Culto
Vuelve el primer supergrupo del rock chileno

Vuelve el primer supergrupo del rock chileno

Panal se formó con algunos de los mejores músicos de la época y grabó un disco que vio la luz a fines de 1973: fue el primer LP editado tras el Golpe y estuvo descatalogado desde entonces. Este mes, la banda vuelve a tocar y estrena el álbum en Spotify.

Entre quienes entran a comprar a diario a Donde Golpea el Monito, la centenaria sombrerería de calle 21 de mayo en el centro de Santiago, probablemente son pocos los que saben que quien está al otro lado del mostrador es José “Pepe” Ureta, uno de los bajistas más importantes y prolíficos de la historia discográfica local. Uno que según sus propios cálculos tiene participación en más de mil canciones registradas en la SCD -entre ellas los éxitos de José Alfredo Fuentes y clásicos de Buddy Richard, como “Tu cariño se me va”-, que estuvo dos décadas en la pantalla chica bajo la batuta de Horacio Saavedra y que a comienzos de los años 70, en un período de cambios y turbulencias para la sociedad chilena, dio forma a Panal, su proyecto más personal y uno de los más singulares que registra el rock nacional.

“El nuestro fue el primer LP chileno que salió después del Golpe”, asegura hoy Ureta sobre Panal (1973), el único registro que dejó la agrupación que formó ese mismo año junto a diversos colegas sesionistas, como los solicitados Patricio Salazar (batería) y Pancho Aranda (teclado y voz); los percusionistas Juan Hernández e Iván Ahumada (ya fallecido), además de Carlos Corales (guitarra) y Denise (coros), que recién volvían de probar suerte en Estados Unidos con Aguaturbia. Una suerte de superbanda de la época, de alto nivel técnico pero corta vida.

La apuesta de Julio Numhauser, entonces director artístico del sello IRT, fue reunir en el estudio a experimentados instrumentistas para grabar diversos clásicos del cancionero latinoamericano bajo los códigos del rock de aquellos años, en sintonía con lo que por esos días desarrollaban grupos como Los Jaivas y Congreso. Y aunque la carrera de Panal terminaría menos de un año después, tras su presentación en el recordado Festival de Viña de 1974 -aquel de Bigote Arrocet cantando “Libre”- y sin la repercusión comercial esperada, debido a la crisis social y política que atravesaba el país, el culto en torno al disco creció con los años y lo transformó en uno de los álbumes descatalogados más cotizados por coleccionistas nacionales y extranjeros.

“Todos estábamos involucrados en el proyecto como músicos sesionistas, entonces la dedicación por el grupo nunca fue total y tal vez nunca lo sintieron como un proyecto propio”, comenta Ureta, quien este mes, 45 años después de la disolución del conjunto del que también fue director artístico, ha vuelto a reunirse con sus viejos camaradas para tratar de darle a Panal el sitial que merece en el mapa histórico del rock chileno.

Con ese objetivo en mente, los sobrevivientes de la banda -salvo Denise, quien se restó de la iniciativa- han vuelto a la sala de ensayo para tocar juntos otra vez las ocho versiones que desarrollaron para el disco de 1973. Todas piezas de raíz folclórica, como “Alma llanera”, “Limeña”, “Cucurrucucú paloma” y “Si somos americanos”, de Rolando Alarcón, “donde se suceden poderosos riffs, distorsionados solos de guitarra eléctrica (…) y voces procesadas bajo el parlante rotatorio del órgano”, describe el músico y escritor Gonzalo Planet en la biografía del grupo en el sitio musicapopular.cl. “Éramos como Santana tocando repertorio latinoamericano”, sintetiza Carlos Corales.

Los ensayos se repetirán por estos días con el fin de ponerse a punto para el gran hito: la primera actuación en vivo de Panal en casi medio siglo, programada para el próximo sábado 25 de mayo en la sala SCD de Egaña. Un show al que el público asistirá con invitación y que servirá de excusa para presentar en sociedad el proyecto que el conjunto viene trabajando hace un tiempo: el estreno del álbum homónimo en plataformas digitales.

“Si bien unos gringos lo editaron en CD años después, la única tirada del longplay fue de unas mil o mil quinientas copias que se vendieron rápido”, recuerda Ureta sobre aquellos días de fines de 1973. “Un momento complicado en general en Chile, aunque (el disco) logró pasar el filtro de la censura, pese a que incluía canciones como “Si somos americanos”. Pero al final la música es música”.

Sobre el autor:

Andrés del Real |
Sub-editor de Espectáculos de La Tercera.