Culto
Tarkovsky en modo ciencia-ficción: la película que se adelantó a Chernobyl

Tarkovsky en modo ciencia-ficción: la película que se adelantó a Chernobyl

En 1979 el cineasta ruso Andrei Tarkovsky estrenó Stalker, una cinta que recrea un mundo post-apocalíptico, donde existe una Zona prohibida y peligrosa a la que nadie puede ingresar. Una fantasía que siete años más tarde se convertiría dramáticamente en realidad.

Una zona prohibida, abandonada por la población o, al menos, por aquellos que no murieron a causa de misteriosas enfermedades. Una naturaleza que se ha tomado lo que antes los seres humanos habían construido y que incluso parece acechar a los extraños. Y un estado policial que mantiene un estricto control e impide aventurarse más allá de las cercas que delimitan ese territorio.

Lo anterior parece la descripción de lo sucedido en la Unión Soviética después del accidente en la central nuclear de Chernóbil en abril de 1986. Pero en realidad fue descrito casi siete años antes.

En 1979 el cineasta ruso Andrei Tarkovsky estrenó la que es considerada una de sus obras cúlmines y una de las 30 mejores películas de la historia, según el British Film Institute: Stalker. Un filme que en forma casi profética adelantó el ambiente e incluso la angustia que rodearía años más tarde los sucesos de Chernóbil, a tal punto que incluso el término popular para referirse al territorio de exclusión creado por las autoridades soviéticas, La Zona, fue sacado de la película y los guías que se aventuran en el territorio son conocidos como stalkers.

La cinta fue la última que hizo el director de Solaris y Andrei Rublov en la Unión Soviética antes del partir al exilio y, más allá de la aventura existencial que relata y del ambiente apocalíptico que recrea, hacerla fue también una verdadera odisea. Tarkovsky se inspiró en la novela Picnic extraterrestre de los hermanos Arkady y Boris Strugatsky de 1972 que relata la historia de un territorio prohibido por donde pasó una nave extraterrestre literalmente a “hacer una pausa en el camino”, contaminando el lugar y dejando en esa zona una serie de objetos misteriosos.

El relato de los hermanos Strugatsky tiene partes que parecen literalmente “sacadas” de lo que pasaría 14 años más tarde en la ciudad de Prípiat, ubicada junto a la central de Chernóbil. “De día parece un barrio como cualquier otro, con casas normales que piden a gritos reparaciones (…) con nada en particular, excepto que no se ve a nadie (…). Cuando cundió el pánico los vecinos salieron de casa en ropa interior y corriendo. (A algunos) se le cayeron la piel y las uñas (…) y están los barrios donde la gente quedó ciega”, se lee en un tramo del libro que inspiró a Tarkovsky.

Stalker, de Tarkovsky.

Drama existencial

Pero lo que más atrajo al cineasta para llevar a la pantalla la obra de los hermanos Strugatsky fue una parte del libro, esa misteriosa atracción que generaba la Zona prohibida, ese deseo por hallar allí algo que parecía no estar en ninguna otra parte. Y eso es lo que cuenta en Stalker, que más que una cinta apocalíptica es un drama existencial en una sociedad totalitaria. Es la historia de dos hombres, el escritor y el profesor, que contratan a un guía –conocidos como stalkers- para que los lleve a la zona prohibida donde habría una casa en la que se cumplen los deseos más íntimos.

Tarkovsky juega con el blanco y negro y el color para separar dos mundos. Está aquel de la realidad cotidiana y agobiante –filmado en tono sepia- y el del mundo más allá de los cercos, el del territorio prohibido, que muestra en colores. Al contrario del libro de los hermanos Strugatsky, Tarkovsky evita ser claro sobre las razones que convirtieron a esa zona en un territorio prohibido –tal vez la caída de un meteorito. Pero lo cierto es que el lugar entraña peligros que exigen un guía. No se puede pasar dos veces por el mismo lugar y hay áreas por donde no es posible transitar.

Si bien el significado de “La Zona” ha despertado diversas interpretaciones de parte de la crítica, como recordó hace unos años el diario argentino La Nación. Algunos la veían como una representación de los gulag soviéticos, mientras otras, como una imagen idealizada del mundo occidental. Una discusión inútil para Tarkovsky. Para él el significado es claro. “La zona representa el lugar donde todos los deseos pueden ser satisfechos”, contó en una entrevista a la revista francesa Télérama, donde recordó además parte de las dificultades que tuvo la película.

Tarkovsky muestra un mundo acechante y transmite una extraña sensación de angustia al interior de La Zona. Contribuyen a ello sus los largos planos y su ritmo pausado –que marcó toda la obra del director ruso. Pero Tarkovsky enfrentó varios problemas con la película, más allá de las críticas de las autoridades soviéticas que la consideraron demasiado lenta. Tuvo dificultades con el presupuesto y la mitad del material filmado quedó sobreexpuesto. En un momento se planteó incluso cancelar el proyecto, pero la decisión de Tarkovsky permitió finalmente concretarlo.

La cinta, además, fue filmada en Estonia, cerca de una planta química que tiraba sus desechos al río Jagala. Un hecho que, como otro trágico paralelo con lo sucedido en Chernóbil, llevó a muchos de quienes participaron en la película a sufrir problemas de salud. Algunos técnicos tuvieron reacciones alérgicas en la piel mientras que Anatoli Solonitsin, el actor que representó al escritor, murió de cáncer tres años después de filmar la película. Y el propio Tarkovsky desarrolló la misma enfermedad y murió en 1986, sólo ocho meses después de la tragedia de Chernóbil. El cáncer también le cobró la vida a su esposa y asistente de dirección Larisa Tarkovskaya.

 

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