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Negocio redondo: la piratería del libro en Chile

Negocio redondo: la piratería del libro en Chile

Este año se han incautado casi 8 mil copias ilegales, cantidad similar a la decomisada por la PDI en 2018. Los libros de Jorge Baradit lideran las obras más falsificadas. El gremio editor no cuenta con un plan conjunto para enfrentar el problema.

El escritor Jorge Baradit (49) camina por el Paseo Ahumada. A unas cuadras, en el suelo, vendedores ambulantes ofrecen libros piratas. En su mayoría, son los títulos más vendidos del momento. Entre esos volúmenes está Historia secreta de Chile. La trilogía aparecida en 2015 se ha transformado en un fenómeno editorial con más de 300 mil ejemplares facturados ($ 3 mil millones). En un momento, tres vendedores informales reconocen a Baradit. Uno dice: “Cacha, cacha, es el Baradit”. El segundo comenta: “¿Qué tanto viene a sapear ese loco?”. Y el tercero enfrenta al autor y le grita: “¡Tu libro ya ni se vende, anda a escribir otro que necesito cambiar la tele!”.

La situación que vivió el narrador chileno, que él mismo cuenta y cuyas obras son las más falsificadas en los últimos tres años, según cifras de incautación de la PDI, no es inusual. Es más, grafica el problema.

Un lugar que se reitera como punto de venta de libros falsificados, además del Paseo Ahumada en Santiago, es el sector de locales en la vereda de calle San Diego, casi al llegar a la Alameda. En aquellas cuadras el propio Baradit es uno de los más requeridos.

¿A qué obedece este fenómeno? ¿Son caros los libros en Chile? ¿Es el 19% del IVA al libro una barrera para adquirir literatura legalmente? ¿Cuáles son los autores más pirateados del mercado?

Según la última Encuesta de Comportamiento Lector (2014), el 63% de la población prefiere, en su tiempo libre, ver televisión, luego un 46% opta por escuchar radio o música. Recién en el séptimo lugar, los chilenos dijeron que eligen “leer libros” en su tiempo libre, con un 16%.

El precio promedio de una copia pirata es de $ 4 mil. Los títulos de Historia secreta de Chile, editado por Sudamericana, del grupo Penguin Random House, cuestan $ 10 mil cada uno. Hoy los ejemplares falsos de Baradit se ofrecen a $ 3 mil cada uno; dos por $ 5 mil y los cuatro, o sea, la trilogía más La dictadura (2018) a $ 10 mil. El pack significa que, por el precio de un libro legal, se puede llevar 4 libros falsificados.

“Es un error considerar a la piratería como una forma de justicia social”, comenta Baradit. “La verdad es que el empresario pirata es un explotador que no le paga a nadie por su trabajo, ni al escritor, editor, corrector, ilustrador, diseñador… Además, mantiene a un vendedor precarizado en la calle expuesto a la detención por delito”, agrega.

Una investigación internacional de 600 páginas, que hace un mes llegó a librerías y aún está en los rankings de las obras más vendidas, es Sodoma (Roca), de Frederic Martel. Su precio de venta es de $ 16 mil. La copia ilegal está en el mercado a $ 5 mil.

Un longseller que no puede faltar en la mercadería de un vendedor de libros ilegales es la saga de novelas fantásticas de Harry Potter, de J. K. Rowling. Cada volumen pirata cuesta $ 4 mil. En librerías, los ejemplares editados por el sello Salamandra valen $ 12 mil.

En lo que va de este año, la Bridepi (Brigada Investigadora de Delitos de Propiedad Intelectual), de la PDI, ha incautado en el país más de 7.600 libros piratas. La cantidad es similar a la decomisada durante todo el 2018, que ascendió a 8.338 títulos.

“En lo que va del año, llevamos unas 5 o 6 querellas, mientras que también hemos presentado otras 5 o 6 denuncias escritas directamente en la Bridepi (PDI) o en el Ministerio Público, con el fin de dar inicio a la investigación”, señala Hernán Torres, abogado y jefe de asuntos legales de la editorial Penguin Random House.

Un 40% del total de libros pirateados corresponde a títulos de este grupo editorial, el con mayor presencia en el mercado local. Le sigue con un 30% el grupo Planeta, que mantiene en su catálogo las obras de autores nacionales como Francisco Ortega, José Maza y Pilar Sordo, así como la colección de cómic Gravity Falls. Todos han pasado por la imprenta pirata.

“Yo no firmo libros piratas, los tiro para un lado y explico que eso es un robo y que no voy a autentificar un robo”, dice el astrónomo José Maza, quien ha vendido 70 mil copias con sus libros Somos polvo de estrellas (2017), Marte (2018) y Eclipses (2019). “Los castigos para la piratería son ridículos. Si la policía quisiera podría llegar a las imprentas. Yo tengo dos versiones piratas de mi libro”, agrega el Premio Nacional de Ciencias 1999.

¿A cuánto asciende la pérdida económica anual por concepto de piratería? En países vecinos como Perú, la industria ilegal mueve al año unos 150 millones de soles ($ 30 mil millones), según la Cámara Peruana del Libro. En Argentina, las pérdidas anuales fluctúan entre los US$ 150 y 200 millones, según la Cámara Argentina del Libro. En nuestro país “lamentablemente hoy no disponemos de cifras actualizadas que responsablemente pudiéramos entregar”, señala Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro.

Lo que sabemos es que en relación a un libro original de un precio promedio de $ 12.000, al falsificador le cuesta $ 600 la producción (papel, tinta, impresión). Ya con el libro pirata en mano, lo vende a $ 1.500. Luego, la venta a público quedará en $ 4.000.

El escritor Jorge Baradit.

Bestsellers a la calle

La lista de los autores chilenos más pirateados, en el período 2017 y 2019, la integran Jorge Baradit, Isabel Allende, José Maza, Hernán Rivera Letelier, Francisco Ortega y Pablo Simonetti (ver infografía).

“La piratería es nefasta. Quienes participan de ella se enriquecen a partir de la inspiración, el esfuerzo, la dedicación y el rigor de otros. De toda la cadena de elaboración de un libro, el eslabón más vulnerable es el escritor”, comenta Pablo Simonetti, cuya novela Madre que estás en los cielos (2004) es un hit de la cuneta. “En Chile jamás ha existido una política pública que permita enfrentar este problema y no entiendo muy bien qué intereses podría tener el poder político como para proteger a una banda de ladrones”, añade.

El ranking internacional de libros piratas lo lidera Edith Eger con su testimonio La bailarina de Auschwitz. En ventas legales ha facturado 20 mil copias (equivalente a $ 298 millones).

En la lista pirata continúa el escritor Paulo Coelho con El alquimista (1988) y Hippie (2018). Después sigue Los amantes de Praga, de Alyson Richman; Origen, de Dan Brown; Bajo la luna de Hawái, de Barbara Wood y Harry Potter, de JK Rowling.

En calle San Diego, incluso afuera de las oficinas de editorial Océano, que ha distribuido durante años los libros de la saga del joven mago, se venden los Harry Potter falsificados.

“Creemos que el daño ocasionado al rubro editorial es irremediable en el corto plazo, sin una política efectiva de control y fiscalización es imposible erradicarla”, dice Daniel Rodríguez, gerente comercial de editorial Océano. “Si bien participamos como socios de la Cámara Chilena del Libro, hoy no existe un plan en conjunto con acciones legales para combatir la piratería”, agrega.

El subprefecto Marco León, jefe de la Brigada de Delitos de Propiedad Intelectual (Bridepi), de la PDI, conoce el negocio de la piratería. De entrada dice que “la condena es muy baja y en su mayoría son pagos de multa, y el valor de la multa va en directa relación con lo incautado. Por lo general las mismas personas que cometen los delitos son reincidentes, ya que este es un negocio muy lucrativo”.

Las multas deberían fluctuar, dependiendo del monto del perjuicio, entre 5 UTM ($ 241.500) y 1.000 UTM (más de $ 48 millones), hasta penas de cárcel. Pero “cuando se produce la incautación, generalmente, no es todo el material. Es como los supermercados, que consideran esta merma mensual de pérdida, lo mismo los piratas”, agrega el detective, quien está al tanto que esta semana llega a librerías la última novela de Isabel Allende, Largo pétalo de mar (Plaza & Janés). También sabe que muy pronto la copia falsa del libro se ofrecerá en la calle.

“Hay muchas imprentas clandestinas que se dedican a la producción de bestsellers como los libros de Isabel Allende. Hoy están en boga los libros del señor Baradit. Lo que pasa que no están detectados todos los puntos porque las imprentas rápidamente distribuyen. Cada dos meses estamos en algún punto estratégico que nos va a significar unos 5 mil libros incautados”, señala Marco León y comenta que la PDI trabaja con las editoriales “que son las directas afectadas”.

Otros sectores de venta ilegal, en Santiago, son los alrededores de la Estación Central y las calles aledañas al Paseo Ahumada. “Actualmente hay una sofisticación en la elaboración. Hace 10 años el libro era de mala confección, se salían las hojas, o de la página 86 se saltaba a la 90, o las letras comenzaban a desaparecer porque se les acababa la tinta. Hoy los tipos han superado esa barrera. Incluso las portadas las hacen con un sistema offset de buena calidad”, señala, y como una mala broma cuenta que “hay personas que han ido a reclamar por un libro falso al Sernac”. A pesar de los avances, igualmente, los libros piratas son de mala calidad.

Para el jefe de la Bridepi, una de las soluciones al delito está en penas más severas. “El Congreso tendría que promulgar una condena más fuerte, este problema no solo afecta a la industria nacional, sino al Estado de Chile que deja de percibir impuestos. Mejorar la legislación sería una buena solución y realizar campañas”.

Marcelo Díaz, diputado PS, miembro de la comisión de Cultura del Congreso dice: “Yo no soy partidario de la piratería, pero creo que hay incentivos para que se pirateen los libros. Primero, el precio prohibitivo que los libros tienen en Chile, que tenemos el IVA más alto de América Latina. Y las multas no parecen ser un disuasivo… Quizá lo que falta es mayor fiscalización y bajar el impuesto del IVA del libro”.

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El IVA en otros países: de Japón al Reino Unido

En 1976 se instauró el IVA al libro en Chile, el más alto de Hispanoamérica. Según una encuesta de la Asociación Internacional de Editores y la Federación Europea de Editores de 2015, en países de América Latina como Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Colombia, Uruguay, Ecuador y México, estos mantienen un 0% de IVA al libro. El Reino Unido elaboró la política de acuerdo del precio fijo al libro hace más de un siglo (representa el 15,7%). En otros países el impuesto al libro es mucho más bajo que en Chile. Por ejemplo, EEUU 7%, Francia 5.5%, Japón 5%, España 4%, Italia 4% y Suiza 2%. El más alto es Dinamarca que aplica un IVA de un 25%. El promedio de IVA a los libros en el mundo es de un 5,75%.

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