Culto
Las desconocidas noches de David Bowie en Tailandia

Las desconocidas noches de David Bowie en Tailandia

Como parte de la gira promocional del exitoso Let's Dance, el "Duque Blanco" se permitió visitar lugares a los que no había ido a tocar. Renunciando a parte de la tarifa habitual que cobraba por concierto -un millón de dólares-, el músico recaló en Bangkok y disfrutó la ciudad como un turista más. Navegó, estuvo en clubes y hasta recibió una curiosa bendición.

Un hombre toma un cántaro con agua. Bebe un sorbo y luego procede a escupir ráfagas sobre el rostro y los brazos de quien tiene al frente, quien es nada menos que David Bowie. Lo que podría haber sido tomado como insulto, en rigor es una bendición y el blondo músico recibe la saliva de buena gana. Es que no era para menos. Es diciembre de 1983, y la acuosa jornada era parte de su periplo por la ciudad de Bangkok, a la que llegó para ofrecer un concierto, el primero de su carrera.

Bowie en esos días era una estrella. Aún saboreaba el éxito del álbum Let’s dance, que le había dado un número uno en Estados Unidos y en varios países del orbe gracias a su sonido bailable y optimista que le traía a la música pop tras los años más experimentales de la “trilogía de Berlín” de finales de los setentas. De hecho, la placa fue la segunda más vendida ese año, solo superada por ese golpe al mentón que fue Trhiller, de Michael Jackson.

El éxito del elepé se sustentó en sencillos promocionales como “China Girl”, un cover de la canción grabada originalmente por Iggy Pop incluida en el álbum The Idiot -el último que, dicen, escuchó Ian Curtis antes de suicidarse-. Además de “Modern Love” y el tema que dio nombre el largaduración.

Lee también: Let’s dance: cuando David Bowie se puso optimista

Pero además, la placa ofreció al “Camaleón” la posibilidad de explorar en otro formato emergente y que tanto él como el “Rey del pop”, lograron comprender en todo su potencial: el videoclip. Tanto el de “China Girl” -que incluyó breve affair del “Duque blanco” con la protagonista, la modelo china Geeling Ng- como el de la canción homónima se rodaron bajo el sol autraliano, en un verano en que Bowie aprovechó para estar al tanto de los detalles. Mientras, dejó en casa a su escudero, el guitarrista Carlos Alomar, para que sometiera a una intensa preparación a la banda que le acompañaría en la inminente gira promocional.

Eran días en que un platinado Bowie se codeaba con celebridades y aparecía en los periódicos. Ya había rodado la película El Ansia, y un par más, por las que no siempre obtuvo buenas críticas, pero no le importaron. “Su estatus de estrella lo confirmó una aparición estelar en compañía de Nagisa Oshima y Ryuichi Sakamoto en el Festival de Cannes en el mes de mayo para promocionar Feliz Navidad, Mr. Lawrence; bronceado, con una masa de algodón rubio como peinado, estuvo bromeando con naturalidad con la prensa que le rendía pleitesía y alternando con desenvoltura la humildad y el rigor intelectual”, detalla en la biografía Starman (2010, Alba Editorial) , Paul Trynka.

En lo musical, Bowie quería que la gira fuese en grande. Serious Moonlight, su nombre, tendría nada menos que 96 conciertos, visitaría 16 países y vendería más de dos millones y medio de entradas. La banda que se embarcaría, liderada por Alomar, era la que había grabado el disco, que incluía al bluesman texano y prodigio de la guitarra, Steve Ray Vaughan-con quien finalmente se peleó- más una sección de metales.

“A comienzos de las década de los ochenta, la única gira comparable fue Tatoo You, de los [Rolling] Stones en 1981, que ingresó más dinero en taquilla pero que se limitó a Estados Unidos y Europa. Los conciertos de los Stones eran un recordatorio de los buenos tiempos e incluían una serie de canciones que tenían más de una década de antigüedad. Por el contrario, Serious Moonlight fue una muestra de Bowie en su momento de mayor esplendor”, detalla Tryka en el volumen mencionado.

Bowie en Tailandia

Un “Camaleón” suelto por Tailandia

Fue en ese momento que apareció en escena Wasana Wirachartplee, una DJ tailandesa, muy fanática de Bowie y ejecutiva de Nite Spot Productions, quuien incluso había viajado a Alemania para verlo. Cuando supo de la nueva gira, se planteó una idea descabellada: llevar a “Starman” por primera vez a Tailandia.

Pero no sería una tarea sencilla. Por cada concierto el músico cobraba, limpios, nada menos que un millón de dólares. Una cifra, que para el país asiático estaba muy lejos de lo que se podían permitir pagar. “Era imposible para nosotros. Nunca soñamos con llevarlo a Bangkok “, cuenta a Farout Magazine, Amporn Chakkaphak, quien ahora es el director general de las compañías de producción Pisces Music y Boy Thai Band. “En promedio, podríamos permitirnos pagar entre $ 50,000 y $ 100,000 por espectáculo”.

Pero a veces, como reza la canción, los caminos de la vida no son lo que imaginaba, y un día, sin más, el equipo de producción de Bowie, se contactó con la gente de Nite Spot. Querían tocar allí. “Les dijimos que no podíamos permitirnos eso. Pero la gente de Bowie nos dijo que aceptarían el recorte salarial. Acabamos de proporcionarles apoyo logístico, como el alojamiento y el lugar. Estábamos emocionados”. Tocarían en Bangkok, y por una tarifa menor a la acostumbrada.

Sucedió que Bowie estaba deseoso de cambiar de aire y conocer nuevos lugares, por lo que el interés de Wasana justo se cruzó con el interés del músico. Tras una rápida negociación, los organizadores locales comenzaron una frenética búsqueda de toda clase de lugares y equipos para estar a la altura. “Un hombre tan sabio con una mente filosófica, fue sensato y muy educado en persona”, recordó Wirachartplee sobre los momentos que pudo compartir con su ídolo.

El tres de diciembre, el artista arribó a la capital de Tailandia junto a su equipo. La organización le tenía una añosa limusina para sus desplazamientos por la ciudad. El “duque” no perdió el tiempo y se lanzó a conocer el país. Recorrió mercados, se coló en un club de Strippers, abordó una barcaza para recorrer el río Chao Phraya, probó la comida local, fue a visitar a una suerte de sacerdote budista -quien le escupió- y se sacó un montón de fotografías. Los detalles de la organización del concierto se los delegó a los suyos. Él simplemente disfrutó como un turista.

Lo pasó tan bien, que el día del concierto, el cinco de diciembre, Bowie volvió a salió a recorrer la ciudad y en eso gastó el tiempo. Demoró tanto, que solo llegó al Thai Army Stadium encima de la hora, tras abordar un taxi. El relajo y los días de asueto del circo de la fama le habían sentado bien. Tanto que no le importó que el recinto estuviera a medio llenar, aunque entre los asistentes estuviera la familia real en pleno, según cuenta Trynka. Curiosamente cuando tocó en Inglaterra en el palco estuvo parte de la realeza, en Australia lo fue a ver el Primer Ministro, y en Los Angeles, estuvo en el estadio el mismísimo Michael Jackson junto a otros rostros de Hollywood. Es que Bowie, a esas alturas, se codeaba solo con estrellas.

Según setlist fm, esa noche el repertorio fue más bien de grandes éxitos. Solo cantó tres temas de Let’s Dance: “Modern love” -con la que cerró-, “Cat People (Putting Out Fire)” y la que da nombre a la placa. Además cantó algunas piezas como “Fame”, “Ashes to Ashes”, “Rebel Rebel”, “Heroes”, “Life in Mars?”, “The Jean Genie”, entre otras. Posteriormente tomó el vuelo a Hong Kong donde ofreció tres conciertos.

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln