Culto
Jon Snow (Aegon Targaryen): seré un buen perdedor

Jon Snow (Aegon Targaryen): seré un buen perdedor

Poco y nada importó que el bastardo de Ned Stark fuera en realidad el legítimo heredero. El final de Game of Thrones le restó importancia a un personaje que se construyó por siete temporadas.

Desde el primer episodio de Game of Thrones se dieron pistas del verdadero origen de Jon Snow. Presentado como el bastardo de Ned Stark, recibió un cachorro de lobo albino -como la melena de los Targaryen- cuando sus hermanos adoptaron lobeznos de una huargo fallecida en las cercanías de Winterfell.

Sin embargo, aquella pista era demasiado críptica aún. Hicieron falta siete temporadas para dejar en claro que Jon no era hijo ilegítimo de Ned Stark, sino que producto del amor entre Raeghar Targaryen y Lyanna Stark.

Jon Snow y Fantasma.

Su verdadera ascendencia suponía una de las líneas dramáticas más interesantes de la serie inspirada en la saga Canción de Hielo y Fuego, pues no solo implicaba una pugna de orden político entre Daenerys y Jon -dos personajes considerados ‘buenos’ para postular al trono-, también se convirtió en una suerte de telenovela cuando se involucraron sentimentalmente siendo tía y sobrino.

La ficción lo resolvió relativamente rápido cuando Sam y Bran le dijeron la verdad a Jon en el primer episodio de la octava temporada, y cuando Jon se lo hizo saber a Daenerys al capítulo siguiente. Y aún cuando se supo, se aceleró aún más este conflicto cuando Snow se mantuvo firme en su juramento a su reina, no solo por honor, también por amor.

Daenerys tuvo que desquiciarse y llegar al nivel de quemar una ciudad entera sacrificando a hombres, mujeres y niños inocentes, para que Jon entrara en razón. Se sacrificó por todos los pueblos que Daenerys pretendía seguir “liberando”, cuando tomó la daga y apuñaló a su amada, tomando en consideración que aquel acto significaba alta traición.

¿Su destino? Volver al inicio. Fue exiliado al muro, el lugar para los bastardos, desertores, prisioneros y traidores. Un final que no le hace justicia a un personaje que aprendió de honor, determinación liderazgo y amor verdadero. Tenía todo para ser un rey ejemplar, y aún con el título en sus manos, prefirió dejarlo de lado.

Jon Snow pensaba en todos, menos en sí mismo, pero fue quien recibió el mayor castigo.

Jon Snow y Ned Stark.

Game of Thrones nos presentó a Jon Snow como un joven bastardo que, aún recibiendo el cariño de su padre, Ned Stark, nunca se sintió como parte de la familia. Despreciado por su madrastra y visto con un rango inferior a los demás, decidió que su mejor destino era unirse a la Guardia Nocturna.

Pero de Ned aprendió la importancia del honor y a nobleza. Nada es más importante que cumplir con su palabra e intentar hacer lo correcto, algo que aplicaría hasta el final.

Sus días en el Muro reforzaron el entrenamiento de guerrero que adquirió al ser criado en una casa noble y le enseñaron otros valores. Se enfrentó a Allister Thorne -maestro de armas- al adoptar a Samwell Tarly como su protegido, y ganó la confianza de Jeor Mormont, el Lord Comandante a su llegaba a la Guardia Nocturna y el Maestre Aemon.

Adquiriendo cualidades como el liderazgo y la determinación, llegó a ser el nuevo Lord Comandante. Con la responsabilidad que implica aquel título, se despojó de los prejuicios existentes en torno a “los salvajes” tras conocer al amor de su vida -Ygritte-, abriéndose a una realidad muy distinta a la que conocía.

Ygritte y Jon Snow.

Completamente seguro de que uniendo fuerzas con “los salvajes”, considerados enemigos por sus compañeros en el Muro y el resto de Poniente, encontrarían la forma de enfrentar a la amenaza mayor que eran los Caminantes Blancos, se empecinó en integrarlos.

Aquella lucha significó perder a su amada y -más adelante- su vida a manos de sus propios compañeros. Sin embargo, Melisandre intuía que Jon Snow aún tenía una misión que cumplir, e invocando al Señor de la Luz lo regresó a la vida.

Jon Snow resucita.

Snow tenía que regresar. Su familia estaba siendo destruida por partes en diversas regiones de Westeros y había una profecía circulando que lo postulaba como “Príncipe prometido”.

Recuperado Winterfell junto a Sansa, poco a poco comenzaron a reconstruir lo que fue aquella fortaleza, lugar en que fue proclamado Rey en el Norte por los suyos tras triunfar en la Batalla de los bastardos.

Sin ser un Stark legítimo, fue reconocido con el máximo título en la región que por milenios se consideró independiente a Westeros. Un honor que Jon Snow no quería, pero que llevó lo mejor que pudo.

Jon Snow en la Batalla de los bastardos.

Con el único propósito de derrotar a los Caminantes Blancos, viajó a Dragonstone al encuentro de Daenerys Targaryen para negociar su ayuda en la batalla contra el Rey de la Noche.

¿El amor mata el deber o el deber mata el amor? En el caso de Jon Snow, la respuesta es ambas.

Confiando en la promesa de Daenerys de ser una monarca diferente que pretende “romper la rueda”, finalmente Jon le juró lealtad, dejando de lado que estaba representando a las casas del Norte con tal declaración.

La cuota de romance no tardó en llegar cuando en la travesía a Winterfell la ficción mostró que se involucraron sentimentalmente. Fue el nacimiento del conflicto ético latente, dado que Jon Snow es en realidad Aegon Targaryen.

Jon Snow y Daenerys Targaryen.

Pero si aquel “conflicto” fue real, tuvo una existencia más bien breve considerando que en el primer episodio Jon conocía su real ascendencia y para el segundo Daenerys estaba en conocimiento de esta. Tras triunfar sobre el Rey de la Noche gracias a Arya, Jon dejó muy en claro que no le interesaba gobernar y que Dany era “su reina”.

La complicación llegó más bien por terceros, quienes preferían ver a Jon Snow en el trono por sobre “la rompedora de cadenas”, quien demostró ser la “incineradora de detractores”. Pero Jon se negó a desdecir su juramento.

La situación cambió cuando ya era insostenible. Con una ciudad convertida en cenizas, un ejército sanguinario y una tirana que no se daba cuenta que era tal, Jon nuevamente tuvo que concretar con sus manos el sacrificio de su amor en pos del deber.

Daenerys Targaryen asesinada por Jon Snow.

Poco y nada importó que en realidad fuera el legítimo heredero al trono por línea sanguínea. Tampoco fue relevante que, si de valores y aptitudes se trataba, reunía las condiciones para ser un buen rey. Jon nunca quiso el título y cuando salvó a miles de inocentes que sufrirían el objetivo de “liberar” que tenía Dany, su premio fue un pasaje de ida al Muro.

Como Rey de nada, Jon Snow regresó al lugar al que fue por cuenta propia al inicio de la serie, esta vez, acusado de asesinar a la reina. Si algo sabe Jon, es cómo perder.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov