Crítica de música: Maisky Trio, emotiva confabulación familiar

Maisky Trio

"La impresión musical que provoca el Trío valió sendos aplausos que fueron coronados con el Adagio del Trío Op. 11, de Beethoven, que envolvió a la sala de una delicada belleza", asegura Claudia Ramírez en su columna de hoy.


Qué más sentimental que un padre tocando con sus hijos. Y provocando con ellos un sinfín de emociones. Eso es lo que produce, además de sus calidades interpretativas, ver al Trío Maisky, a una ya casi leyenda como cellista, el progenitor Mischa, y a Sascha y Lily, los jóvenes hermanos.

Un grupo que, junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por Leonid Grin -que no tuvo su mejor noche-, dio inicio el martes a la 5ª Temporada de Grandes Conciertos Internacionales de CorpArtes.

Como solista, Mischa es un intérprete preciso, inspirado, que lleva su instrumento por la calidez, la emotividad, la gama de colores y la intensidad, con un sonido profundo y envolvente, de certera técnica y dominio estilístico. Y cuando a él se unen sus hijos Sascha (violín) y Lily (piano), la confabulación familiar y musical quedan más que demostradas.

La Sinfónica abrió el programa con la Obertura Egmont de Beethoven en la que Grin llevó a la orquesta, más que nada, por el poderío y el arrojo. Acto seguido irrumpió Mischa Maisky para entregar Kol Nidrei Op. 47, de Bruch, que ya en este mismo escenario ejecutara en 2016 junto a Los Solistas de Tel Aviv. En esta insondable oración, sus manos recorrieron con lirismo y solemnidad los fraseos irregulares o las escasas repeticiones melódicas, aumentando la gran emoción inherente a la obra.

En las variaciones sobre un tema Rococó Op. 33, de Tchaikovsky, Maisky brilló por sí solo, pues la Sinfónica pareció ser sólo un fondo sonoro, casi imperceptible.

Finalmente, llegó la hora en que la familia Maisky actuó, teniendo como eje el Triple Concierto en Do Mayor Op. 5 56, de Beethoven. Sin necesidad ni de mirarse, los tres denotaron una complicidad interpretativa, donde los hijos exhibieron buena técnica y una vasta expresividad: Sascha lució un bello sonido -y de impresionante comunicación con el cello- y Lily, calidez, refinamiento y delicada figuración. Y por supuesto, Mischa volvió poderoso, ante una orquesta que nuevamente se vio decorativa. La impresión musical que provoca el Trío valió sendos aplausos que fueron coronados con el Adagio del Trío Op. 11, de Beethoven, que envolvió a la sala de una delicada belleza.

*Créditos de la imagen de la nota: Sitio web de Corpartes.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.