres. O graciosas, según uno captara el sentido del humor que evidenciaban los videos del grupo.

Como muestra, la fantástica “Writing to reach you”, primer single, donde Healy recibe el ataque de dos niños con piedras, flechas e, incluso, aviones de combate, mientras avanza decidido con una carta, que entregará con mucho esfuerzo, justamente, a uno de sus enemigos. La canción, reconocidamente inspirada en “Wonderwall” de Oasis, además de las esperables referencias poco veraniegas (“Because my inside is outside/ My right side’s on the left side/ Cause I’m writing to reach you now but/ I might never reach you”) incluía un guiño a la sustracción indebida (“The radio is playing all the usual/ And what’s a ‘wonderwall’ anyway?”). Como ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón, Noel Gallagher sólo ha tenido buenas palabras para Travis históricamente.

Aunque el impacto de aquella canción y el siguiente corte “Driftwood” auguraban un éxito importante, sería la edición de “Why does it always rain on me?” la que dispararía a The man who al tope de las listas, llegando a vender 3,5 millones de copias a nivel mundial. Esta vez, otra letra triste salpicada de ironía (“Still I can’t close my eyes/ I’m seeing a tunnel at the end of all these lights”), se acompañaba de un video divertido (sin rastros de lluvia y con el cantante raptado por sus compañeros de banda), sumado a la mejor sincronicidad posible. En la actuación en el festival de Glastonbury de ese año, en un día radiante, comenzó a llover en cuanto la empezaron a tocar.

The nicest men in pop

Cuando los periodistas ingleses te dicen algo, generalmente es para molestarte. Quizás por ello, es mejor tomársela bien, como hicieron Healy y compañía cuando fueron rotulados como los “hombres más amables del pop”. Siguiendo el chiste, la banda llamaría a su siguiente disco The Invisible band (Epic, 2001), un título-chiste a propósito de la nula imagen del grupo, que nuevamente sería un suceso gracias a canciones como “Sing” o “Side”.

Un cierto endurecimiento en letras y arreglos marcaría el sucesor 12 Memories (Epic, 2003), que no tendría el arrollador éxito anterior y que iniciaría un camino alejado de la popularidad masiva en los siguientes discos. Nada que moleste a Healy, quien a propósito de la comparación eterna con Coldplay y las buenas palabras de Chris Martin, planteaba a Daily Mail: “Fue muy amable de decir eso, pero no se me ocurren dos bandas más diferentes. Si ves cómo Coldplay ha cambiado su música para encajar con lo que suena en ese momento, me parece calculado y un poco frío. Además bandas como esas, no paran. Yo prefiero vivir”.

Como unos Julio César con la autoestima justa, Travis vinieron, vieron, vencieron y luego se retiraron rápido. Hasta con una oveja de acompañante, como hacía Fran Healy en el video de “Buttercups”, single de su disco solista Wreckorder (Wreckorder Records, 2010). Ese tratado de cómo frustrar las expectativas ajenas (“I tried to buy you roses but all the stars were closed/ But I can’t dance and I can’t sing/ A loser I suppose/ So all I have is buttercups”) era acompañado por un video donde los diferentes amores del vocalista en su vida, lo rechazaban consecutivamente en una limusina. Todos, excepto Maisy, una oveja que lo acompañó en su “soledad en la ciudad de Inverness en 1993”. Hombre amable, ya se sabe, Fran termina el video caminando con Maisy a su lado. Un caballero.

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