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Jorge Tacla: “Mi llegada a Nueva York fue dura, sin un peso ni coyunturas”

Jorge Tacla: “Mi llegada a Nueva York fue dura, sin un peso ni coyunturas”

Radicado en EEUU desde 1981, el pintor de 61 años acaba de entregar su archivo, con fotos, dibujos y cuadernos, al Smithsonian’s Archive of American Art. Aquí recuerda sus inicios y habla de su trabajo actual.

Era 1979 en Chile y, tras el remezón que generó la Escena de Avanzada, un grupo de creadores que usó la performance y el video como herramientas de arte político, una nueva camada de jóvenes volvía a la pintura y reivindicaba su poder expresivo, entre los que se cuenta a Samy Benmayor, Ismael Frigerio y Jorge Tacla. A inicios de los 80, los tres se trasladaron a Nueva York, una de las cunas del expresionismo abstracto y el arte pop, pero sólo Tacla se quedó para siempre: internacionalizó su trabajo y se convirtió en uno de los pintores más exitosos de su generación.

La semana pasada el Archive of American Art del Instituto Smithsonian, con sede en Washington, anunció la adquisición del archivo de Tacla, que comprende fotografías, dibujos, correspondencia, cuadernos, recortes de prensa y otros documentos que el pintor guardó en los últimos 40 años. Se trata del primer chileno en entrar al acervo del prestigioso centro, que resguarda archivos de artistas del nivel de Willem de Kooning, Marcel Duchamp y Jasper Jones.

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El contacto se hizo con el apoyo de la curadora del Gilbert and Ann Kinney New York collector, Annette Leddy, y se originó por el interés de la chilena Florencia San Martín, doctora en Historia del Arte, quien trabajará con Tacla en la investigación en profundidad del archivo que luego dará lugar a un libro.

El Instituto Smithsonian se interesó en los documentos de Tacla, sobre todo, porque el contenido refleja dos escenas culturales y políticas, la santiaguina y la neoyorquina, desde el punto de vista de un artista inmigrante. Además de los cambios inevitables que experimentó su propia obra por efectos de este cambio de domicilio.

¿Qué sintió al entregar todo su archivo al Smithsonian?

-La verdad es que fue bien desgarrador entregarlo todo. La entrega se finalizó en enero y en este momento el material está en el centro de investigación del Smithsonian en Nueva York y luego se trasladarán a Washington DC. A ellos les interesan los archivos análogos y yo lo he guardado todo. Hay conversaciones escritas que tuve con críticos e historiadores, documentos de proyectos y colaboraciones con otros artistas; documentos originales de inmigración, de educación y de conflictos emocionales. Todo es importante ya que es la historia de mi vida, los dibujos originales y los cuadernos íntimos son muy especiales para mí.

¿Cómo recuerda su llegada a Nueva York?

-La llegada a Nueva York fue dura, sin el idioma, sin un peso y sin coyunturas. Pero era muy joven y nada de eso era un inconveniente. Todo fue difícil y complejo, pero el mayor desafío era la construcción de mi obra en esta ciudad multicultural donde la cultura tiene un peso específico. Para un artista que recién comienza, hay una abundancia de estímulos, pero son muy engañadores. Después de 11 meses viviendo en Nueva York, haciendo muchas cosas para sobrevivir, me tomó una galería con representación exclusiva y, a partir de ese momento, comenzó lo más duro. Acá, en la metrópolis, mis condiciones serían naturalmente marginales, busqué conquistar un espacio central a pesar del costo que significa el nunca pertenecer a este lugar en mi calidad de emigrado.

¿Cómo ha sido su relación con la escena artística en Chile?

-Desde que me vine a Nueva York seguí teniendo una estrecha relación con lo que pasaba en Santiago. Durante los primeros cuatro años no podía salir ya que no tenía visa y por esa razón la comunicación con los artistas, amigos y familia era por carta, llenas de dibujos, fotos e historias. También llegaban a verme a Nueva York y se quedaban en mi casa los artistas amigos y nos poníamos al día. Cuando pude viajar a Chile me relacioné con muchos artistas, hubo visitas de talleres, entrevistas y producción de obra. Esto sigue hasta el día de hoy.

¿Con quiénes mantenía contacto en Santiago?

-Principalmente con Gonzalo Díaz, también y muy seguido con los compañeros de mi generación y, con el tiempo, con artistas más jóvenes. Hablábamos de la condición cultural y política de Chile, y de las posibilidades de hacer cosas en Nueva York. Las cartas además del texto contenían dibujos y objetos, dolor, alegría y melancolía.

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En 1983 Tacla tuvo su primera muestra individual en la Inter American Art Gallery, el espacio que lo representaba en ese momento, y un año después daba un salto a las grandes ligas cuando el MoMA PS1 incluyó una de sus obras en la exposición The New Portrait, la que reunió a los artistas furor de la época como Jean-Michel Basquiat, Roy Lichtenstein y Keith Haring, más otros 100 creadores de la escena neoyorquina.

De allí en adelante, el trabajo de Tacla fue desarrollándose con paso certero dentro del circuito regional para luego exhibirse en lugares como Dubai, Shanghai y Dublín. Desde 2011 es representado en Nueva York por Cristin Tierney Gallery. En tanto su obra evolucionó desde la pintura que tenía como referente la cultura afro-latina e indígena americana, hacia una más expresionista y experimental, en torno a la devastación, la ruina y la violencia humana.

¿Cómo definiría su trabajo hoy?

-Mi obsesión es el campo de batalla, el sistema de referencias. Solo ahí tenemos opciones para nuestras fantasías recurrentes, así como siempre vuelvo a Chile. Mi trabajo de pintura hace un proceso disléxico de similitud a la acumulación, superposición, mezcla, transparencia y yuxtaposición de referentes, haciendo de esta mixtura un saber antierudito. No diría que este sistema recorre mi obra, más bien nutre y ampara todos los temas y todas las construcciones metafóricas.

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