Culto
Dark Net: la Black Mirror basada en la vida real

Dark Net: la Black Mirror basada en la vida real

La producción, con dos temporadas disponibles, se sitúa por encima de la web profunda (deep web) para poner de manifiesto lo retorcido que puede ser el uso de la tecnología de más fácil alcance por cada uno de nosotros.

Este miércoles se estrenó el tráiler de la quinta temporada de Black Mirror, una de las series más exitosas de Netflix. En un video de cerca de dos minutos se muestran historias que muestran contextos donde la tecnología es eje en la vida de los protagonistas, destacando simuladores de videojuegos de pelea con luchadores reales o asistentes-amigos robóticos.

Sin embargo, hay situaciones que escapan a la imaginación y que están fuera de la producción que retorna el 5 de junio próximo. Personas que son capaces de implantarse un ojo artificial con una cámara para registrar con mayor naturalidad los movimientos de un entrevistado, inyectarse chips en la piel solo para estar a la vanguardia digital o sacar provecho de las impresiones en 3D para imprimir armas difíciles de detectar en controles de seguridad. Todo eso y más es lo que aglutina la serie Dark Net (2016).

Creada por el multimillonario israelí Mati Kochavi, con dos temporadas al aire y transmitida inicialmente en Showtime, Dark Net juega a poner al espectador en constante reflexión. Bajo el formato fijo de una temática, con episodios con nombres de una sola palabra y tres aristas-testimonios por capítulo -cada uno de 27 minutos promedio-, la docuserie parte ambiciosa, mostrando casos más allá de las fronteras estadounidenses.

Eso sí, para ser claros desde ya: esta producción va mucho más allá de las prácticas delictivas que se hacen en la Deep web, aquel lugar del internet el cual Google no puede indexar y que -en parte- es donde se cultiva gran cantidad de ilícitos virtuales, como la difusión de pornografía infantil, la venta de drogas y armas (que tiene un documental aparte dedicado a Silk Road), y la extorsión de hackers “de sombrero negro”, sumado al contenido gore y las creepypastas que le rodean. De hecho, cabe destacar que muchos de esos delitos ocurren en la web superficial, por medio de comunidades cerradas en redes sociales o servicios de mensajería instantánea.

El cineasta Rob Spence contó a Dark Net sobre su ojo prostético, el cual incluye una cámara.

Por encima de lo anterior, Dark Net, que publicó hace poco la segunda temporada en Netflix, pone de manifiesto lo retorcido que puede ser el uso de la tecnología de más fácil alcance por cada uno de nosotros.

Así, uno de los relatos del primer capítulo gira sobre una mujer que sufrió pornovenganza y lo que consigo trajo para su vida. El punto particular son los otros dos casos: un japonés que genera un vínculo sentimental con Rinko, un personaje de un videojuego de citas y parejas virtuales llamado LovePlus; mientras, al otro lado del océano, una pareja de estadounidenses comparte su vida sadomasoquista virtual, exhibiendo de paso redes sociales de nicho como Fetlife (que tiene más de 7 millones de usuarios actualmente, cifra cercana a la de habitantes en la Región Metropolitana) y las relaciones de poder que facilita la tecnología.

Yusuke es uno de los protagonistas del primer episodio de Dark Net. En la captura aparece sosteniendo una Nintendo DS mientras juega LovePlus, videojuego al cual se hizo adicto tras terminar con su novia.

Y así continúa la serie por el resto de temporada, con casos que descolocan de entrada y situaciones con las que puede resultar difícil de empatizar, pero que mantienen la concentración de uno en el reportaje.

“Sé que mi vida hubiera sido diferente, no increíble, pero mejor si nunca hubiera usado internet”, dice un exeditor de un diario canadiense, quien fue detenido por consumo de pornografía infantil y que cuenta su historia en, probablemente, el episodio más fuerte de la serie, el que, ahora sí, toma de cerca lo que es la Deep web. Para ello, suma ese testimonio a la voz de un exagente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que habla de los usos de Tor, navegador por excelencia para adentrarse en la web profunda, y lo redondea con la realidad del sur de Asia, enfocándose en la visión de una docente filipina y los sectores vulnerables de su país, en donde se ha potenciado el acceso a internet y algunas familias explotan sexualmente a sus hijos, subiendo lo que registran a la web.

Dark Net también ahonda en las consecuencias psicológicas de trabajar como moderador de contenido en motores de búsqueda, tomando el caso de Lila.

Eso sí, los últimos capítulos de la primera temporada logran quitar la sensación inicial fatalista, mostrando a un hombre con parálisis y a trabajadores con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que se han visto beneficiados por la tecnología y que, en el segundo caso, han trabajado para mejorarla.

A su vez, la serie profundiza en casos más cercanos y mediáticos, como los trolls en redes sociales, el abuso policial documentado por una víctima en video y la violencia que detonó la música drill en Chicago.

Las dos temporadas de Dark Net están disponibles en Netflix.

Sobre el autor:

Felipe Rojas |
Periodista de La Tercera