Culto
La fuga de las voces de alto rendimiento

La fuga de las voces de alto rendimiento

Así como las ligas de fútbol europeas son un imán para los deportistas locales, los teatros de ópera del mundo son refugio de muchos cantantes líricos chilenos. Ayudados por fundaciones o a propio pulso, tenores, sopranos o barítonos juegan en varias divisiones de la ópera mundial.

Tal vez si las funciones del Royal Opera House de Londres o La Scala de Milán llegaran a nuestros televisores con la misma regularidad que los partidos de la Premier League inglesa o de la Serie A italiana, otro gallo cantaría para los intérpretes líricos nacionales que viven fuera del país. Al menos serían conocidos entre los aficionados a la ópera, que acostumbrados a un staff más o menos fijo de cantantes en el Teatro Municipal, conocen poco y nada de lo que el barítono Javier Arrey hace en el Metropolitan de Nueva York o de lo que, en otras ligas, León de la Guardia consigue en el Teatro Arriaga de Bilbao.

Pero la ópera es un arte caro, su público no es masivo y su idioma no es universal. Por el contrario, de costumbre es el italiano. Fuera de aquellas diferencias, la ópera y el fútbol en el extranjero tiene un amplio común denominador: requiere una dedicación a tiempo completo, los éxitos a veces se mastican a la sombra de la soledad y los fracasos se aguantan bajo el látigo de otra cultura, y casi siempre otra lengua. Es duro, pero es el único camino para lograr la excelencia universal en el competitivo mundo de la lírica.

Chile ha tenido al menos cuatro grandes nombres en la ópera (Ramón Vinay, Claudia Parada, Victoria Vergara, Verónica Villarroel y Cristina Gallardo-Domâs) y aunque hoy no hay nadie que brille a ese nivel, lo que sí existe es una saludable selección chilena de cantantes que se mueve en divisiones diferentes de la ópera mundial. En ese sentido, la Fundación Ibáñez Atkinson y la Corporación de Amigos del Teatro Municipal juegan un rol determinante a través de sus becas.

“Desde que se creó la Fundación se han becado cerca de 150 personas, de las que el 80 por ciento han ido al extranjero”, comenta Andrés Rodríguez Spoerer, gerente del área de música de la Fundación Ibáñez Atkinson. “De todos ellos, aproximadamente la mitad son cantantes. El resto se reparte entre pianistas, violinistas y otros instrumentistas. Solo en los últimos años alrededor de 15 cantantes salieron del país al menos desde nuestra fundación”, agrega el ejecutivo, quien dice que la Corporación de Amigos del Teatro Municipal también cumple una importante función formativa, sobre todo dentro de Chile.

“En el fondo la comparación de los cantantes líricos con los deportistas de alto rendimiento es muy elocuente. Ambos se mueven a un nivel de exigencia altísimo en el mundo y deben estar constantemente cuidándose, entrenando, perfeccionándose”, grafica Rodríguez Spoerer.

El mapa mundial

De Italia a Alemania y de Rusia a Estados Unidos, Europa y Norteamérica cuenta con cientos de teatros de ópera. El género nació en Italia hace más de 400 años y en ese país el público exige con la vara alta de los que saben. En Alemania hay más teatros que en cualquier país del mundo, con incluso más de 28 funciones per cápita que en Estados Unidos.

Pero en este último país, por otro lado, están algunas de las más prestigiosas academias, entre ellas la Juilliard de Nueva York. En Gran Bretaña, el profesionalismo del Royal Opera House es modelo de gestión y gran nivel a vista de todo el mundo.

En todos aquellos países hay intérpretes chilenos. De ellos, al menos cuatro fueron becados por la Fundación Ibáñez Atkinson en distintas fases de su carrera. Con seguridad el más conocido es el barítono Javier Arrey (36), valdiviano formado en la Ópera Nacional de Washington, cantante habitual del Metropolitan de Nueva York y antiguo ahijado musical del fallecido director estadounidense Lorin Maazel. Hombre de fe evangélica, Arrey acostumbra a analizar su carrera en esos mismos términos.

“Mi realidad personal nunca fue de grandes recursos económicos ni contactos, pero sí de un Dios maravilloso que había puesto un sueño en mí y quien cada día me respalda para seguir avanzando”, cuenta el barítono que a fines del año pasado estuvo en La bohème del Met, escenificada por Franco Zeffirelli.

Si Arrey hace rato respira con cierta prestancia en el Met de Nueva York, la joven Yaritza Véliz (27) está dando sus primeros pasos en el Royal Opera House Covent Garden de Londres. Entrará por la puerta grande en junio al ser dirigida por el inglés John Eliot Gardiner, uno de los grandes conductores vivos. Véliz, que estará en Las bodas de Fígaro de Mozart, dice: “Gardiner tiene fama de exigente. La primera vez que me escuchó dijo que mi voz era muy bella y sofisticada, pero que no tenía nada que ver con Mozart. En mi segunda audición sí me aprobó”.

Yaritza Véliz forma parte del programa Jette Parker para Jóvenes Artistas del Royal Opera House desde septiembre del 2018. “Hubo en total 400 audiciones y quedé en uno de los cinco cupos disponibles. En un principio fue demasiado duro, sobre todo porque no sabía nada de inglés. Recién ahora he logrado comprender mejor el idioma”, dice la cantante de Coquimbo.

Dos mil kilómetros al sureste, el barítono Ramiro Maturana (28) es parte de la Escuela de La Scala de Milán. Al igual que Véliz está becado por la Fundación Ibáñez Atkinson “Llevo un año y medio acá. Nunca me había visto expuesto a un nivel de trabajo así. Estar en la Academia de La Scala de Milán significa sobre todo mucha práctica”, afirma Ramiro Maturana. “Hay que estar disponible para todo, pues se hace ópera sin parar. Pero por otro lado también me ha tocado tener de profesores o estar en el mismo escenario con cantantes que son leyenda como Leo Nucci o Renato Bruson. Un sueño para cualquiera”, agrega el intérprete talquino, quien hoy justamente continúa en las representaciones de Ariadna en Naxos, de Richard Strauss en el coliseo milanés.

Más al norte de Europa, ya en el ambiente lírico germano-austríaco, se mueven los tenores Guillermo Valdés (35) y Leonardo Navarro (32). Mientras Valdés se desplaza por diversas ciudades alemanas, Leonardo Navarro fue reclutado por la prestigiosa Ópera de Viena. Los alemanes no se quedan cortos en disciplina, sean del teatro que sean, desde la Ópera Estatal de Berlín o la Ópera del Estado de Dresde, hasta el teatro provincial más pequeño.

“Aquí la exigencia es voraz, si no estás preparado toman a otro y perdiste tu momento”, reconoce Valdés. ”Pero también es cierto que en comparación a Chile en Alemania tienes opciones para todos los niveles y eso permite que te desarrolles de acuerdo a tu estado vocal”, agrega Valdés, que lleva 6 años en Alemania y el año pasado cantó en la sala Elbphilharmonie de Hamburgo, la más moderna de Alemania.

Al este de este país, en la histórica Dresde, la soprano temuquense Carolina Ullrich ya lleva cerca de 10 años como parte del elenco estable de la Ópera Estatal de Dresde. La también llamada Semperoper es uno de los teatros con más tradición de Alemania, y el lugar donde Richard Wagner y Richard Strauss estrenaron varias de sus creaciones líricas más relevantes. En este contexto, a Ullrich le ha tocado estar en primera división, compartiendo escena con intérpretes como la soprano rusa Anna Netrebko o bajo la batuta de maestros como Simon Rattle o Christian Thielemann.

También a gran altura planea el barítono Christian Senn (45), quien está radicado en Italia hace 17 años y suele alternar presentaciones en La Scala de Milán, el Théâtre des Champs-Elysées de París o el Teatro Massimo de Palermo. Senn se ha especializado en Mozart, en repertorio belcantista y en compositores barrocos (Handel, Vivaldi, etc.). También ha interactuado en escena con Plácido Domingo o Juan Diego Flórez y lo han dirigido prestigiosos directores de la nueva horneada como Ottavio Dantone o Giovanni Antonini, pero también maestros cuasi legendarios como Riccardo Muti, el titular de la Scala de Milán durante 19 años.

A mi manera

A 73 kilómetros al norte de Venecia, en la comunidad de Asolo, vive León de la Guardia. Su nombre verdadero es José Francisco Martínez y antes de ser cantante de ópera era seleccionado nacional de handball con su hermano gemelo. Mal estudiante y buen guitarrero, en la adolescencia empezó a interesarse en la lírica. Ahí dio el salto al vacío: a los 16 años se fue a Europa a buscar suerte en la ópera. Han pasado dos décadas, ha hecho de todo en su vida (desde personal trainer del alcalde de Huesca en España hasta profesor de salsa o instructor de spinning) y ahora maneja su agenda desde este pueblito de nueve mil habitantes.

“Asolo es el mejor lugar para vivir. Apenas un par de calles y una plaza. Vivo con mi esposa chilena y mis hijos”, comenta desde Bilbao, donde ensaya en el Teatro Arriaga para el rol de Eneas de la ópera Dido y Eneas de Henry Purcell, que comienza la próxima semana. A diferencia de los anteriores intérpretes líricos, De la Guardia ha recorrido el camino de la autogestión y de la búsqueda individual. No pasó por academias especiales, pero sí indagó con curiosidad y tocó puertas hasta el cansancio. Así llegó a tener clases con el maestro del tenor alemán Jonas Kaufmann, actual estrella de la lírica mundial.

“Enrico Caruso es mi mayor referente histórico, pero Kaufmann es el que que más me gusta en este momento”, comenta el tenor de Villa Alemana, que incluso comparte rasgos físicos con el bávaro.

De la V Región es también el tenor Giancarlo Monsalve (36), quien acaba de protagonizar La fuerza del destino de Verdi en el Teatro Municipal. Salió del país en el 2004 y todo lo que ha logrado ha sido fuera de Chile. Nacido en Valparaíso, ahora vive en otro puerto, mucho más sofisticado y antiguo: desde Hamburgo, en Alemania, construye su carrera internacional.

“En esta carrera hay que tener mucha perseverancia, fe en ti mismo, los pies en la tierra y humildad”, comenta, recién llegado ayer a Europa desde Chile. “Y además hay que tener claro que el camino de la ópera, es en un solo sentido, sin mirar para atrás. Debes enfocarte en tu meta si es que quieres lograr algo”, recalca Monsalve, que recuerda con especial aprecio la participación televisada que tuvo en la Arena de Verona en el 2011 junto a la soprano albanesa Ermonela Jaho.

“La RAI nos informó que cuando cantamos el dúo de La traviata llegamos a tener 7 millones de televidentes en el mundo. Es el tipo de cosas que no se olvidan”, detalla.

En esta calle en una sola dirección que es la ópera, Monsalve probablemente practica lo que predica y no mira para atrás. Por eso tiene clara su nueva meta; “El Metropolitan de Nueva York”.

Es la misma gran casa de ópera en la que Javier Arrey se ha presentado en varias ocasiones, pero se sabe que su camino fue otro. Después de todo, es una maratón vocal con atletas de alto rendimiento. Cada cual entrena de la mejor manera que puede y toma el atajo o la vía que más le conviene. Hay que tener perseverancia, esfuerzo y, como enfatiza Monsalve, “suerte”.


Javier Arrey
Barítono
36 años, nacido en Valdivia.
Canta regularmente en el Metropolitan de Nueva York y la Washington National Opera.

Yaritza Véliz
Soprano
27 años, nacida en Coquimbo
Forma parte del programa Jette Parker Young Artist del Royal Opera House de Londres desde el 2018.

Christian Senn
Barítono
45 años, nacido en Concepción
Se presenta en teatros como La Scala de Milán o el Théâtre des Champs-Elysées de París.

Ramiro Maturana
Barítono
28 años, nacido en Talca.
Miembro de la Academia de La Scala de Milán desde el 2017.

Leonardo Navarro
Tenor
33 años, nacido en Concepción
Es parte del elenco de la Ópera de Viena desde el 2017.

Carolina Ullrich
Soprano
37 años, nacida en Temuco
Integra la Ópera del Estado de Dresde desde el 2010.

Sobre el autor:

Rodrigo González |
Sub-editor de Cultura de La Tercera.