Culto
La hora de la fotografía anónima

La hora de la fotografía anónima

Cada año el Museo de Bellas Artes invita al público a enviar fotos familiares, que reúne en la muestra Retratos de la Memoria.

La historia de la fotografía ha tenido una evolución de extremos. A inicios del siglo XIX, cuando recién se inventó el proceso para fijar la imagen de forma permanente, la fotografía era un bien de lujo y muy pocos tenían acceso a ella; hoy, en cambio, cualquier persona que tenga un teléfono móvil posee también una cámara en el bolsillo capaz de registrar el entorno cuando y donde quiera.

Lo lógico sería pensar que si todos pueden ser fotógrafos, cualquiera podría exhibir sus registros en un museo. Sin embargo, hoy el estatus que ha ganado la fotografía en las Bellas Artes suele excluir a los “fotógrafos por accidente”. En ese lapso en el que la fotografía se volvió tan cotidiana, pero igualmente desechable, muchas personas subestimaron el valor que podía tener un retrato familiar.

Hace ya 12 años, el Museo Nacional de Bellas Artes puso en marcha una inédita convocatoria nacional con la idea de rescatar ese patrimonio anónimo. Con el nombre de Retratos de la Memoria, la pinacoteca más importante del país hace un llamado cada mes de marzo para que quienes lo deseen hagan llegar sus fotografías familiares tomadas entre los años 1880 y 1980, con el fin de ser incorporadas a una exposición en el museo donde las imágenes cobran un nuevo valor.

Este año, la convocatoria se realizó en torno al tema de tradiciones y oficios populares y tendrá su gran inauguración el 26 de mayo, Día del Patrimonio y estará abierta hasta el 4 de agosto. Participaron cerca de 200 personas. “La convocatoria nació en 2007 y obedeció a un llamado de la Dibam para generar un espacio de participación a los adultos mayores”, cuenta Graciela Echiburu, coordinadora de Mediación y Educación del museo. “Se nos ocurrió invitarlos a que nos enviaran imágenes de sus antiguos álbumes, pero nos dimos cuenta de que la mayoría necesitaba ayuda para escanear las fotos, o llevarlas al museo, así que la actividad pasó a ser una instancia para toda la familia”, agrega.

Ejercicio nostálgico

Desde 2009 hasta ahora las convocatorias se han hecho en torno a temas como Vacaciones, moda y deportes; Infancia, bodas y celebraciones; Escolaridad y tiempo libre, etc. “Esta actividad le ha permitido al público generar vínculos con el museo y viceversa. Cerca del 30% de los que participan son reincidentes de otros años. En las inauguraciones las familias vienen a sacarse fotos con sus fotos expuestas y se han dado reencuentros producto de las fotos, son situaciones emotivas”, cuenta Echiburu.

Fue un artista venezolano, Claudio Perna, quien en 1979 hizo una pionera exposición donde recogió fotografías anónimas de venezolanos que presentó como propias, pero que luego pasaron a formar parte del Archivo de la Biblioteca Nacional de Venezuela, otorgándole valor artístico y patrimonial a las imágenes. En Chile, aunque las fotos de Retratos de la Memoria no formarán parte del acervo oficial del museo, sí quedan registradas en un catálogo y en el sitio web www.retratosdelamemoria.cl.

Para la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, el resultado es un ejercicio colectivo de nostalgia. “Testigos de un mundo análogo, en el que el tiempo se vivenciaba de una forma absolutamente distinta a la actual, estas fotografías que originalmente se apreciaron en papel, rememoran una existencia que se nos revela menos apremiante y más ingenua. Con nostalgia nos trasladan a un pasado que es tan íntimo y personal, como común y compartido”, dice.

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