Culto
Balas y millones: la precoz estrella chilena del gangsta rap

Balas y millones: la precoz estrella chilena del gangsta rap

Suma 13.6 millones de visitas en YouTube con Mambo para los presos, canción inspirada en un hermano encarcelado. Con 14 años, Yiordano Ignacio es uno de los fenómenos más singulares de la música chilena.

“Hay una realidad que debemos soportar pero que no la creamos nosotros”, reza al inicio del video “Mambo para los presos” de Yiordano Ignacio, single que hasta ayer registraba 13.704.175 de visitas en YouTube, conteo disparado para un tema grabado en unos estudios de la comuna de El Bosque. La calidad del video y las odiosas comparaciones proclaman a este chico de 14 años como fenómeno de la música urbana chilena.

El hit de Princesa Alba, “Mi only one”, suma sólo 2.3 millones de reproducciones y “Exhibicionista”, de Drefquila, marca 3.8 en la misma plataforma, mientras otra estrella del género como Gianluca anota modestos 28 mil suscritos en YouTube, frente a los 149 mil de Yiordano Ignacio.

Las cifras abultadas y las secuencias abanicándose con billetes falsos de este chico de la villa Los Mares de Pudahuel Sur, contrastan con la zona profundamente urbana y empobrecida donde vive. Deambulan perros en pasajes estrechos de pavimento irregular y casas construidas en la medida de lo posible. Como una especie de oasis asoma una pequeña plaza, la contraparte de una cancha abandonada surcada por neumáticos ronceando. Ahí se filmó el llamativo video que encumbra a Yiordano cantando pistola en mano rodeado de pobladores y escenas de acción con vehículos raudos, maletines repletos de dinero, ráfagas y patrullas policiales.

La letra escrita por el preadolescente e interpretada con impecable ritmo de cepa caribeña, incursiona en los territorios del crimen como crónica barrial. “Viajando y robando pero qué mejor (…) mi ficha es mundial, pregunta en Europa, uno siempre anda solo nunca anda con tropa, y los de cartón se creen vi’o por ropa”.

Yiordano posa para el fotógrafo en la placita. En julio cumple 15 pero sus rasgos aún retienen la fisonomía de un niño. Para la cancha reseca reserva el gesto desafiante como dicta la norma callejera. Con ropa deportiva semeja una versión mini me de Neymar, refugiado en el código bling bling de anteojos oscuros, gruesas cadenas al cuello, anillos y reloj dorados.

Sentado en su casa en los altos de la botillería familiar, acompañado de sus padres Elizabeth y Manuel, el sobrino Matías que oficia de representante y su hermana Carolina, inmutable por daño cerebral, Yiordano cuenta que siempre le ha gustado la música, los instrumentos, la guitarra. “Pero hace un año me metí a cantar. Escribí y mi sobrino empezó a grabar el freestyle. Encontraba pistas en Youtube y así se fue dando”.

¿Escribir sobre qué?

Reggaetón. Mujeres. A veces la calle.

La inspiración de “Mambo para los presos” viene del hermano mayor, Manuel. “Está privado de libertad y somos muy cercanos”. En un comienzo la canción era un trap lento “pero a él no le gustan las cosas que den pena. Entonces dije ‘hagamos un mambo’”.

La mamá interrumpe con una videollamada. En la pantalla aparece un joven sonriente de corte a la moda. Es Manuel. Tiene 21 y lleva tres encarcelado, la mitad de la condena. Saluda y se dirige cariñoso a Yiordano. “Te amo”, repite sin dejar de sonreír.

La llamada se corta y Elizabeth cuenta del mayor consejo de Manuel a su hermano. “No quiero verte nunca aquí porque este es el infierno”.

De la calle al verso

Días más tarde Elizabeth y Matías están molestos con una nota radial sobre narcocultura que apunta al chico. Consideran injusto el link y el trolleo en RRSS. La excepción es YouTube, donde los comentarios del video están desactivados. “Mi hijo no anda con armas y las del video son de fogueo”, dice frustrada. Pero ella sabe de ese ambiente. La villa a la que llegó hace 28 años “ahora está más tranquila” comparado a los días en que bandas rivales resolvían diferencias con peleas y tiros. “Vivíamos todos encerrados”. A ella le rozó una bala en la espalda en la puerta del negocio, y Manuel hijo vio cómo mataban a un amigo en la calle. Ese episodio y el bullying en el colegio por llevar la mejor pinta producto de su esfuerzo trabajando, subraya, lo sumieron en depresión y de ahí a la pasta base. Cuando caía detenido ella iba hasta el calabozo y lo golpeaba, así fue educada. Su propio padre con más de 70 años aún la amenaza si le causa un disgusto.

Elizabeth guarda el motivo de la condena dando a entender que fue por robo.

Pero Yiordano dijo que la letra se basa en él. Y allí habla del clásico lanza en Europa.

No. Son cosas que ha escuchado de la calle. Tiene memoria para acordarse de esos detalles y escribirlos.

Yiordano explica que la canción testimonia la vida en los barrios. “Niños de mi edad andan robando y yo quiero que eso se entienda. Muchos se ciegan y humillan a los que están más abajo”.

El adictivo coro de Mambo para los presos repite varias veces “contando los fardos, fumando un bastardo”. Google no sirve. Ni idea lo que es un bastardo. “Es lo que decía mi hijo cuando se fumaba un pito”, revela Elizabeth riendo.

¿Sólo marihuana?

“Es un pito, así se le dice por acá”, aclara Yiordano. “Un pito más grande”, interviene Matías. “Un canutón”, sintetiza el papá.

Yiordano va en séptimo básico y en el colegio es una celebridad. Sigue escribiendo, buscando pistas o pidiendo material a Perfect music, el estudio de grabación de El Bosque donde musicalizan sus versos. Le gustaría ser como Daddy Yankee porque “se enfocó en la música. Para mi, estás en la calle o estás cantando. Yo prefiero cantar”.

Con la fama y las fans ¿tienes novia?

Estoy soltero para las babys.

Nos despedimos. En la puerta el papá bromea al explicar por qué siendo mayor Matías es sobrino de Yiordano. “Este fue el condón fallado”, suelta y reímos todos. En paralelo un Audi último modelo cruza la esquina perdiéndose entre los pasajes.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras