Culto
La intemperie pop (quedarse fuera)

La intemperie pop (quedarse fuera)

Es cierto: la manera como esta cinta se ha tomado todas las pantallas se asemeja a una invasión. Un amigo argentino me dice por wasap: esto partió con El código Da Vinci. Lo advertimos y todos con tal de ser pop y ser aceptados y parte de algo mayor se han tragado todo.

Estimado Andrés (Editor de Cultura de La Tercera): “Escribe de Avengers, del fenómeno”, me wasapeaste.

No puedo, no sé cómo. Paso. La razón es sencilla y, creo, poderosa: no la he visto. No las he visto. Ante el inminente deadline del cierre, te envío esta carta, en forma de columna, donde aprovecho de presentarte mi carta de renuncia.

Insisto: no he visto ninguna.

Me dicen que son 22 las películas que componen el universo Marvel.

Creo que no me corresponde seguir escribiendo de la cultura pop con este grado de ignorancia. Inculto, me dijo un chico. “Es una moral y me parece inmoral no tener convicciones Marvel”, me insiste este centennial que toma Negronis y que, me confiesa, lloró con la escena de Robert Downey. ¿Es eso un spoiler? ¿Se puede spoilear lo que no se sabe o no se ha visto? Yo pensaba que Kristen Stewart hacía el rol de Scarlett Johansson en la saga.

Creo que me he quedado fuera.

Vi todas las Crepúsculos, las 50 sombras de Grey, vi Solo a solas esperando que apareciera Harrison Ford, pero no, creo que es hora de tirar la toalla. Estoy en la intemperie pop. No sé nada: no sé qué o quién es Thor y confundo La Mujer Maravilla con Brie Larson y Captain Marvel. ¿Por qué se llama como la franquicia? Sé que está Hulk y lo interpreta el gran Ruffalo pero yo vi una con Eric Bana y Nick Nolte bajo la dirección de Ang Lee y todo era muy verde pero al parecer esa cinta y ese Hulk no es parte del universo (menos aún Lou Ferrigno). ¿Es ese mapache como el Chewbacca de este mundo?

Es demasiado tarde, Andrés. Renuncio. ¿O intento ponerme al día? No me da ni para atacarla ni para dármelas de troll. Entro a Wikipedia para entender todas las películas y el universo y armar algo como un mapa. Ante la pregunta “qué día murió Stan Lee y qué edad tenía”, tuve que enmudecer. Quedé sorprendido al enterarme que Black Panther es parte de ese mundo y hasta Spiderman. ¿Si? Esa la vi pero con Toby McGuire y Kirsten Dunst y ese beso al revés. ¿No vale? OK, vi en un Tur Bus la con Andrew Garfield, pero me explican que la Spiderman que es parte del “universo” es Spiderman: Homecoming con Tom Holland (¿quién es?) y que en esa cinta es clave Iron Man y aparece Michael Keaton (pero no como Bruce Wayne) y que todo me puede quedar más claro con Spiderman: Homecoming 2 que se estrena en julio.

Es una sensación de soledad y orfandad rara.

No ser parte de la conversación, de la trivia. Esto de quedar fuera. ¿Eso es lo que se siente cuando te envían al geriátrico? Ni siquiera deseo reconocer que no veo Games of Thrones. O sea, mi radar está fallando. Mis antenas se han oxidado. No saber de la Moral Marvel, me parece, es razón suficiente para un despido. ¿Hay algo más pop, más al día, más global y transgeneracional y social y racial y continental y cultural que lo que están produciendo Marvel y Disney y los DC? Me quedé en la era Spielberg. Yo que nunca le tuve miedo a los blockbusters me declaro ajeno (¿aterrado?, ¿a un costado?) con esto de los superhéroes. Bowie quería ser un héroe por un día. Ahora todos quieren ser superhéroes todos los días del año. ¿Es necesario salvar el mundo? ¿No sería mejor que se acabara de una vez como en las películas de catástrofes?

Un amigo me dice: la amé. “Es una obra de arte, no como esa mierda de Roma”. Otro: “me emocioné pero claro, la vi con mis hijos y los hijos te cambian la perspectiva”.

¿Se puede escribir de cine actual sin tener hijos?

El cine debe ser masivo, dijeron una vez en la Unión Soviética. Eisenstein, un poser, un engrupido, un elitista, falló; los hermanos Russo entendieron todo y nunca hojearon el libro contra el Pato Donald. Llegar a todos, no dejar a nadie afuera. Niños, grandes, adolescentes, mujeres, desplazados, oprimidos, minorías (oh, esos trajes apretados de Chris Evans). El cine debe ser escapismo. Escapar de todo. El nuevo escenario pop del cine comercial ahora es para que la gente goce y celebre en comunión. Y el que se quedó afuera será apedreado. Esto no es cine, me dijo un amigo hater; esto es una aplanadora.

No sé si puedo tener una columna, Andrés, donde quieres que “cubra y mezcle y mire a los ojos a la cultura pop”, sobre todo la audiovisual. Avengers Endgame me sorprendió sin estar preparado y creo que ya es muy tarde. Sorry. Capaz que no quiera ponerme al día con toda la serie y secuelas y precuelas y spinoffs y otros inventos ligados a esta franquicia que, como lo sentenció The New York Times esta semana, se tomó el mundo. Leo ataques con un tonillo imperialista y anti-dumping pero nadie sale a marchar. Una invasión; eso fue y a la luz del día. No quedó sala en el mundo sin una copia. Hasta las salas de cine-arte se abrieron y se dejaron ultrajar. En Instagram me ofrecen comprar el célebre juego de salón Monopoly en versión Avengers.

Es cierto: la manera como esta cinta se ha tomado todas las pantallas se asemeja a una invasión. Un amigo argentino me dice por wasap: esto partió con El código Da Vinci. Lo advertimos y todos con tal de ser pop y ser aceptados y parte de algo mayor se han tragado todo. Puede ser; no soy tan duro. Casi todos los críticos (excepto esos pocos que ahora están en Guantánamo) han saltado de alegría, sus ojos se han llenado de lágrimas y han rellenado sus reseñas de estrellas y de adjetivos floridos y han abrazado al enemigo. Es el fin del mundo, dicen los intelectuales resentidos. Yo padezco de anhedonia: no siento nada. No parece el fin pero tampoco puedo celebrar que esto vaya a seguir. ¿O sea Tom Holland es una mega estrella? No tenía ni la más puta idea. La ministra de Cultura podría opinar. ¿Hay o no hay cuota de pantalla? ¿Es cierto que Piñera y sus hijos la vieron en el avión presidencial después de dejar la fábrica de Huawei? ¿Endgame se estrenó en Caracas? Obvio y arrasó. Para luchar contra el enemigo hay que conocerlo y yo, la verdad, estoy aquí, bajo la lluvia, como un perro o un mapache mirando la luna en la alcantarilla, reservando entradas para ir a ver Tarde para morir joven. Quizás, en efecto, es demasiado tarde.

Fue bueno mientras duró.

Renuncio y te veo en el mall en la fila de Pokemón: Detective Pikachu.

Sobre el autor:

Alberto Fuguet |
Escritor y cineasta, autor de Missing y VHS