Culto
Harper Lee, reportera del crimen

Harper Lee, reportera del crimen

A la manera de A sangre fría, en 1977 la célebre autora de Matar a un ruiseñor investigó un asesinato que concentró la atención de la prensa en EEUU. Con el tiempo, el proyecto se diluyó en el olvido. Un nuevo libro rescata esta historia.

Cuando la escritora Harper Lee leyó la noticia, sintió que se abría un libro ante ella. El 16 de junio de 1977, en una capilla rural de Alabama, el reverendo afroamericano Willie Maxwell recibió tres disparos en la cabeza, ante 300 personas y después de dar el responso fúnebre a su hijastra de 16 años. La adolescente había muerto violentamente la semana anterior, y las sospechas recaían de modo excluyente en el predicador: en los últimos ocho años, Maxwell había visto la muerte de numerosos familiares en circunstancias extrañas, y coincidentemente todos estaban cubiertos por seguros que lo tenían a él como gran beneficiario.

El caso convocó la atención de la prensa y sacó a Harper Lee del silencio en el que se había refugiado desde la publicación de su primera novela, Matar a un ruiseñor.

Publicada en 1960, la novela fue un abrumador éxito de crítica y de ventas. Ganó el Pulitzer y llegó al cine con Gregory Peck en el rol del abogado que defiende a un trabajador afroamericano injustamente acusado de violación. La película le daría un Oscar al actor y llevaría al libro a la cima de la popularidad en Estados Unidos. Pero el éxito no le sentó bien a la autora nacida en Alabama en 1926. Por esos días le dijo a un reportero: “Quiero desaparecer”.

De manera silenciosa, en los siguientes años Harper Lee puso sus esfuerzos en volverse invisible. Arrendaba un modesto departamento en el Upper East Side de Nueva York, del que eventualmente salía para quedarse en casa de su hermana, en Monroeville, Alabama. Vivía frugalmente, evitaba las entrevistas y los eventos literarios, y en forma progresiva se apoyó en el alcohol para enfrentar la soledad.

A sus cercanos les preocupaba su fragilidad emocional, así como a la prensa y a los lectores les intrigaba su producción literaria. Pero nadie sabía en qué estaba: si Harper Lee desarrollaba un proyecto narrativo, era un misterio.

Sin embargo, 17 años después de su primera novela, la historia del reverendo baleado en el funeral, despertó su interés.

En la última década, la muerte había rondado sospechosamente a Willie Maxwell: dos esposas, un hermano, un sobrino y su hijastra murieron en oscuros accidentes. Mientras él cobraba el dinero asociado a los seguros, en el pueblo se propagó la idea de que era culpable. El hombre que le disparó y que era tío de la niña, estaba convencido de ello.

A Harper Lee le atraían los crímenes: 20 años antes apoyó a Truman Capote durante la investigación de A sangre fría, y no se sintió reconocida cuando el libro fue publicado.

Así, en 1977, cuando comenzó el juicio por el asesinato de Willie Maxwell, entre la multitud de periodistas y vecinos se encontraba la escritora más célebre de Alabama. Harper Lee se instaló un año en el pueblo, Alexander City, entrevistó a policías, testigos y familiares. Pero pasaron los años, y el proyecto desapareció en el silencio.

Durante décadas después del juicio, “el misterio fue en qué se convirtió el libro de Harper Lee”, escribe la periodista Casey Cep en Furious Hours: murder, fraud and the last trial of Harper Lee (Penguin Random House, 2019), libro recién publicado en EEUU y que recrea esta historia.

El volumen ha logrado una entusiasta recepción crítica y es señalado como uno de los títulos notables de la temporada.

Inescrutable

La investigación de Harper Lee se titulaba tentativamente El reverendo. En su reporteo, Casey Cep dio con una maleta con recortes y documentos que el abogado del predicador facilitó a la escritora. En su interior encontró también notas y cuatro páginas que podrían formar parte del primer capítulo.

Furios Hours narra la historia del reverendo Maxwell, de su abogado, la pesquisa de Harper Lee, y entrega pruebas elocuentes de que si la escritora no prosperó, no fue por falta de material.

Nacido en la Alabama rural en 1925, Maxwell sirvió en una base de aviación durante la Segunda Guerra Mundial, y a su término condujo camiones para el ejército. Se retiró con una medalla por buena conducta. Mientras ejercía una variedad de oficios, se convirtió en predicador bautista.

En 1970, la policía encontró a su esposa muerta en su auto, abandonado en un camino. Tenía el rostro desfigurado a golpes. Por entonces, Maxwell estaba acosado por deudas, pero había tomado un seguro a nombre de ella. Fue llevado a juicio, pero la principal testigo en su contra se convirtió en su segunda esposa. Así, ella cambió su testimonio y él quedó libre. Precavido como era, Maxwell tomó otro seguro a nombre de su nueva mujer; ella también murió en un auto.

El predicador contrató numerosas pólizas en los siguientes años.Hasta el día de su asesinato, Maxwell había participado en cinco funerales vinculados a su familia. Curiosamente, cada vez fue liberado gracias a un abogado que luego defendió a su asesino, quien quedó libre por locura temporal.

Los detalles de la investigación tenían muy entusiasmada a Harper Lee. Tanto que se atrevió a hablar de su nuevo libro con su editor y con Gregory Peck, a quien le aseguró que pronto tendría un nuevo rol para él. Pero nadie vio una página escrita. Soltera y sin hjos, a su muerte sus bienes, archivos y derechos fueron asignados a un fideicomiso de carácter reservado. Se desconoce si efectivamente dejó material inédito.

¿Por qué Harper Lee no pudo darle forma a esta historia?

“Hay una tremenda cantidad de su vida interior que permanece en el misterio incluso para aquellos que la conocían mejor. Ella era sumamente reservada”, dijo Casey Cep a The New York Times. Pero la periodista no pierde las esperanzas: “Las personas que vivían a su alrededor en el Upper East Side oyeron la máquina de escribir a toda hora del día y de la noche”.



Furious Hours: murder, fraud and the last trial of Harper Lee
Casey Cap
336 páginas

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