Culto
Fauna Otoño: antes que las concesiones

Fauna Otoño: antes que las concesiones

El show de Lauryn Hill resulta mucho más reivindicativo como resumen de la cultura afroamericana que el cacareado espectáculo de Beyoncé en Coachella 2018, reavivado estos días por el estreno del documental en Netflix dirigido por la cantante sobre ese evento.

Se cayó The Internet y el cronograma del festival Fauna Otoño sufre alteraciones al anochecer del sábado en el Movistar Arena con capacidades adaptadas mediante el viejo truco de adelantar el escenario reduciendo el aforo. A la vez hay una sala secundaria consagrada a la música urbana con artistas como Drefquila y Juan Ingaramo. Es una apuesta porque el público suscrito a esta marca no es particularmente juvenil y además implica cierta élite. Sin embargo el show de Drefquila por ejemplo, fue seguido con atención y entusiasmo.

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Producto del tablero revuelto en horarios, Ana Tijoux aparece media hora después. La banda acompañante con bronces protagónicos es buenísima y aceitada para las raíces negras y urbanas de sus canciones, mientras Ana corona con voz y fraseo únicos cristalizando un soberbio dominio de los tiempos. Tijoux incluye los códigos rítmicos del jazz en su canto y se maneja en un pulso vocal de cifras autónomas sin perder sincronía con la totalidad musical.

También tiene marca registrada confrontacional. Atenta al roce, se quejó por las condiciones técnicas apuntando a la organización. Luego arremetió con la calidad lírica reinante en la música y lanzó una perorata sobre la importancia del contenido advirtiendo que le podría traer problemas. En rigor no dijo nada rebatible -vivimos una era de pop concentrado en el hedonismo-, pero el barniz resentido a veces empaña los discursos. Como sea, a pesar de esos problemas técnicos que ni por asomo podían empañar un cancionero generoso en clásicos desde sus días en Makiza, Ana Tijoux sigue tranquilamente en la avanzada de la escena chilena con un número de nivel internacional.

Fotografía: Rudy Muñoz

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Una DJ se anunció a sí misma como entremés de Lauryn Hill y se llevó algunas pifias al pinchar a J Balvin en su peor día tras apoyar la perorata de Justin Bieber en favor de Chris Brown, que suele hacer noticia por atacar a mujeres antes que hits. También es posible que una parte de las rechiflas respondiera a la impaciencia por Lauryn Hill que finalmente actuó con casi una hora de retraso

Con un set dedicado a su clásico álbum The Miseducation of Lauryn Hill (1998), la espera valió la pena. La controvertida cantante de New Jersey ofreció discursos en sintonía con lo dicho por Ana Tijoux sobre el espesor lírico, hablando de hacer música con letras cargadas de significancia.

Fotografía: Rudy Muñoz

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A más de 20 años de su espectacular irrupción con Fugees y luego solista en una trayectoria de fulgor y sombras incluyendo cárcel y fama de difícil, Lauryn Hill sostiene una extraordinaria singularidad. A los 43 años desecha la obsesión por la juventud eterna que suele preocupar a las estrellas femeninas y su voz transmite el carrete de vida mediante un tono más profundo, grueso si se quiere, y pletórico de acrobacias. “Killing me softly” por ejemplo, el single basado en un cover que la hizo famosísima, fue desdibujada y rearmada en melodías que (en otro link con Tijoux) semejan los dibujos de un bronce en plena fiebre de jazz instrumental. El carácter de los mil demonios hizo aparición. El coro femenino fue chasqueado en gestos cargados de impaciencia.

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Fotografía: Rudy Muñoz

Con abundantes imágenes nostálgicas entre escenas familiares y fotos de grandes estrellas afroamericanas como Nina Simone, el show de Lauryn Hill resulta mucho más reivindicativo como resumen de la cultura afroamericana que el cacareado espectáculo de Beyoncé en Coachella 2018, reavivado estos días por el estreno del documental en Netflix dirigido por la cantante sobre ese evento. Hill ha filtrado el soul y cierto jazz en hip hop de la mejor elaboración reescribiendo la música del alma de los negros en las grandes urbes estadounidenses, con creatividad antes que concesiones.

 

 

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras