Culto
Raúl Pellegrin: el ingeniero en almas

Raúl Pellegrin: el ingeniero en almas

El documental Raúl Pellegrin Comandante José Miguel de la realizadora Michelle Ribaut no solo es la biografía del mayor referente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, sino también el relato de uno de los quiebres políticos más radicales de nuestra historia contemporánea cuando el líder guerrillero se enfrentó al Partido Comunista.

“Yo estaba tan enojada con los dolores (…) que no quería ni abrir los ojos, ni mirarlo”. La molestia de Judith Friedmann con las labores de parto y con el bebé recién nacido se esfumaron apenas comenzó a acariciar al pequeño en su regazo. De inmediato se convirtió en “un amor para toda la vida y después de la vida también”, dice en este documental disponible en Youtube dedicado al hombre que organizó y lideró la resistencia armada a la dictadura de Pinochet. Raúl murió asesinado bajo torturas de carabineros tras el asalto del retén Los Queñes en la zona cordillerana del Maule, perpetrado el 21 de octubre de 1988. Su cuerpo fue encontrado nueve días más tarde en el río Tinguiririca junto al de su pareja también combatiente, la psicóloga Cecilia Magni. El mayor referente del Frente patriótico Manuel Rodríguez había cumplido recién 30 años.

En un relato coral donde interviene su familia, profesoras, amigos y compañeros de armas, se bosqueja la personalidad de un hombre que desde muy pequeño demostró cualidades sobresalientes. Criado en un ambiente de izquierda con abuelos anarquistas y socialistas, sus padres militaban en el Partido Comunista. Era tal el convencimiento ideológico que la familia partió a Cuba en los 60 para participar de la revolución durante cuatro años.

De vuelta en Chile Raúl destacaba por su “entusiasmo”, describe la profesora Luz Albert. “Cuando él agarraba interés genuinamente era capaz de investigarlo todo, pensarlo todo, decirlo todo e inventarlo todo con tal que saliera una obra bien acabada”. Creativo, estudioso, brillante en el colegio, mucho de conversar y preguntar, Pellegrin leía sobre marxismo. “Todo le importaba mucho a Raúl. Era capaz de ofuscarse si las cosas no resultaban como él creía que tenía que ser. En ese sentido de repente tenía discusiones graves con sus compañeros (…) se acaloraba, se le ponía roja la carita y sudaba con gran exaltación”.

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Les pido que se vayan a sus casas
con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada.
Salvador Allende, 5 de septiembre de 1970

La familia Pellegrin vivió con intensidad el gobierno de la Unidad Popular. Se unieron a los trabajos voluntarios con “la certeza de que Allende podía cambiar las cosas”, dice Carla, hermana de Raúl.

Sobrevino el golpe y el cambio fue brutal según describe el frentista Mauricio Hernández Norambuena, encarcelado en Brasil. “Era bastante sofocante la dictadura en lo cotidiano sobre todo para los más jóvenes. Si habían más de cinco en una esquina pasaban los patrullajes de la marina y nos hacía disolvernos. Era bastante chocante porque en los años de la UP era todo lo contrario, había mucha cosa comunitaria, colectiva (…) después mudaron la realidad de un día para otro, una tristeza. Era otro mundo”.

Cuando la casa de los Pellegrin es allanada y se refugian en la embajada de Alemania del este, apenas cruzó la puerta Raúl dijo “no me llamo más Raúl, me llamo Alejandro”.

Si en Chile destacaba por su curiosidad precoz, en Alemania ese intelecto superior ayudó a Pellegrin a dominar rápidamente el idioma antes que su familia, e iniciarse en labores organizativas de apoyo al pueblo chileno bajo régimen militar. Con apenas 16 años se hizo cargo de un grupo artístico donde había gente con 40, 50 años, sin embargo las dotes de líder ya eran manifiestas.

Fue en Alemania donde Pellegrin queda marcado por una clase de física donde el profesor proclamó que “las fórmulas no existen, son simplemente herramientas para apreciar realidades”, según le contó Raúl a su padre. “Interesante (…) no hay nada inmóvil”, reflexionó.

Tiempo después el padre conversa con su hijo sobre sus estudios de ingeniería y las excelentes notas que obtenía considerando la barrera idiomática. “Yo preferiría ser ingeniero en almas”, retrucó Raúl. “Tengo una vocación interna de trabajar con mucha gente, de ayudar a mucha gente”.

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En el documental no sólo Pinochet es el villano sino también, en un grado distinto por cierto, el Partido Comunista. Durante un par de años los Pellegrin Friedmann no se podían ir de Alemania del este porque la colectividad no se los permitía. ¿Razón? Sus labores en apoyo de la situación en Chile eran vitales entre los exiliados, la madre haciendo artesanías con otras mujeres que generaban importantes ganancias, y Raúl liderando el grupo artístico. Pero la situación no era fácil para ellos. Vivían estrechos y los padres no encontraban trabajo. Cuando finalmente parten a Cuba con la venia del PC, Raúl se despide de sus amistades en Alemania dejando en claro el deseo de prepararse para regresar a Chile y combatir activamente a los militares.

En la isla, Pellegrin ingresa al ejército y se distingue del resto porque siempre andaba con material de lectura. Es calificado como “sobresaliente” en el diploma de egreso y lo envían a Nicaragua junto a otros chilenos para pelear en apoyo a los sandinistas. En combate Raúl se distingue y se vislumbra a un líder. “Nos subía la moral, la mística, las ganas de prepararse de manera de diferente”, rememora el ex frentista Juan Painecura.

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Raúl le cuenta a su hermana Carla en una carta que va a ser padre. En esas mismas líneas la felicita por su interés en leer sobre marxismo pero le aconseja persistir en un “pensamiento propio, independiente, más allá de lo dijera el partido”. Carla dice que esa reflexión fue interesante porque “la vida le dio la razón absolutamente”.

En el documental esta sentencia se descifra así. Pellegrin encabeza a partir de 1983 el Frente patriótico Manuel Rodríguez como brazo armado del PC y lo convierte en una fuerza popular que alentaba la posibilidad cierta de pelear exitosamente con armas. Encaran acciones vistosas como asaltos a camiones con comida para repartirla en poblaciones, atentados y cortes de luz para complementar los llamados a protesta. Raúl lo justificaba así. “Lo único que queda aquí es defenderse y que cuando al pueblo lo atacan con balas no se va a defender con consignas”.

Rodrigo Rodríguez, ex frentista, describe a Pellegrin como un tipo tranquilo en medio de esos años agitados. “Todos los signos externos de la disciplina formal nunca se los vi a él. Era una persona suave que sabía exactamente lo que quería que se hiciera”.

Sin embargo tras el fallido atentado a Pinochet, la fracasada internación de armas por Carrizal y los preparativos para un negociado retorno a una democracia absolutamente tutelada con Pinochet en el congreso, el PC intenta desarticular al FPMR. “El Frente siguió incomodando a todos los que estaba buscando ponerse de acuerdo para mover al dictador y que no cambiara nada”, explica el ex frentista Rodrigo Rodríguez.

Pellegrin se resiste, se escinde y declara la “Guerra patriótica nacional” encontrando rápidamente la muerte tras la tregua del Frente por el plebiscito de 1988. Hasta hoy “el partido no recuerda a Pellegrin”, sentencia el ex frentista Luis Rojas.

Hacia el final la madre de Raúl Pellegrin cuenta que todas las noches piensa en su hijo y también en la posibilidad de tropezar con las mismas piedras. “Uno vive con esta pena y el miedo de que vuelva a pasar, que se repita la historia, que los nietos que están pensando que tienen derecho a pensar y da pánico que te siga pasando (…) por otro lado uno quiere que pase (…) que la gente se organicen, que logren hacerlo”.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras