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Detective Pikachu: llega a Chile la apuesta más singular de Hollywood de esta temporada

Detective Pikachu: llega a Chile la apuesta más singular de Hollywood de esta temporada

Con Ryan Reynolds como la criatura protagónica y tomando prestado parte del humor negro con el que hizo popular a Deadpool, la película basada en la serie animada se estrena este jueves en cines locales.

Desde hace un par de años, 2019 se anticipaba como la temporada de los grandes fenómenos de la cartelera cinematográfica, como una conjunción de títulos que lograrían remecer la taquilla de una manera casi sin precedentes. Y mientras Avengers: Endame sigue destrozando marcas en su segunda semana en cartelera, al tiempo que se vienen otras películas de alto impacto bajo el alero de Disney –El Rey León, Toy Story 4 y Star Wars: El ascenso de Skywalker–, ya se empiezan a asomar otros candidatos que también aspiran a llevarse al menos una tajada.

Quizás el caso más singular sea la primera adaptación en acción real de la franquicia que acuñó hace dos décadas conceptos como pokebola, pokedex y entrenador pokémon, en tantos formatos como le fue posible (videojuegos, cartas, serie de animé y un par de filmes animados). Un éxito de alcance global que, astutamente, Pokémon: Detective Pikachu, la cinta que llega este jueves a los cines chilenos, convierte en una aventura familiar, adoptando un punto de vista y un foco claro, sin perder en el camino los guiños a los seguidores de personajes como Charizard, Bulbasaur o Blastoise.

La película comienza con Tim Goodman (Justice Smith), un joven golpeado por la muerte de su padre, pero en seguida introduce a una versión desenfadada y amnésica de Pikachu, esa pequeña criatura amarilla y con poderes eléctricos que se hizo conocida como mejor compañero de Ash en la serie. Su aparición, justificada en que era el pokémon del papá del protagonista, desaparecido en extrañas circunstancias, da inicio a una investigación en que el humor y la acción fluyen a la par.

Más importante que la intriga misma o la urbe donde transcurre la historia (Ryme City, un lugar aparentemente idílico donde humanos y pokémon conviven y no hay batallas) termina siendo que Ryan Reynolds le presta su voz al personaje amarillo y que el guión le inyecta humor negro a un personaje que es sobre todo ternura y poder. Como si tratara de una versión “todo espectador” y para toda la familia de Deadpool, esta es la clase de película en que Pikachu maldice y trata de estúpido a otros pokémon; otras criaturas que –por cierto– a diferencia de él con Goodman, no se pueden comunicar con los seres humanos.

Tomando prestado de géneros como el policial y la ciencia ficción, el filme termina guardando más similitudes con las películas de Lego, que con las cintas animadas que se hicieron previamente (como Pokémon 2000). Tiene por lo demás una dupla de humano-pokémon lo suficientemente divertida como para sostener la historia y un abanico generoso de criaturas que lucen bien, a diferencia del cuestionado Sonic del largometraje que llegará a fin de año. Logro que también responde a que la película, con la dirección de fotografía del británico John Mathieson (Gladiador, Logan), fue filmada en celuloide en vez de digital, un lujo y una elección que por estos días sólo se dan cineastas como Martin Scorsese, Christopher Nolan o Quentin Tarantino.

Antes de su estreno, en enero pasado, fue confirmada la segunda parte de Pokémon: Detective Pikachu, con Oren Uziel (Comando especial 2) como guionista. Algo que obedece a la popularidad mundial de Pikachu y el resto de los personajes, pero también a la confianza en una producción que se consolida como una ágil y eficiente aventura. Y que, de tener una buena respuesta en taquilla, podría ser la primera pieza de una saga cinematográfica que probablemente nadie vio venir.

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