Culto
Rodrigo Fluxá: “Algunos ven en Anguita la maldad pura, un psicópata; otros ven en la misma cara bondad y una inocencia casi infantil”

Rodrigo Fluxá: “Algunos ven en Anguita la maldad pura, un psicópata; otros ven en la misma cara bondad y una inocencia casi infantil”

El periodista y guionista —quien publicó Solos en la noche, libro sobre el crimen de Daniel Zamudio— ahora se adentra en el asesinato de Viviana Haeger en Usted sabe quien (Catalonia-Periodismo UDP) sobre el caso que tuvo como figura a Jaime Anguita, viudo y principal sospechoso.

Cuatro años de investigación. Medio centenar de entrevistas presenciales. Casi cinco mil páginas del expediente del caso. 3.249 intervenciones telefónicas legales. Y la cobertura completa del juicio en Puerto Montt.

Todo eso le tomó al periodista Rodrigo Fluxá investigar el caso de Viviana Haeger para escribir Usted sabe quien: notas desde el juicio Haeger (Catalonia-Periodismo UDP).

Un caso que, en pocas líneas, va así.

Viviana Haeger, una mujer de 42 años que parecía tener una vida perfecta.

Viviana Haeger, una mujer que desaparece en Puerto Varas.

Viviana Haeger, una mujer que días después fue encontrada en el entretecho de su propia casa.

Y Viviana Haeger, una víctima que se convirtió en uno de esos loops mediáticos que de tanto en tanto cae Chile, con imágenes de Haeger en la tele, radio, web y diarios.

Y así comenzó el efecto bola-de-nieve pseudo-informativo de una historia policial donde el principal sospechoso —mas no el único— era Jaime Anguita, marido de Viviana Haeger.

Era mediados del 2015 y Fluxá —entonces periodista de revista Sábado— se puso a investigar el caso. Fue a Puerto Varas y publicó un artículo.

“De ese artículo hay bien poco en el libro, porque fue una inmersión bastante superficial en comparación a lo que vino después”, dice Fluxá. “El artículo ese, de hecho, es un meta relato en el libro, porque lo leyeron durante el juicio”.

Unos tres meses después del artículo apareció el sicario, José Pérez Mancilla, a quien se le habría encargado el asesinato de Haeger. Y claro: el giro argumental elevó por el cielo el techo de la carpa mediática.

“Me acuerdo haberlo visto en la tele, creo que era un sábado, y fue muy impactante, porque había estado muchas horas solo con Anguita. Y bueno, era un giro fenomenal”, dice Fluxá. “Le he contado del caso a periodistas de otros países y les sorprende igual que a los de acá. Ahí me hice la idea de hacer algo más grande. Seguí monitoreando la investigación desde Santiago, pensando cuál era la mejor forma de entrar en la historia y así elegí narrarla desde el juicio, desde adentro”.

No es primera vez que Fluxá centra un caso entero en un volumen, porque el periodista también es autor de Solos en la noche (Catalonia-Periodismo UDP), un libro que, dice, era todo lo contrario: “Era arqueología periodística, intentar narrar la vida de alguien, rastreando huellas de las cosas que hizo”. Por eso para el caso de Anguita, asegura, quería hacerlo al revés: “Que el libro fuera una gran escena que nadie me contó, que yo estaba viendo”. El juicio terminó en octubre de 2017 y Fluxá siguió reporteando unos seis meses más, cerrando dudas, transcribiendo llamados. “Y la escritura misma fue bien lenta; casi un año”, dice.

¿Y cómo describirías a Jaime Anguita?

Es muy magnético y muy contradictorio. Te diría que una de las cosas que más lo define es que casi nunca hace lo que se espera de él. Incluso post juicio, cuando decidió volver a vivir a la misma casa del Parque Stocker dónde murió su mujer, al frente de la casa de los Haeger, quienes aún lo consideran un asesino. Ese cúmulo de decisiones que toma logran que él genere un rango de reacciones insólitamente alto: algunos ven en Anguita la maldad pura, un psicópata; otros ven en la misma cara bondad y una inocencia casi infantil. Y esas dos ideas tan contrarias sobre él eran las únicas salidas que otorgaba el juicio. Eso siempre me resultó muy interesante.

¿Qué crees que refleja este caso sobre los medios de comunicación y la cobertura que se hizo? Por un momento Chile se volvió un circo mediático.

La primera vez que decidí ir a Puerto Varas a entrevistar a Anguita fue cuando vi en un matinal a un “experto” en gestos analizando el lenguaje no verbal de Anguita, al detalle. Me imaginé a él mismo viendo en la tele como gente que no lo conocía le ponía ese nivel de lupa encima. Eso te marca bastante el tipo de cobertura que hubo: psíquicos, mentalistas, psicólogos que daban diagnósticos en público sobre pacientes que no habían tratado. Tuvo además un extra: que Anguita se “televisaba” muy mal; cada entrevista que daba parecía más culpable, dio una hasta en la buhardilla… No ayudaba mucho él con esas cosas tampoco. El caso habitó tanto tiempo en los matinales, creo yo, porque conectaba con un miedo muy profundo de la dueña de casa: que efectivamente la persona que está al lado tuyo puede quererte muerta. Y no es que se lo imaginen, es cosa de ver las cifras de femicidios.

*

Así comienza Usted sabe quien: notas desde el juicio Haeger:

“¿Puedes dejar todo de lado un rato y concentrarte, sin mirar el teléfono, sin prender la tele? Porque si no puedes, mejor déjalo hasta acá. Cierra esto y sigue con tu vida, sin resentimientos. Y, sinceramente, puedo vivir sin tu opinión”.

Y sigue:

“Pero asumo que sigues aquí, que si leíste hasta acá es porque de verdad lo necesitas. Nada es más gratificante que te digan que tienes razón, que eres tan especial, que pudiste verlo con claridad mucho antes que todos”.

Usted sabe quien, de Rodrigo Fluxá.

El libro de Fluxá tiene datos duros y todo lo que hay que saber sobre el caso, sí; pero también un punto de vista que parece dirigido al lector. Como si quisiera llamar la atención. Una suerte de yo-sé-lo-que-estás-pensando. Es la segunda persona (ese narrador que le habla de tú al lector), algo que no se ve mucho en los libros periodísticos, especialmente en Chile.

“Estuve dos meses solo en Puerto Varas y cada noche necesitaba ordenar mentalmente lo que había visto y escuchado, procesarlo. Y la idea inicial era ir contándoselo al editor todos los días, como un diario del juicio”, dice Fluxá. “Además, al momento de sentarme a escribir llevaba ya varios años investigando el caso, lo había conversado muchas veces con amigos, con conocidos, con abogados, y yo, que no soy un narrador oral tan entretenido, me sorprendía con los niveles de atención que conseguía cuando lo contaba. Así que traté de traspasar eso a esa ‘segunda persona’ que usa el narrador del libro. Me costó al principio, pero le fui agarrando el tono”.

¿Por qué te pareció apropiado comenzar así? Porque podrías haber metido la segunda persona más adelante, pero no: marcas la cancha al tiro.

Porque las audiencias de medios han tenido un rol activo durante ya los casi nueve años desde la muerte de Viviana Haeger. Digo activo porque el consumo de noticias respecto al caso ha estado siempre amarrada a una opinión firme respecto a lo que se supone que ocurrió. No me molesta tanto lo firme de las opiniones, como lo desinformadas que pueden llegar a ser. El libro trata de zanjar esos dos temas: informar del caso, pero también me parecía interesante pasarle un poco la cuenta a la audiencia del caso, por cómo consumió la historia todo este tiempo.

*

¿Y qué dice este caso sobre la ley chilena? Mauricio Duce (profesor titular de la Facultad de Derecho de la UDP) dice en el prólogo: “La justicia penal parece un torpe elefante en una cristalería de productos muy finos. Su capacidad para no romper más cosas que las que se arreglan es baja”.

Son dos frases bien iluminadas de Duce, estoy de acuerdo en ambas. Y son valientes teniendo en cuenta quién es él; ayudó a crear la reforma procesal penal. Más que de la ley chilena, habla mucho del sistema de persecución penal completo: policías, fiscales, defensores, abogados y jueces. Estamos, creo yo, en un buen zapato chino: tenemos una legislación de país desarrollado, con intención garantista en el mejor sentido de la palabra, con la que estoy de acuerdo, pero el levantamiento de pruebas es de país de tercer mundo. Una solución a eso, que, creo, no estoy seguro, fue lo que se hizo en los primeros años, fue que el sistema se subvencionara a sí mismo: o sea los jueces, fiscales y defensores entendían que nadie iba a ser condenado si no mostraban cierta flexibilidad, cierto rango, una especie de: “estamos partiendo, veamos en el camino”. El camino ya pasó y así estamos. Otra salida, obvia, sería capacitar a las policías, pero eso toma tiempo, no sé, diez, veinte años. ¿Qué hacemos entre medio para no continuar con la disociación entre ciudadanía y sistema judicial? ¿Nos subvencionamos un poquito más o nos tragamos más gente que creemos culpables en la calle? No tengo idea la solución, pero es un problema grave.

En un momento pasas de ser observador del caso a ser parte del proceso judicial. ¿Cómo se siente eso?

Se siente vergüenza. Yo, bien poco conectado con los tiempos, me siento un periodista mucho mas voyerista que exhibicionista. No creo que mi opinión tenga una validez especial, ni aspiro a influenciar a nadie. Nunca había escrito en primera persona, me daba pudor. Pero me vi en un punto que no había otra forma de contar la historia: si hasta estuve en la lista preliminar de testigos, cosa que felizmente no ocurrió. Extrañamente, estando así de expuesto termina haciendo todo más transparente: el lector sabe lo que piensa el narrador, sabe lo que hace, sabe de dónde sale la información, sabe que se equivoca y que lo corrige. Me hizo mucho más sentido que el narrador periodístico clásico, neutro, medio robótico, que cuenta las historias desde arriba.

*

“Con el derrumbe total —y sin vuelta, temo— de la industria de las revistas en Chile, queremos tener una plataforma independiente que les permita a los periodistas que escriben más largo”, dice Fluxá, quien, junto con el periodista Andrew Chernin, ajustan los primeros volúmenes de Tensa Calma, editorial cien por ciento dedicada a la no-ficción. “La idea es tener un lugar dónde publicar, guiados y acompañados por otros periodistas que conocen y tienen un método para completar el parto de hacer libros como este”.

¿Por qué titulaste el libro Usted Sabe Quién?

Es una frase del sicario que siempre me impactó mucho. Según relata él —no hay más testigos vivos de eso— cuando él va llevando a Viviana Haeger hacia el segundo piso de la casa para matarla, ella le pregunta que quién le había dicho que hiciera eso. Y él le responde: usted sabe quién. Me obsesioné con todo ese diálogo entre los dos. El sicario, siendo alguien más bien tosco, cuenta todo casi con ternura. Hay algo en eso; en decirle “usted sabe quién”, en vez de darle el nombre de su marido. Es como si fuera algo tan horrible —que un esposo mande a matar a su mujer—, que ni siquiera el sicario se atreve a decir el nombre.

¿Tuviste referentes literarios, musicales, cinematográficos, televisivos, para inspirarte (o incluso para samplear o remixear ideas) al escribir este libro?

Totalmente. Abruma tanto la idea de escribir un libro largo, que uno necesita buscar algo, no tanto para copiarlo, pero casi como acto de fe: alguien pudo hacerlo antes. Como lo que más me preocupaba era la estructura y la voz con qué narrarlo, traté de encontrar referentes para eso, pero Chile, que tiene una tradición bien sólida en libros de investigación periodística dura, sobre todo en la temática de dictadura, no hay mucho dónde mirar en estructura o narradores menos convencionales. En ese proceso Pablo Vergara, ex editor de The Clinic, me prestó Raval: del amor a los niños, de Arcadi Espada, que yo no había leído. Me lo llevé al sur, me sirvió mucho para convencerme que había otras formas, no pretenciosas, de narrar periodismo.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo