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Un disparo en la cuenta pública: cuando un nacista sacó su revólver en el Congreso

Un disparo en la cuenta pública: cuando un nacista sacó su revólver en el Congreso

Durante su último mensaje al país, con que Arturo Alessandri cerraba su segunda administración, el líder del Movimiento Nacional Socialista, Jorge González von Marées disparó un tiro al aire en medio de la sesión. No fue casual. Todo era parte de un plan en que el grupo pretendía generar las condiciones para aglutinar a la oposición al “León” e imponer a su propio candidato a la presidencia.

Pasadas las 19.00 horas de ese 21 de mayo de 1938, el diputado Jorge González von Marées se encerró con llave en una habitación del Congreso -ubicado entonces en la calle Compañía, en Santiago-. Cansado, con una rodilla dislocada, y acompañado de su esposa, el “Jefe” del nacismo chileno -sí, con “c”- quería evitar su detención por parte de los agentes de Investigaciones que le buscaban por el edificio. De pronto, un grupo de policías derribó la puerta y, liderados por el prefecto Óscar Peluchonneau, le exigieron su entrega. González, rendido, aceptó ir con ellos. El motivo: disparar un tiro de revólver en la cuenta pública que ese día, el Presidente Arturo Alessandri Palma, dio al Congreso pleno.

Eran días tensos para la política chilena. Por entonces ya estaban sobre la mesa los nombres de quienes disputarían la elección presidencial, fijada para octubre de ese año. El oficialismo presentaba a Gustavo Ross Santa María, el parco ministro de Hacienda apodado el “mago de las finanzas”, a quien se le atribuía el crédito por reordenar la economía tras las desastrosas consecuencias de la Gran Depresión. En su momento, la Liga de las Naciones (la actual ONU) describió a Chile como el país más golpeado por la dicha crisis.

Por su lado, en la oposición había dos candidatos. Uno era el abogado y profesor Pedro Aguirre Cerda, “Don Tinto”, quien era apoyado por radicales, comunistas y socialistas, agrupados en el naciente Frente Popular, que buscaba aglutinar a las fuerzas de izquierda. El otro, era un viejo conocido: el expresidente Carlos Ibáñez del Campo, rival enconado de Alessandri, quien era apoyado por el Movimiento Nacional Socialista (MNS), los nacis chilenos, liderados por el “Jefe”, Jorge González von Marées.

“El concepto nazi, en alemán viene de Nationalsozialistische, por eso es con ‘z’, pero acá, ellos le ponen la ‘c’ para darle el carácter criollo, por el concepto de nacionalismo”, explica a Culto el escritor Carlos Basso, quien ha estudiado la historia del movimiento en Chile y ha publicado textos como América Nazi (2014, Aguilar) y la ucronía República Nazi de Chile (2019, Suma).

Respecto a la figura del líder, el escritor y periodista Emiliano Valenzuela, autor del libro La generación fusilada (2017, Editorial Universitaria), esboza algunos datos para perfilarlo. “Era mitad chileno y mitad alemán, vivió parte de su infancia en Alemania. Tenía experiencia social en escuelas nocturnas, era un gran orador, fue alcalde de Ñuñoa, y en los años 20’ integró una sociedad secreta nacionalista para complotar contra Alessandri, cuando era más populista”.

Fundado en 1932, en la oficina de González en calle Agustinas, el nacismo reunió en su seno a universitarios, profesionales de familias acomodadas y jóvenes de clase media. “Su génesis fue primeramente el anticomunismo arraigado en un amplio sector de la sociedad chilena”, detalla Valenzuela en su libro mencionado, el que desentraña la historia de la agrupación.

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“El MNS tuvo un tránsito político muy llamativo”, explica Carlos Basso. “Comienzan siendo muy afines al nazismo alemán, aunque tenían puntos de divergencia con él; planteaban que los chilenos éramos una suerte de etnia distinta. Una idea que nace en función de Nicolás Palacios, quien en su libro Raza Chilena, plantea que somos ‘gótico-araucanos’. González toma esas ideas, más cosas que ve de afuera, como en Italia o Portugal. Pero hacia 1937 habían empezado a dar un viraje hacia la izquierda”.

“En ese momento, ellos empezaron como a renegar de su pasado fascista y se vuelven opositores a Alessandri”, explica Valenzuela. Al respecto, en su libro cita un discurso de González que resulta elocuente: “No podemos dejar de ver que en la izquierda, en su gran mayoría, persigue un ideal que también es nuestro, cuál es el de que el pueblo obtenga la justicia que el régimen le niega […] seremos por tanto de oposición”.

Pero también había elementos prácticos tras esa decisión. Según Valenzuela, la elección parlamentaria de 1937 dio a los nacistas solo tres diputados, un resultado que estuvo muy por debajo de sus expectativas. En la ocasión fueron elegidos el mismo González von Marées, Gustavo Vargas Molinare y Gustavo Guarello Fitz-Henry (abuelo del periodista Juan Cristóbal Guarello). Desde sus escaños, los nacistas lanzaban duras acusaciones al gobierno, en particular al ministro Ross, y a otros personeros del gabinete –e incluso al comandante en jefe del Ejército, Óscar Novoa- a quienes acusaban de ser partícipes de diversas situaciones irregulares.

Todo ello era sostenido en manifestaciones callejeras, desfiles y concentraciones que fueron duramente reprimidas desde el Ejecutivo. No era casual, pues en el MNS contaban con experiencia en disputar presencia en las calles gracias a las Tropas Nacistas de Asalto que constantemente se involucraban en reyertas, especialmente contra las Milicias Socialistas. “Hay una cantidad importante de víctimas fatales desde el año 32’ hasta el 37’. Las disputas habitualmente se producían por la venta de periódicos”, detalla Basso.

Por el contrario, la actividad legislativa había permitido que socialistas y comunistas aumentaran su poder dentro del Frente Popular. Por ello, de cara a las presidenciales del año siguiente, quedaban, sin duda, mejor aspectados. Entonces los nacistas entendieron que necesitaban posicionarse en un sector que les permitiera generar alianzas y ampliar sus bases sociales de apoyo.

“Ahí comienzan un plan para aunar en torno a sí a la oposición y levantar a Ibáñez como el candidato del bloque, lo cual era una locura porque Alessandri jamás iba a permitir que su mayor enemigo fuera su sucesor”, agrega Valenzuela. Ese sería el prefacio de los acontecimientos del 21 de mayo de 1938.

Nacis chilenos. Archivo de Emiliano Valenzuela.

Un petardo en una palmera y un disparo en el Congreso

Según detalla Emiliano Valenzuela en su texto, el plan consistía en “acusar a agentes provocadores de intentar boicotear la cuenta anual del Presidente para dar motivo a la fuerza policial de actuar contra la oposición. Esto crearía un clima de tensión en el interior del Congreso, donde Jorge González continuaría la estrategia provocando un escándalo para motivar el ataque de la fuerza pública en su contra”.

La crispación del ambiente político había aumentado a consecuencia de un inesperado incidente. Ocurrió que un emisario del Frente Popular, Mario Bunster, concurrió a La Moneda, para solicitar al Mandatario que recibiera en audiencia a todos los diputados del bloque, quienes demandaban mayores garantías para el desarrollo de la campaña electoral.

Sin embargo, el “León de Tarapacá”, manifestó que en ningún caso los recibiría a todos, solo a una comisión, “siempre que no formaran parte de ella algunos de aquellos que me habían injuriado y ofendido personal y gravemente”, cuenta en sus memorias tituladas Recuerdos de gobierno. Aunque su interlocutor insistió, el Presidente estaba muy ofuscado y sin más, despachó con viento fresco a Bunster. “Le dije que habíamos terminado, que no siguiera molestándome y que se retirara”, agrega en su relato.

La negativa de Alessandri provocó un esperado enfado entre los congresistas del Frente, quienes prepararon un escrito en repudio a su persona, el que sería leído por el diputado radical Gabriel González Videla, en el inicio de la ceremonia de la cuenta pública. Previendo posibles desmanes, el Jefe de Estado ordenó a la Intendencia que dispusiera un fuerte operativo de seguridad el día en que debía concurrir al Congreso para el último mensaje al país de su administración.

Pero los nacistas ya habían puesto en marcha su plan. Días antes, entre el 13 y el 14 de mayo instalaron un petardo en una palmera que debía estallar a la llegada del “León” a la sede del Legislativo. A cargo del operativo, el MNS designó a Óscar Jiménez, quien posteriormente fue ministro en los gobiernos de Carlos Ibáñez del Campo y Salvador Allende. Además, fue el padre de la exministra de educación Mónica Jiménez de la Jara, recordada por el incidente en que la estudiante María Música Sepúlveda le arrojó agua en el rostro.

Según Valenzuela, ese 21 de mayo, a eso de las 15.00 horas, tras el desfile de los cadetes de la Escuela Militar y las restantes escuelas matrices, Alessandri, vestido con riguroso frac negro, llegó en la carroza Daumont al edificio de calle Compañía. Bajó del vehículo, y caminó hacia la entrada principal flanqueado por un contingente de carabineros y agentes de investigaciones, mientras saludaba a las distintas delegaciones que le esperaban (ese momento es el que se ve en la foto principal cortesía del archivo de Valenzuela). A los pocos minutos, con expresión serena en el rostro, ya estaba sentado en su puesto en el salón de honor.

En ese momento, detalla el autor, por encargo de Jiménez el nacista Hernán Lavanderos apretó el botón del control remoto que escondía en su abrigo, el que hizo estallar el petardo. De inmediato se produjo el caos. Los encargados de seguridad, algunos asistentes y los periodistas, corrieron hacia el jardín. La gente se alborotó, comenzaron los gritos, los cadetes rompieron su formación y los carabineros, sin saber mucho que hacer, comenzaron a repartir lumazos al público congregado afuera del recinto. Lavanderos fue detenido.

Dentro del Congreso, la situación no era más tranquila. Antes de la llegada de Alessandri, el diputado González Videla había hecho llegar al presidente del Senado, Miguel Cruchaga, el escrito que habían preparado en rechazo a la presencia del mandatario, a fin de que fuese leído al empezar la ceremonia. Sin embargo, este lo ignoró y de inmediato ofreció la palabra al “León” para que iniciara la cuenta pública. Ello provocó la airada reacción del serenense, quien se levantó, y junto a los congresistas del Frente Popular, abandonaron la sala en medio de los abucheos y gritos de los parlamentarios de derecha y simpatizantes del Presidente.

De acuerdo al relato de Valenzuela, casi de inmediato los efectivos de carabineros se lanzaron contra algunos de los congresistas que abandonaban el edificio, ocasionando una gresca en la puerta que da hacia la calle Catedral. En ese momento, según detalla en sus memorias el exmandatario, fue cuando actuó González.

“Increpaba a los que se retiraban con epítetos y palabras insultantes contra el Presidente de la República, pidiendo a gritos que no salieran para interrumpir e impedir a viva fuerza que yo hablara (…) algunos parlamentarios adictos al gobierno, rodearon a González von Marées protestando de su actitud grosera y ofensiva, circunstancia que él aprovechó para aumentar el desorden, disparando un balazo en dirección a la mesa del Congreso donde yo había tomado asiento”.

Sin embargo, en el periódico del MNS, Trabajo, se detalla una versión distinta de los hechos, aunque coherente con su plan de acción. “El diputado Jorge González, que salía el último del recinto era agredido de hecho (…) mientras se le lanzaban encima, golpeándolo como diez diputados derechistas (…) viéndose el diputado nacista enteramente cercado y víctima de un cobarde cuadrillazo, sacó su pistola y disparó en defensa propia un tiro al aire para amedrentarlos”.

Apenas sonó el tiro, la tensión alcanzó un punto máximo. Detalla Valenzuela que González fue reducido personalmente por el General Director de Carabineros, Humberto Arriagada, cayendo con violencia al suelo, lo que le ocasionó una lesión en la rodilla. “Fue agredido a puntapiés por diputados de derecha, policías y agentes de Investigaciones, dos de los cuales desenfundaron sus pistolas apuntándole”, relata el escritor. Curiosamente, a favor del “Jefe”, intervinieron dos hijos del mandatario, Eduardo y Mario, básicamente para que este no fuera masacrado en el lugar.

En el acto, la policía uniformada intentó detener al líder nacista, pero el resto de los congresistas del Frente, de comunistas a radicales, con González Videla a la cabeza, lo defendieron alegando que no se podía violar su fuero parlamentario. Por ello lo dejaron en paz, de momento.

Todo cambió horas más tarde cuando el prefecto de Investigaciones, Óscar Peluchonneau –quien años después participaría en la persecución de Pablo Neruda cuando este fue desaforado-, se apersonó en el lugar blandiendo una orden de detención, que según detalla Alessandri, fue extendida por el ministro a cargo del caso, Manuel Montero, a partir de una comunicación que el presidente del Senado, Miguel Cruchaga, había enviado a Tribunales. Allí fue cuando derribaron la puerta del salón en que se había refugiado González, y se lo llevaron.

Tras constatar lesiones y comparecer ante la Corte de Apelaciones, la que abrió una investigación, González fue puesto en libertad la tarde del 22 de mayo.

Una matanza en ciernes

Jorge González von Marées. Archivo de Emiliano Valenzuela.

En el balance, los nacistas consiguieron aglutinar el descontento de la oposición, a partir de los incidentes de la cuenta pública, aunque con una salvedad. “Al día siguiente hay una convención en que están todos los partidos, los grupos Ibañistas, los del Frente y crean una unión parcial. Pero, los frentistas no transan a su candidato, Pedro Aguirre Cerda, entonces eso se disuelve. Por eso, al final los que apoyaban a Ibáñez crean la Alianza Popular Libertadora, que aunaba mucha gente. Ahí se fragua lo que pasa después en el Seguro Obrero”, detalla Valenzuela a Culto.

Carlos Basso analiza las proyecciones que tuvo el suceso del disparo para el líder del MNS. “Ese incidente tuvo una trascendencia bastante dañina para González, porque a ojos de mucha gente, quedó como un sujeto agresivo, violento. Todo eso son antecedentes que van desembocando en lo que ocurre en septiembre con la matanza en el Seguro Obrero. Son anticipos de la tragedia”.

Valenzuela complementa la proyección de Basso a partir de la sumatoria de elementos en juego. “Todos los funcionarios que en un momento fueron aludidos o acusados por los nacistas de alguna forma participan en la matanza. Ahí hay un claro desquite hacia los miembros del movimiento. No solamente los fusilan, se ensañan con los cuerpos, los tiran por las escaleras, les cortan los dedos para quitarles los anillos, les roban los relojes. Fue una revancha”, asegura.

En los sucesos del Seguro Obrero -en que hoy se encuentra el Ministerio de Justicia- murieron sesenta jóvenes nacistas al intentar un golpe de estado a fin de derrocar al gobierno de Alessandri. La intentona fue reprimida a tiros por carabineros, decisión que de alguna forma se achacó al mandatario. Tras ello, González se entregó a la justicia, e Ibáñez bajó su candidatura, lo que acabó, indirectamente por favorecer a la de Pedro Aguirre Cerda, quien finalmente se impuso a Ross en los comicios. De todas formas, el “Jefe” fue indultado por “Don Tinto”.

Años después, el MNS pasaría a llamarse Vanguardia Popular Socialista, cuya actividad menguó tras la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Un par de complots, una pasada por el manicomio y hasta una afiliación al Partido Liberal, marcaron el final de la carrera política de González, quien se retiró cuando los liberales hicieron algo, a vista de su historia, imperdonable: apoyar la candidatura presidencial de Jorge Alessandri Rodríguez, el hijo del “León”. Hay cosas que nunca se olvidan.

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln