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The Stone Roses: a 30 años de un debut inolvidable

The Stone Roses: a 30 años de un debut inolvidable

Inspirados en la psicodelia de los sesenta y con un particular diseño sonoro en que fue clave el trabajo del productor John Leckie, el grupo ofreció en su primer disco -que ha sido celebrado por figuras como Noel Gallagher- una mezcla de ritmos bailables con el lenguaje del rock, que definió al movimiento “Madchester” de fines de los 80’ y fue considerado un antecedente para el brit pop de los noventas.

“El pasado fue tuyo, pero el futuro es mío”, reza una de las líneas de “She bangs the drums”, una de las canciones incluidas en el debut de los Stone Roses lanzado en mayo de 1989. Esa frase con aroma a declaración, marcaba la pretensión del disco por marcar un camino. Y aunque la carrera del conjunto se acabó tras sacar un poco inspirado segundo trabajo (Second Coming), ese primer largaduración fue suficiente para entrar en la historia. No en vano, en una encuesta de The Observer Music, de 2004, los lectores lo eligieron como el mejor LP británico de la historia, superando a Revolver, de The Beatles, y London Calling de The Clash.

Fueron las sudorosas y excitantes noches en The Hacienda, la discoteca levantada por Tony Wilson y New Order en Manchester a comienzos de los 80’, donde se comenzó a gestar un sonido que mezclaba la pulsión bailable de la electrónica y las atronadoras guitarras eléctricas deudoras del glam y el hard rock de los setentas.

“Esa ciudad tenía esto de acercarse a una cosa rítmica, tribal, bailable, y eso le dio al rock un nuevo aire” explica a Culto el crítico musical y periodista, Alfredo Lewin. “Entonces lo que consiguió Stone Roses fue unir cosas que parecían no tener mucha relación, como el rock más tradicional, al estilo de The Byrds, con ciertos afanes new wave”, agrega.

Fue esa fusión la que dio la posibilidad que emergieran agrupaciones como Happy Mondays, Inspiral Carpets y los mismos Roses, que ante todo, proponían música de baile. A eso se le llamó la escena “Madchester”.

La banda se formó en 1983 a partir del entusiasmo de dos amigos de la infancia, Ian Brown y John Squire. Nacidos a comienzos de los sesentas, crecieron escuchando los discos de la british invasion. En la biografía The Stone Roses And The Resurrection Of British Pop (1997, Ebury Press), escrita por John Robb, se detalla que los elepés de los Beatles y los Rolling Stones fueron primeras influencias para ellos. Pero también estuvieron alertas al surgimiento del glam y el punk, de hecho, el primer disco que compró Brown en su adolescencia, fue el sencillo “Metal Guru”, de T-Rex.

“Era difícil no tomar todas esas canciones y no elaborar tu propio canon de influencias. Así fue como surgió Madchester, no en los bonitos patios de la elite bohemia, sino que fuera de allí en los salones de baile, las discotecas donde iba la juventud”, afirma Robb.

Brown y Squire se iniciaron tocando con distintos músicos, y al poco tiempo empezaron a crear y pulir sus composiciones bajo un intenso régimen de ensayos y tocatas en vivo, que les valió por ejemplo, abrir para Pete Townshend en 1984. Robb señala que, en esa ocasión, el guitarrista de los Who comentó que el baterista Alan “Reni” Wren era “el mejor que había visto desde Keith Moon”.

Con una buena cantidad de canciones propias, en 1985 el grupo consiguió agendar unas sesiones de grabación con el célebre productor Martin Hannett, quien había trabajado con agrupaciones como Joy Division y The Buzzcocks. Pero según Robb, él no encajó con la banda, la que disconforme con su trabajo, desechó el material. En 1996, bajo el nombre de Garage Flower, ese registro se lanzó al mercado. Ahí figuran algunas primeras aproximaciones a temas que luego grabarían en el debut, como “I wanna be adored” y “This is the one”.

Pese a la frustración, en sus conciertos The Stone Roses se hizo de una buena reputación como intérpretes gracias al virtuosismo de Reni, las poderosas guitarras de Squire y el carisma de Brown. Para 1987, con la entrada del bajista Gary “Mani” Mounfield, el conjunto se consolidó como un interesante combo con una sólida sección de ritmo. Así comenzaron a planificar la anhelada grabación de un primer álbum.

Por ello iniciaron el proceso trabajando con Peter Hook, el bajista de New Order, en la producción de un sencillo, “Elephant Stone”, lanzado en octubre de 1988. A pesar de algunas dificultades en las sesiones -a Mani le costó encajar los arreglos de hi-hat del tema-, el cuarteto le pidió a “Hookie” que se ocupara de su primer disco. Pero según detalla John Robb, él declinó argumentando que debía viajar a Ibiza para grabar Technique, el quinto álbum de su banda. Todo volvía a fojas cero.

El hombre que grababa

Fue en ese momento en que los caminos de los Stone Roses se cruzaron con el de un hombre cuya marca quedaría ligada a esa placa: John Leckie. Los músicos, especialmente Mani, admiraban el trabajo de producción que éste había creado para el disco 25 O’ clock de The Dukes of Stratospheare, una suerte de proyecto paralelo de Andy Partridge, de XTC.

El detalle es que el sonido de ese LP estaba inspirado en la psicodelia bucólica y campestre de Syd Barrett y los Kinks de Village Green Preservation Society. “Era jodidamente sorprendente, con ese disco me enamoré de Leckie y su estilo”, detalla el baterista en el libro de Robb ya citado.

Como otros de su generación, Leckie se formó como ingeniero en los legendarios estudios Abbey Road a finales de los sesenta. Allí trabajó en discos como All things must pass, el fundamental album de George Harrison, y apoyó en algunas jornadas de trabajo de Pink Floyd. Es decir, para quienes buscaban una conexión con el sonido de los sesentas, él lo conocía de primera mano.

“Hay que sacarse el sombrero con él, es increíble”, afirma Pablo Giadach, productor y guitarrista de la banda nacional The Ganjas, sobre el inglés. “Es muy musical, no solo en el lado técnico, sino que también ofrece un input súper creativo. Tiene estas cosas que igual le escuchas en otros trabajos, como los flangers de cinta, agarrar los tracks de guitarras, darlos vuelta y hacer un tema entero con eso [‘Don’t stop’], etc; es como un músico más”, agrega.

Reunidos en el estudio Battery, el conjunto comenzó a trabajar en sesiones que comenzaban a las siete de la tarde y se podían extender hasta las siete de la mañana del día siguiente, tal como las que a menudo hacían los Beatles. Leckie detalló a Under the radar magazine que, a diferencia de la imagen de hooligans ebrios que les colgaron con los años, los músicos resultaron muy trabajadores y llegaron preparados. Según relató, las voces de Brown se grabaron relativamente rápido, pues había ensayado mucho.

Además, John Squire dedicaba sesiones completas a practicar y regrabar algunas de sus partes de guitarra, pues no quería sonar muy espontáneo. Para ello, él usaba una pequeña grabadora portátil con la que se registraba y luego comentaba sus arreglos junto a Leckie y el resto de la agrupación. “Fue una gran época, lo pasamos muy bien”, cuenta el productor en la mencionada publicación.

“Es un disco que no suena como tan natural de banda”, analiza Giadach. “Tiene un montón de overdubs [sobregrabaciones añadidas a una pista base], reverb por todos lados, cajas gatilladas en algunas partes. Yo creo que en el fondo ellos buscaban usar el estudio más como una herramienta compositiva”.

El LP abre con una canción cuyo título no deja muchas dudas. “I wanna be adored”. “No tengo que vender mi alma/Él ya está en mí/No necesito vender mi alma/Él ya está en mí”, sentencia Brown en la letra, que según explicó a Clash Magazine, en rigor se refiere a otra cosa. “En realidad no quería que la gente me adorara. Estaba tratando de decir que, si quieres ser adorado, es como un pecado, como la lujuria o la gula, o algo así”.

Pero el ímpetu por imponer lo grandilocuente en su discursividad también está en el track que cierra el disco, “I am the resurrection”. “Fue difícil de grabar y nos tomó mucho tiempo”, detalla Leckie a Q Magazine. “Queríamos algo épico para el cierre del disco, y esa era la pieza con la que terminaban sus conciertos. Entonces tuvimos que construir ese crescendo masivo pieza por pieza”, agrega. Según relató Squire a NME la idea del tema les surgió cuando vieron en el mural de una iglesia la frase que después usaron el coro: “I am the resurrection, I am the light”.

“Ellos querían presentarse como la próxima gran banda. No querían tener que ver ni con New Order ni con los Rolling Stones ¿quién iba a hacer eso, que era de lo que se jactaban en el año 89’? como diciendo ‘nosotros somos lo más grande que ha aparecido’. Con toda su onda, no había otra banda en Manchester que había sido tan verbalmente abusiva con los demás”, analiza Alfredo Lewin.

Protestas y limones

El gusto del guitarrista por el arte de Jackson Pollock fue lo que definió la portada del disco. Se trata de una pintura creada por él llamada “Bye bye badman”, tal como la canción del mismo nombre que cierra la cara A del vinilo. Tanto el tema, como la imagen, se inspiraron en las revueltas estudiantiles francesas de mayo de 1968, de allí la franja tricolor que se puede observar en la carátula.

Los limones que se observan en la fotografía no figuraban en la obra original, sino que se añadieron a posteriori a partir de imágenes reales. “lan conoció a un francés cuando estaba viajando por Europa. Este tipo había estado en los disturbios del 68’, y le contó a Ian cómo se habían usado los limones como un antídoto contra los gases lacrimógenos”, contó Squire a Q Magazine.

La estética propuesta por el intérprete le dio una cierta identidad al grupo, la que se plasmó en el diseño de la pintura de sus instrumentos, también desarrollada a partir del arte abstracto.

Stone Roses y el brit pop

Un lugar común frente al impacto de este álbum, citado como influencia por músicos como Noel Gallagher o Richard Aschcroft, es que fue una suerte de primer antecedente del brit pop. Pero Alfredo Lewin decide tomar distancia de ese juicio. “Yo me recuerdo que a principios de la 90’ se buscaba mucho una banda que resumiera el ethos británico, y resultó que la primera fue Suede. Después Oasis hizo mucho por instalar la idea de que el pop británico le debía mucho a Stone Roses. Yo creo que ellos se lo deben más a la escena de Manchester y al desprejuicio que había en esa ciudad”.

Para el hombre de Rockaxis, la conexión de bandas como Blur u Oasis fue, fundamentalmente, hacia el pasado más remoto, tal como las misma influencias que moldearon el LP debut de los Roses. “Es una banda importante para la escena manchesteriana, pero no estoy tan seguro que tenga tanto que ver con el brit pop. Al final todas las referencias iban a The Kinks, y en los 90’ se hablaba de cómo hemos fallado en reconocer que ahí estaba el origen de todas esas cosas, de la cool britania”.

Según Lewin, el legado del cuarteto se debe leer en otra clave. “En el caso de Stone Roses, es todo un estilo, la moda, la actitud y la referencia a una nueva Gran Bretaña, que no estaba ni ahí con el pasado ochentero de Margaret Thatcher, ni con la monarquía, que hacía de ellos una banda medio como lo fueron Los Tres, con esto de ‘Somos tontos no pesados’”.

Lo cierto es que tras salir a la venta, el 2 de mayo de 1989, el disco alcanzó el lugar 19 del UK Album Charts, y pronto llamó la atención de la prensa especializada. “Este es simplemente el mejor LP de debut que he escuchado en toda mi vida como comprador de discos”, sentenció el crítico de la prestigiosa revista Melody Maker, Bob Stanley. “Olvidé a todos los demás. Olvida el trabajo mañana. Olvídate del fútbol en la tele. Déjalo todo atrás y escucha The Stone Roses. Una vez. Dos veces. Entonces sabrás por qué he hecho tanto alboroto. Lo entenderás. Este es el uno, este es el uno, este es uno”.

Aunque la banda no ha hecho anuncio oficial de reedición o concierto de aniversario (hubo lanzamientos para los 10 y 20 años), en la web hay algunas bandas tributo que preparan, a su manera, el recuerdo de la efeméride, incluso con giras de celebración por Reino Unido.

“Kiss me where the sun don’t shine/The past was yours, but the future’s mine/You’re all out of time…”

Sobre el autor:

Felipe Retamal N. |
Periodista de Culto. En Twitter es @feloretamaln